El "GPS" del cuerpo: cómo la rehabilitación entrena el sistema nervioso para recuperar la confianza y la fuerza tras una lesión grave
El problema no está solo en la zona dañada, sino también en la comunicación entre la zona afectada y el cerebro.

Cuando sufrimos una lesión grave como una rotura muscular, una lesión de ligamentos o una cirugía importante, es muy común pensar que el problema se localiza únicamente en la zona lesionada. Pero la realidad es más compleja, puesto que aparece otro gran componente que también se ve afectado: el sistema nervioso.
¿Qué le ocurre realmente a nuestro sistema nervioso tras una lesión de este tipo? El Dr. Julio Caballero López, investigador y especialista en rehabilitación postquirúrgica, nos da todas las claves.
¿Qué es el “GPS” interno?
Se podría decir que nuestro cuerpo funciona como un GPS interno. A este sistema, se le llama propiocepción; encargado principal de informarnos de dónde están nuestras articulaciones, cómo se mueven, qué nivel de tensión soportan, etc. Gracias a este sistema, según el doctor, sabemos perfectamente dónde está nuestra nariz para rascarnos o reaccionar cuando nos vamos a caer.
El problema aparece cuando hay una lesión o una cirugía, ya que este GPS no funciona correctamente.
¿Qué le pasa a este sistema cuando hay una lesión o una cirugía?

Tras una lesión o cirugía, el problema no está solo en la zona dañada, sino también en la comunicación entre esa zona y el cerebro. El sistema nervioso recibe información alterada. Un ejemplo para entender este caso sería si nuestro coche estuviera reparado, pero los sensores del aparcamiento siguieran pitando. El problema ya no es estructural, sino de interpretación. "El cerebro interpreta 'riesgo' aunque el tejido esté en proceso de recuperación", señala el experto.
Este fallo de comunicación se puede manifestar de varias formas: miedo al movimiento (kinesiofobia), sensación de inestabilidad o inseguridad, e incluso una desconexión con la zona afectada, donde el paciente siente que “esa pierna no es suya”.
¿Es posible calibrar este GPS interno?
"Por supuesto", responde Caballero López. A este concepto se le llama neuroplasticidad; capacidad que tiene el cerebro para adaptarse y cambiar según los estímulos que recibe.
"Es decir, nuestro sistema nervioso no es algo rígido, sino está continuamente aprendiendo y creando nuevas conexiones y elimina las que no necesita. Por lo tanto, tras una lesión se puede reeducar este sistema y aquí es donde entra el papel de la rehabilitación con el objetivo de guiar esa adaptación para el cuerpo y que se vuelva a moverse de forma segura y eficiente", añade.
¿Cómo se rehabilita este GPS interno?
Esta rehabilitación (RHB), según el profesional, siempre comienza con una evaluación clínica completa donde no se valora únicamente el tejido lesionado, sino además el control motor, la calidad de movimiento, el rango articular y la función del sistema nervioso en su conjunto. "Además, es clave un enfoque multidisciplinar, donde el psicólogo es determinante para abordar variables como la kinesofobia", explica.
Desde el punto de vista fisioterapéutico, el abordaje incluye varias herramientas, como son la terapia manual, educación en el dolor, neuromodulación, ejercicio terapéutico, control motor. etc.
"En conjunto, el objetivo no es solo recuperar la estructura lesionada, sino reeducar al sistema nervioso para que vuelva a interpretar y ejecutar el movimiento de forma eficiente", dice.
Caballero López explica que muchos pacientes se frustran al ver cómo su cuádriceps pierde volumen en tiempo récord tras pasar por quirófano. Pero, ¿realmente es un problema de debilidad muscular o hay algo más profundo ocurriendo en nuestro sistema nervioso?
"Después de una intervención quirúrgica, especialmente en una articulación como es la de la rodilla, existe una disminución muy rápida de la activación del cuádriceps. Esto no siempre se explica por atrofia muscular, sino por lo que se conoce como inhibición muscular artrogénica, es decir, una reducción de la señal del sistema nervioso hacia el músculo como respuesta a la inflamación, dolor, procedente de la articulación. Este proceso forma parte de lo explicado anteriormente, la adaptación de la neuroplasticidad", dice.
Por esto, según él, en el proceso de rehabilitación no basta solo con esperar que el músculo se recupere por sí solo, sino es necesario reactivar de forma temprana este sistema nervioso y así volver conectar cerebro-músculo y recuperar una activación muscular eficaz.
Para revertir la inhibición muscular artrogénica, la fisioterapia también juega un papel fundamental combinando estrategias con el objetivo de restaurar la correcta señal entre el cuádriceps y el sistema nervioso.
Desde su experiencia clínica, Caballero López nos da algunos tipo de solución. La crioterapia, por ejemplo, puede ser útil no solo por su efecto analgésico, sino también por su capacidad de modular la información sensorial, disminuyendo el dolor.
El entrenamiento con foco externo también tiene un fuerte respaldo en la literatura científica. Al centrar la atención en el objetivo del movimiento favorece una activación más automática y eficiente del sistema nervioso.
Por último, la imaginería motora, que ha demostrado en estudios de neurociencia que puede activar redes cerebrales similares a las del movimiento real. Esto permite “entrenar” el gesto motor incluso sin cargar la pierna afectada.
En conclusión, según nuestro experto, para recuperarse de una lesión no es cuestión de tiempo y de entrenamiento de fuerza, sino más una charla constante con nuestro sistema nervioso.
