Una adolescente de 17 años ha encuestado a 1.084 chicas de su edad sobre lo que sienten en redes sociales, y se ha borrado TikTok e Instagram tras leer las respuestas
“Creo que los adolescentes tienen capacidad de decisión”, asegura.

En la vida de muchos adolescentes, las redes sociales ya no son solo un simple entretenimiento, sino que se han convertido en un espacio donde se construye la autoestima, se miden las comparaciones y, a menudo, se silencian los problemas reales. Entre filtros, “likes” y expectativas imposibles, cada vez más jóvenes empiezan a preguntarse hasta qué punto estar siempre conectados les está pasando factura.
En este contexto, Hallie Zilberman, una joven estudiante de Aspen High School (Colorado) de 17 años, decidió preguntar a 1.084 adolescentes de todo Estados Unidos cómo se sentían con las redes sociales. Quería comprobar si esa sensación de presión y malestar que percibía a su alrededor era algo aislado o, por el contrario, reflejaba una realidad compartida por toda su generación. Las respuestas, lejos de tranquilizarla, confirmaron sus peores sospechas.
El sondeo, difundido en por el New York Post, apunta a un malestar extendido entre las chicas de su edad: alrededor de 6 de 10 diez dijeron sentirse abrumadas a diario, experimentar ansiedad cotidiana y vivir bajo la exigencia de ser “perfectas”. Además, el 48,6% reconoció haber pensado en autolesionarse en los últimos seis meses, una cifra que llevó a la joven a lanzar una advertencia directa a padres y educadores.

Dar el paso a la desconexión
Los resultados del cuestionario no solo evidenciaron el malestar generalizado, sino que también pusieron cifras a una realidad que hasta ahora muchos intuían pero pocos cuantificaban. “Eso me preocupó mucho, porque básicamente representa el 50 % de las chicas de mis clases, el 50% de las chicas en la cafetería a la hora del almuerzo”, confiesa la propia Hallie, visiblemente impactada por la magnitud de las respuestas.
El estudio pone en evidencia una contradicción constante entre los jóvenes: muchos reconocen el daño, pero pocos dan el paso a desconectarse. “La cantidad de gente que he oído decir: ‘Odio TikTok’, pero que nunca lo borra”, explica. En cambio, ella ha eliminado TikTok e Instagram de su móvil con la intención de marcar un cambio y, si es posible, animar a su entorno a replantearse su uso.
Pese a la preocupación que reflejan los datos, Hallie prefiere cerrar su investigación con un mensaje de responsabilidad y esperanza. “Creo que los jóvenes que quieren cambiar sus vidas pueden lograrlo. Creo que los adolescentes tienen capacidad de decisión”, afirma, convencida de que, más allá del peso de la tecnología, su generación todavía tiene margen para tomar el control y redefinir su relación con las redes sociales.
