Científicos franceses lo confirman: basta con reducir los cosméticos durante cinco días para bajar un 39% el bisfenol A y un 30% los parabenos en orina
Un cambio en la rutina diaria tiene un impacto directo en la carga química del organismo.

Hoy en día, los cosméticos forman de la rutina diaria de forma casi automática: desde el gel de ducha de la mañana hasta la crema, el desodorante o el maquillaje con el que salimos a la calle. Son productos tan normalizados que rara vez nos detenemos a pensar en su composición o en lo que implican para el cuerpo a largo plazo. Sin embargo, lo que aplicamos sobre nuestra piel podría tener un impacto mucho más directo de lo que imaginamos.
Ahora, un estudio liderado por el Inserm, junto a la Universidad Grenoble-Alpes y el CNRS, aporta nuevos datos que refuerzan esa idea. La investigación observó que basta con reducir durante solo cinco días el uso de cosméticos y productos de higiene habituales para que los niveles de ciertos compuestos químicos en el organismo caigan de forma significativa. Los resultados sugieren que la exposición del organismo a estos compuestos puede modificarse rápidamente con cambios en los hábitos de uso.
El estudio, publicado en la revista Environment International, desvela que la concentración urinaria de bisfenol A (BPA) cayó un 39% y la de metilparabeno un 30% entre cerca de un centenar de estudiantes de Grenoble, de 18 a 30 años. Los investigadores también observaron descensos en otros marcadores de exposición, lo que refuerza la idea de que pequeñas modificaciones en la rutina diaria pueden tener un impacto inmediato en la carga química del organismo.

Una vía de exposición diaria
El experimento fue sencillo a la par que revelador: durante cinco días, los participantes redujeron el número de cosméticos que utilizaban y sustituyeron jabones, dentífricos o desodorantes habituales por alternativas formuladas sin fenoles sintéticos, parabenos, ftalatos ni éteres de glicol. Al comparar las muestras de orina antes y después, los científicos también detectaron una caída del 22% en el marcador de exposición al ftalato de monoetilo, un compuesto vinculado al uso de fragancias, y una menor presencia de propilparabeno.
El hallazgo importa porque no habla solo de una sustancia concreta, sino de una vía de exposición diaria. Los propios autores recuerdan que muchos compuestos presentes en cosméticos y productos de higiene están bajo sospecha por sus posibles efectos de alteración endocrina, es decir, por su capacidad para interferir con el sistema hormonal y relacionarse con problemas de fertilidad o desarrollo en determinadas circunstancias.
En el caso del bisfenol A, la advertencia es todavía más seria, ya que la Unión Europea lo clasifica como una sustancia “de muy alta preocupación” y como disruptor endocrino probado. Además, Inserm subraya que su presencia en productos de cuidado personal no procede de un uso autorizado como ingrediente, sino que podría deberse a contaminaciones durante la fabricación o al material del envase.
El estudio va un paso más allá y estima un posible impacto sanitario si este tipo de cambios se extendiera a gran escala. Sus autores calculan que reducir la exposición al BPA en mujeres jóvenes podría implicar menos casos de asma infantil relacionados con la exposición prenatal y en ahorros de varios millones de euros anuales para el sistema sanitario. Aun así, los investigadores insisten en que hacen falta reglas más estrictas sobre la composición de los productos, así como sobre el envasado.
