Ángela Fernández, psicóloga: "Cuidar no es solucionar, a veces es solo tomar un café mirando las palomas"
Defiende que en ocasiones lo más valioso es la presencia y la escucha.
Vivimos bajo una presión constante de ser productivos, eficientes y felices a toda hora, y muchas veces esa autoexigencia nos deja exhaustos sin darnos cuenta. No es solo cansancio físico, sino la sensación de que el mundo no puede esperar, que tenemos que “arreglarlo todo” y que cualquier pausa es un lujo. En medio de esa saturación emocional, encontrar un espacio para simplemente estar y respirar se vuelve un acto casi revolucionario.
En este contexto, la psicóloga Ángela Fernández centra su mensaje en cómo identificar y acompañar la fatiga emocional sin aumentar la presión sobre nosotros mismos ni sobre los demás. Para ello, describe los signos de saturación: irritabilidad, pérdida de interés en actividades antes placenteras y dificultad para escuchar consejos, y recuerda que cuidar no siempre significa tener que “arreglar” todo.
A veces, lo más valioso es la presencia y la escucha, o un gesto sencillo como sentarse en un parque en compañía, dejando espacio para sentir y descansar. "Cuidar no es solucionar, a veces es solo tomar un café mirando las palomas", asegura la experta en el programa de radio ‘La Cafetera', recordando que la verdadera ayuda surge de la paciencia, la empatía y el respeto por el ritmo emocional de cada persona, sin presión ni soluciones rápidas.
“Escuchar atentamente”
La experiencia que describe Ángela también la reconoce la Organización Mundial de la Salud (OMS) que habla del burnout como un fenómeno derivado del estrés crónico mal gestionado. De la misma forma, el Servicio Nacional de Salud británico (NHS) alerta de que la sobrecarga prolongada puede derivar en agotamiento físico, mental y emocional, acompañado de irritabilidad, sensación de estar desbordado y cambios en la conducta.
En otras palabras, lo que muchos viven como “cansancio extremo” o “no tener ganas de nada” tiene un fundamento real y reconocido internacionalmente, y subraya la necesidad de detenerse, escucharse y practicar un cuidado emocional genuino. Ángela recuerda que “no todo el mundo sabe lidiar con emociones incómodas” y que, muchas veces, el impulso de querer imponer soluciones solo responde a nuestras propias heridas o inseguridades.
Por eso insiste en que cuidar no siempre es arreglar, sino que a veces significa validar, estar presente y acompañar, dejando que la persona se exprese a su ritmo. “Escuchar atentamente a lo que nos están diciendo, salir de nosotros, de lo que necesitaríamos nosotros o de lo que haríamos nosotros y volcarnos en la persona que tenemos delante”, resume la experta, subrayando que la verdadera ayuda surge del respeto, la paciencia y la compasión, sin imponer soluciones ni juicios.