La ciencia da respuesta a la razón por la que hay personas que no pueden superar una pérdida
Expertos de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia) han reconocido que se trata de una condición conocida como trastorno de duelo prolongado (TDP).
La pérdida de un familiar supone un duro golpe para millones de personas en todo el mundo. La persistencia del duelo en algunas personas ha hecho que investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia).
Los expertos han puesto la lupa en lo que sigue afectando con el paso del tiempo esa pérdida en muchas personas. En esta revisión publicada en la revista Trends in Neurosciences de Cell Press, los investigadores examinan los conocimientos sobre la neurobiología desde una condición conocida como trastorno de duelo prolongado (TDP).
El autor principal, Richard Bryant, investigador de traumas con amplia experiencia en la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia), ha explicado que "el trastorno de duelo prolongado es la nueva tendencia en cuanto a diagnósticos psiquiátricos".
Atrapados "en el duelo"
La experiencia central del TDP se asemeja al duelo típico, con intenso anhelo, añoranza y dolor emocional. Sin embargo, en aproximadamente una de cada 20 personas en duelo, el dolor persiste y dura más de seis meses después de la pérdida. Pueden sentir que la vida ha perdido su sentido, que parte de su identidad ha desaparecido o que no pueden aceptar la muerte, aunque saben que ha ocurrido. "No es que sea un tipo diferente de duelo", dice Bryant. "Es simplemente que la persona está atrapada en el duelo".
Para entender por qué algunas personas permanecen estancadas, Bryant y sus colaboradores recurrieron a la neurobiología del duelo prolongado, un campo que aún está en sus inicios y que a menudo se basa en investigaciones con muestras de tamaño pequeño y diseños experimentales variables, lo que complica las comparaciones entre estudios.
Gran parte de la investigación en este campo proviene de estudios de neuroimagen, que piden a los participantes en duelo que recuerden o visualicen recordatorios del fallecido durante escáneres cerebrales. En estos estudios, el TDP se ha vinculado repetidamente con cambios en los circuitos cerebrales relacionados con la recompensa. Estas regiones incluyen el núcleo accumbens y la corteza orbitofrontal, implicados en el deseo y la motivación, así como la amígdala y la ínsula, que desempeñan un papel en el procesamiento de las emociones. "De alguna manera encajó con esta noción de que el duelo se caracteriza por un anhelo o añoranza por el fallecido", comenta Bryant.
Cambios cerebrales específicos
Algunos de los patrones neuronales observados no son exclusivos del duelo prolongado. Se observan cambios similares en la depresión y el trastorno de estrés postraumático. Dado que estas afecciones comparten rasgos como la rumiación y el distrés emocional, "sería muy extraño que no se observara esa superposición", apunta Bryant. Sin embargo, esto supone un reto para los investigadores, quienes deben determinar qué cambios cerebrales son específicos del TDP y si las diferencias cerebrales observadas causan un duelo prolongado o son consecuencia de él.
De cara al futuro, Bryant enfatiza la necesidad de trabajar con grupos más grandes de personas en duelo a lo largo del tiempo para revelar cómo cambia la actividad cerebral relacionada con el duelo a medida que algunas personas se recuperan mientras que otras no. "Espero crear conciencia", incide Bryant. "Para abordar realmente el duelo prolongado, necesitamos reconocerlo como un trastorno. Si bien contamos con tratamientos que pueden abordarlo, no podemos hacerlo si no podemos identificar a estas personas".