Paco Álvarez Comesaña, filólogo: "El español lleva fraguándose unos 5.000 años y no viene del latín clásico, sino del latín vulgar, el latín del pueblo"
Este experto desmonta algunas de las creencias más arraigadas sobre el origen y la evolución de nuestra lengua.

"En contra de la creencia popular, las lenguas romances no proceden del latín clásico, sino del latín vulgar". Así lo ha defendido el filólogo clásico y divulgador Paco Álvarez Comesaña, que acaba de presentar su nuevo libro, El español no nació ayer, en el que desmonta algunas de las creencias más arraigadas sobre el origen y la evolución de nuestra lengua, explicando que su historia es un viaje apasionante que transita desde el latín hasta el WhatsApp actual, según ha contado en La Aventura del Saber, de RTVE.
Y es que Álvarez compara el latín clásico de figuras como Cicerón o Virgilio con la poesía de Góngora, un registro culto que no se correspondía con el habla cotidiana. "El verdadero origen de nuestro idioma está en el latín que hablaba el vulgo, es decir, el latín que hablaba el pueblo", afirma.
Álvarez suele poner el ejemplo de la palabra 'caballo': En el latín clásico se decía equus, de donde provienen cultismos como "equitación". Sin embargo, la gente en su día a día no usaba ese término, sino caballus, que es la palabra que evolucionó hasta dar "caballo", en español; cavallo, en italiano, o cheval, en francés. Esta evolución gradual la describe Álvarez con la metáfora: Una "fábrica de choricillos", donde cada palabra pasa por distintas fases a lo largo de los siglos.
Álvarez explica, además, que la lingüística histórica funciona como una "arqueología de la lingüística", basándose en "indicios lingüísticos" para desentrañar el pasado. Estos indicios incluyen desde los textos de antiguos gramáticos, que ya documentaban cambios en la lengua, hasta el análisis de juegos de palabras, como los del poeta Cátulo, que se burlaba de la pronunciación afectada de algunos de sus contemporáneos.
El filólogo también desmonta en su libro mitos persistentes, como la supuesta distinción en la pronunciación de la "b" y la "v". "Eso es falso, se perdió desde finales de la Edad Media", recuerda, aunque en países de Latinoamérica y entre generaciones más mayores en España aún persista la creencia. Un caso similar es el de la palabra "haiga", que aunque no es normativa, tiene una lógica morfológica histórica similar a 'oiga' o 'traiga', siendo uno de tantos "caprichos lingüísticos" de la evolución del idioma. Es más, según este experto, "la distinción entre la 'll' y la 'y' (yeísmo) tiene los días contados, se calcula que el 95% de los hispanohablantes ya no diferencian su pronunciación", concluye.
