Una ciudad de Suecia se está 'mudando' por la expansión de una mina de hierro subterránea
El fenómeno no es puntual ni simbólico.
En el norte de Suecia, a unos 145 kilómetros por encima del Círculo Polar Ártico, está ocurriendo algo casi sin precedentes. Se trata de que una ciudad entera se está trasladando de lugar. Es el caso de Kiruna, fundada hace 125 años en torno a la minería.
Dicha ciudad se ve obligada a “mudarse” poco a poco debido a la expansión de la mina de hierro subterránea más grande del mundo, que amenaza con provocar hundimientos bajo el casco urbano original.
Miles de personas están siendo reubicadas, edificio por edificio, en un proceso que se prolongará durante décadas y que, según las previsiones actuales, debería concluir alrededor del año 2035. El nuevo centro urbano se está levantando a unos tres kilómetros al este del casco antiguo, con la idea de garantizar la continuidad de la vida comunitaria sin renunciar a la actividad minera que da sentido económico a la ciudad.
Una ciudad nacida del hierro
La ciudad se desarrolló originalmente para servir a la empresa estatal LKAB, que explota enormes yacimientos de hierro en la región. Hoy, además, se ha convertido en un importante centro de la industria espacial europea, pero sigue siendo la mina la que marca el pulso del lugar.
Aunque LKAB es pequeña a escala global, su peso en Europa es enorme ya que suministra alrededor del 80 % del mineral de hierro que se extrae en la Unión Europea según datos de Inspenet.
A esto se suma un hallazgo que ha reforzado aún más su importancia estratégica: el descubrimiento de uno de los mayores yacimientos conocidos de tierras raras en Europa, materiales clave para la transición energética, las baterías, los aerogeneradores o los vehículos eléctricos.
Un traslado lleno de obstáculos
Esta creciente demanda de materias primas en el continente es, en el fondo, la razón por la que Kiruna se está viendo forzada a cambiar de sitio. La reubicación de la ciudad plantea enormes desafíos políticos, económicos y ambientales. Tanto el municipio como LKAB han pedido al Estado sueco más apoyo financiero y más suelo edificable para poder desarrollar el nuevo Kiruna.
Otro detalle a tener en cuenta es que gran parte del territorio por encima del Círculo Polar Ártico pertenece al Estado, y su cesión implica negociaciones complejas, incluso con el sector de defensa y con los representantes de la comunidad indígena sami, especialmente por el impacto sobre la cría de renos y su modo de vida tradicional.
Decisiones difíciles
La expansión de la mina implicará que unas 6.000 personas más y alrededor de 2.700 viviendas tengan que ser reubicadas. LKAB calcula que las compensaciones ascenderán a unos 22.500 millones de coronas suecas ––más de 2 millones de euros––en la próxima década.
A los propietarios se les ofrece el valor de mercado de sus viviendas más un 25 % adicional, o la posibilidad de construir una nueva casa en el nuevo Kiruna. La mayoría ha optado por empezar de cero. Para muchos, sin embargo, el impacto emocional es enorme. “Algunos están tristes porque pierden lugares llenos de recuerdos, casas donde vivieron dos o tres generaciones”, explica Mats Taaveniku, presidente del ayuntamiento según recoge Ziare. “Pero, al mismo tiempo, todos saben que Kiruna existe gracias a los minerales”, añade.