Un soldado ruso de 24 años, desertor del frente del Donbás: "Tratamos de mandar agua y caramelos por dron a un compañero que se moría de deshidratación"
La guerra de Ucrania entra en una nueva fase marcada por drones, pequeñas infiltraciones y soldados abandonados en la llamada "zona gris".

La imagen que Vladimir Putin intenta trasladar a Donald Trump y al resto del mundo es la de una Rusia que avanza hacia una victoria inevitable en Ucrania. Pero sobre el terreno, la realidad empieza a parecer muy distinta.
El ejército ruso sigue ganando territorio en algunas zonas del Donbás, sí, pero cada vez más despacio, con enormes pérdidas humanas y atrapado en una guerra completamente transformada por los drones.
Hasta el punto de que un soldado ruso desertor de 24 años ha descrito al New York Times escenas que parecen sacadas de una guerra futurista y desesperada al mismo tiempo: soldados aislados durante días, unidades incapaces de rescatar heridos y drones utilizados para lanzar botellas de agua y caramelos a compañeros moribundos atrapados entre ambos frentes.
"Tratábamos de mandar agua y chocolatinas con drones a un compañero que se estaba muriendo de deshidratación", relata el militar, que combatió en el Donbás antes de desertar el año pasado y cuyo testimonio ha sido recogido por el diario estadounidense.
La guerra ya no se parece a la guerra
Uno de los grandes problemas de Rusia es que todavía no ha encontrado una forma eficaz de avanzar en un campo de batalla donde prácticamente cualquier movimiento es detectado desde el aire.
Los tiempos de grandes ofensivas con columnas de blindados parecen muy lejanos. Ahora la guerra funciona de otra manera.
Pequeños grupos de dos soldados avanzan a pie, escondiéndose entre árboles, ruinas o trincheras improvisadas mientras intentan infiltrarse poco a poco en posiciones ucranianas. Muchas veces, separados entre sí para evitar convertirse en un blanco fácil para los drones enemigos.
Según explica el exsoldado ruso, su unidad pasó semanas intentando tomar una sola localidad cerca de Pokrovsk. Primero enviaban grupos de asalto que eran eliminados desde el aire. Después empezaron las infiltraciones mínimas: parejas de soldados entrando cada día hasta consolidar una pequeña presencia.
Así ha nacido lo que ambos ejércitos llaman ya la "zona gris": enormes áreas del frente donde nadie controla realmente el territorio y donde heridos y cadáveres quedan abandonados durante días.
Putin vende victoria, pero el avance ruso se frena
El reportaje del New York Times desmonta además uno de los grandes argumentos que Moscú lleva meses trasladando a Washington: que Ucrania está cerca del colapso total.
Según varios organismos independientes que monitorizan el frente, el avance ruso se ha ralentizado enormemente en 2026. De hecho, algunos meses Rusia incluso ha perdido territorio.
A este ritmo, calcula el periódico estadounidense, Moscú tardaría más de treinta años en conquistar completamente el Donbás, precisamente una de las grandes exigencias de Putin para negociar el final de la guerra.
El problema para el Kremlin es doble.
Por un lado, las bajas siguen siendo gigantescas. Las estimaciones publicadas este fin de semana por medios rusos independientes elevan ya a unos 352.000 los soldados rusos muertos desde el inicio de la invasión. Más de seis veces las bajas estadounidenses en toda la guerra de Vietnam.
Por otro, la economía rusa empieza a mostrar señales claras de agotamiento tras años de gasto militar masivo, mientras las restricciones de internet y los apagones móviles para frenar ataques ucranianos empiezan a generar malestar dentro del propio país.
La guerra de los drones lo cambia todo
El gran protagonista de esta nueva fase del conflicto ya no son los tanques ni la artillería pesada. Son los drones.
Ucrania ha conseguido ventaja en varias zonas gracias a su capacidad tecnológica y a la producción masiva de drones FPV, capaces de localizar y atacar soldados prácticamente en tiempo real.
Rusia intenta responder creando unidades especializadas y adaptando sus tácticas, pero el problema de fondo sigue ahí: avanzar resulta extremadamente lento y peligrosísimo.
"La mejor opción que tienen ahora son las infiltraciones y atacar la logística enemiga", explica a The New York Times la analista Dara Massicot, del Carnegie Endowment. "Pero eso no genera avances rápidos. Están atascados".
Aun así, en Ucrania nadie se atreve a relajarse.
Las autoridades ucranianas alertan de que Rusia prepara nuevas ofensivas aprovechando el verano, la vegetación y el mejor clima, que permiten esconder mejor los movimientos de tropas frente a los drones.
Porque aunque la guerra se haya convertido en algo muy diferente a lo que era hace dos años, sigue siendo igual de brutal. O quizá más.
