Leticia Pérez, experta en limpieza: "Demasiado detergente puede acumularse en las fibras y endurecer las toallas"
Recomienda utilizar vinagre blanco y añadir un buen puñado de sal gorda.

Tras un día largo y agotador, no hay nada más reconfortante que, salir de una ducha relajante y envolverse en una toalla grande y suave que cuide la piel. Sin embargo, un mal lavado puede convertir ese momento de relax en todo lo contrario: tejidos ásperos, pérdida de absorción e incluso malos olores.
Más allá de la comodidad, las toallas también influyen directamente en la salud cutánea. Además de utilizar protección solar estricta (SPF), hacer una dieta rica en antioxidantes, descansar bien y una adecuada gestión del estrés, es importante mantener una limpieza adecuada de la piel.
Su cuidado se basa en una limpieza diaria. Para la zona del rostro, lo recomendable es lavarlo dos veces al día (mañana y noche) con limpiadores suaves según el tipo de piel para así eliminar la contaminación y los restos de maquillaje y aclarar con agua tibia. Durante este proceso, el secado es clave ya que utilizar una toalla limpia y suave ayuda a evitar irritaciones.
La importancia de elegir bien
Para el rostro, los expertos recomiendan especialmente las toallas de microfibra. Su estructura de fibras ultrafinas permite absorber la humedad rápidamente, limpiar los poros con mayor eficacia y exfoliar suavemente sin irritar.
Además, reducen la fricción sobre la piel y se secan con rapidez, lo que disminuye la proliferación de bacterias y la acumulación de olores. Pero elegir una buena toalla es solo el primer paso. El mantenimiento adecuado es determinante para conservar sus propiedades.
Lávalas antes del primer uso
Una de las recomendaciones clave es lavar las toallas antes de utilizarlas por primera vez. Además de por higiene —han pasado por múltiples manos y procesos antes de llegar a casa—, este primer lavado ayuda a fijar los colores y suavizar las fibras.
La experta en limpieza Leticia Pérez, conocida en redes sociales como @ordenotucasa, aconseja hacerlo de forma especial: utilizar vinagre blanco en lugar de suavizante y añadir un buen puñado de sal gruesa directamente en el tambor de la lavadora. Este sencillo truco ayuda a potenciar la absorción y mantener la textura esponjosa desde el inicio.
Menos detergente es más
Uno de los errores más comunes es pensar que cuanto más detergente se use, más limpias quedarán las toallas. Nada más lejos de la realidad. El exceso de producto puede acumularse en las fibras, endurecerlas y reducir su capacidad de absorción.
La recomendación de la experta es que menos detergente es más conveniente. Usar únicamente la cantidad necesaria según la carga y el nivel de suciedad. De lo contrario, el remedio puede resultar peor que la mancha.
Además, aunque pueda parecer contradictorio, el suavizante tradicional no es el mejor aliado de las toallas. Estos productos dejan residuos que apelmazan las fibras y disminuyen su capacidad de absorber agua. En su lugar, la experta aconseja añadir vinagre blanco durante el ciclo de enjuague. No deja olor y ayuda a eliminar restos de detergente, manteniendo las toallas suaves y esponjosas durante más tiempo.
Un toque final que marca la diferencia
El proceso no termina al sacar las toallas de la lavadora. Secarlas correctamente es fundamental. Si se utiliza secadora, lo ideal es seleccionar una temperatura baja y añadir pelotas de secado, que ayudan a airear las fibras y potenciar la suavidad. Un mal secado puede provocar humedad residual, malos olores e incluso proliferación de bacterias.
Lavar correctamente las toallas, aparte de mejora su tacto y durabilidad, también contribuye a una mejor higiene personal y al cuidado de la piel. Con pequeños cambios —menos detergente, nada de suavizante químico, vinagre blanco y un buen secado— es posible disfrutar de toallas suaves, absorbentes y como recién estrenadas durante mucho más tiempo.
