Ana Sierra, sexóloga, sobre el cuerpo masculino hipermusculado: "Funciona más como armadura, credencial o símbolo de pertenencia que como herramienta de seducción"
Hombres que no buscan atraer, sino competir, pertenecer o ser validados.
Tradicionalmente, el cuerpo masculino parecía estar relativamente más alejado de la presión estética: fuerte, atlético y musculado, pero dentro de unos límites más o menos alcanzables. Pero en la actualidad las redes sociales, la cultura fitness y ciertos referentes digitales han llevado ese modelo a un extremo cada vez más exagerado.
Abdominales imposibles, jornadas maratonianas de gimnasio y físicos hipertrofiados se han convertido en una especie de reto a conseguir para muchos. Sin embargo, algunas voces cuestionan si ese ideal responde realmente al deseo ajeno o en realidad es una respuesta a otro tipo de presión mucho más interna y masculina.
Porque el fenómeno, según la sexóloga Ana Sierra, parece ir más allá de la atracción. El cuerpo hipermusculado empieza a funcionar también como una forma de validación, estatus e identidad. Y ahí es donde los expertos sitúan el verdadero debate.
Un cuerpo pensado para otros hombres
En un reportaje publicado por El País, la sexóloga Ana Sierra reflexiona sobre el auge del cuerpo masculino hipermusculado y sobre lo que realmente representa socialmente, sobre todo para la mirada masculina.
“Funciona más como armadura, credencial o símbolo de pertenencia que como herramienta de seducción”, afirma la experta, quien explica que lejos de lo que pueda parecer en primera instancia, la realidad es que en la mayoría de ocasiones estos cuerpos no siempre están construidos para atraer, sino más bien para proyectar poder, disciplina y admiración dentro de determinados entornos masculinos.
El artículo plantea una cuestión incómoda: ¿A quién le gustan realmente estos físicos extremos? Porque, según distintos expertos citados, muchas mujeres y hombres gays no sitúan necesariamente esos cuerpos hiperdefinidos como el ideal más atractivo.
Sin embargo, este tipo de cuerpos siguen funcionando como símbolo de éxito y validación entre los hombres dentro de ciertos códigos sociales y digitales, utilizando el físico como una forma de transmitir control, fuerza o pertenencia a un grupo concreto.
La presión estética también golpea a los hombres
Durante mucho tiempo, el debate sobre la presión estética estuvo centrado casi exclusivamente en las mujeres. Pero cada vez más estudios y especialistas alertan del aumento de la ansiedad corporal masculina.
Redes sociales como Instagram o TikTok han multiplicado la exposición constante a cuerpos prácticamente imposibles de mantener sin entrenamientos extremos, dietas muy restrictivas o incluso sustancias químicas.
Y ni siquiera todos esos rituales aseguran los mismos cuerpos, ya que también hay un factor genético muy importante. Pero todo esto tiene consecuencias psicológicas claras: inseguridad, obsesión con el gimnasio y una percepción distorsionada del propio cuerpo.
Ana Sierra apunta precisamente a esa lógica de protección y validación, cuando, según afirma, el músculo deja de ser solo estética y se convierte en una especie de “armadura” emocional y social.
Más competencia que seducción
Uno de los aspectos más interesantes del análisis de la sexóloga es que cuestiona la idea clásica de que estos cuerpos existen y se trabajan principalmente para atraer o seducir a otros.
La realidad es que la hipermusculación aparece más relacionada con dinámicas internas masculinas que con la seducción real, por lo que el reconocimiento, la admiración o incluso la competencia entre hombres pesan más que el atractivo romántico o sexual.
“El cuerpo funciona como credencial”, reitera Sierra, haciendo referencia a su uso como una manera de demostrar disciplina, esfuerzo y capacidad de sacrificio entre los mismos hombres.
Según la experta, eso ayuda a entender por qué algunos físicos extremos siguen siendo aspiracionales incluso cuando muchas personas no los consideran especialmente atractivos.
El auge de la masculinidad viral
Además, las redes sociales han intensificado todavía más este fenómeno. El cuerpo masculino se expone hoy de una forma mucho más constante y competitiva que hace una década.
Cada fotografía en el gimnasio, cada nuevo suplemento de moda, cada rutina fitness y cada transformación física alimentan una cultura visual donde el valor personal parece medirse también en términos corporales.
Y esa lógica genera una presión permanente. Porque, como ha pasado siempre con el cuerpo de las mujeres, el ideal nunca termina de alcanzarse del todo. En este caso, siempre hay más músculo, más definición o un nuevo estándar imposible circulando online.
El músculo como refugio
El análisis de Ana Sierra conecta además con una cuestión más profunda: la relación entre masculinidad e inseguridad.
En una época donde muchos modelos tradicionales masculinos están cambiando, el cuerpo aparece para algunos hombres como uno de los pocos espacios donde todavía sienten control y validación clara.
Por eso, según analiza la experta, el músculo puede funcionar “como refugio emocional” y como forma de protección frente a ciertas inseguridades. Lo que deja claro que estos cuerpos no hablan solo de estética, sino también y lamentablemente, de presión social y de necesidad de reconocimiento.