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09/02/2013 10:05 CET | Actualizado 10/04/2013 11:12 CEST

Irene Escolar, matrícula de honor

Sábado 19 de enero. Biblioteca María Moliner de Zaragoza. Entre los que abarrotan esta mañana la sala de estudio se encuentra una chica de 24 años muy particular. Se llama Irene Escolar y es actriz. Su presencia en la biblioteca pasa inadvertida. Pero anoche encandiló al público del Teatro Principal con su personaje en "De ratones y hombres" y esta tarde volverá a representar la función. Irene sacó un 8,8 en la Selectividad, cursó dos años de Periodismo, es bilingüe y ahora estudia Filología Inglesa en la UNED. El día de San Valero tiene examen de Ejes de la literatura medieval y renacentista inglesa y lleva los apuntes siempre encima. Vi "De ratones y hombres" al lado de Rafael Campos, director del Principal. Rafa, nada más aparecer Irene, exclamó, perplejo, "¡¿Pero quién es esta chica?!".

Irene es nieta de Irene Gutiérrez Caba, bisnieta de Irene Caba Alba, tataranieta de Irene Alba, sobrina nieta de Emilio y de Julia Gutiérrez Caba e hija del director de producción José Luis Escolar y de la script Lourdes Navarro. Cuando, en las escaleras del Principal, descubrió a su abuela en un panel de fotos antiguas, dio un salto de emoción. Hubiera sido un completo milagro que Irene no hubiese salido actriz. El primero que me habló de ella fue su tío abuelo Emilio, cuando era una niña. Luego, Maribel Verdú me contó maravillas de la chica que hacía de su hija en "Los girasoles ciegos". Pero, entonces, Irene era ya casi una veterana. A los nueve años había interpretado a la hija de Mariana Pineda en la obra de García Lorca. Cuando evoca el día de su debut, a Irene aún se le arrasan los ojos.

Irene nunca había estado en Zaragoza. El domingo le acompaño a ver algunas cosas que no se quería perder: la Seo, el Foro Romano, el Teatro Romano, la Plaza del Pilar y la Basílica. Hace poco se quedó atrapada en un ascensor con los compañeros de la función. Pero no tiene miedo de entrar en el ascensor del Pilar y subir 80 metros, al mirador panorámico. La vista de la ciudad le impresiona. Comemos en el Tubo, en Vinos Nicolás/Casa Hermógenes. Irene conoció el viernes a Hermógenes y a Carolina y ni se plantea ir a otro sitio en el que no estén ellos. Nos encontramos a Paula Labordeta que, con sus hermanas Ángela y Ana, hace un magnifico programa en Aragón TV, "Pura vida". Y, allí, mientras devoramos los huevos rotos, hablamos de la vida, de la pura vida.

Irene es una esponja. Lo absorbe todo y no para de hacer preguntas. Sabe mucho de arte, de historia, de cine, de teatro, de danza, de literatura y de la gente, sobre todo, de la gente. Su profesión de actriz le ha permitido ponerse en la piel de un buen número de mujeres y profundizar en la condición humana. Se me olvida preguntarle cuántas matrículas de honor ha sacado en su vida pero me huele que serán unas cuantas. Sin embargo, es menos pedante que Chiquito de la Calzada. Más que de lo que sabe, habla de lo que quiere aprender, con naturalidad y alegría.

Irene es un bicho rarísimo. No es nada frecuente encontrar a una chica española de su generación cuya película favorita sea "Eva al desnudo", que tenga como uno de sus libros de cabecera "Las uvas de la ira" y que sepa muy bien quién es Luis Buñuel. Se podría pensar que lo ha tenido fácil: ha respirado amor por la cultura desde que estaba en la tripa de su madre. Pero sé de muchos que han despreciado ventajas parecidas. Ella ha tenido la sensibilidad y la inteligencia de explotar su privilegio para convertirse en una mujer de matrícula de honor.

A menudo cuento el chasco que me llevo todos los años cuando, antes de una charla sobre cine en un máster universitario, les hago a unos alumnos recién licenciados un test de cultura general. El resultado es desalentador: más del 90% no tiene la menor idea de quién es Berlanga ni sabe identificar al autor de "La casa de Bernarda Alba". Algunos amigos no dan crédito: a Lorca se le estudia en el bachillerato. Pero yo les replico que en el bachillerato también se enseñan las raíces cuadradas y ellos no sabrían resolver una ahora. Para muchos jóvenes españoles Lorca es como una raíz cuadrada para ellos: algo que se aprende para aprobar y luego se olvida. Lorca, por muy presente que creamos que está, resulta tan invisible para ellos como para mí, por ejemplo, lo son las carreras de motos, con todo mi respeto por las carreras de motos. Un universitario de 23 años me preguntó si Viridiana se escribía con b o con v. Y se quedó tan ancho. Otro caso extremo fue el de un reconocido actor español que fue a saludar a los actores de la representación teatral de "El verdugo" -adaptación de la joya de Berlanga y Azcona- y les gritó entusiasmado y sin ninguna ironía "¡¡Pero qué función: esta historia podría dar para una gran película!!". Llevamos casi tantos años de democracia como los que duró el franquismo y habremos de admitir que uno de nuestros grandes fracasos ha sido ser incapaces de integrar con fluidez la cultura en las inquietudes cotidianas del español medio. Somos muy ignorantes, yo el primero, aunque unos más que otros y cada uno a su manera. Algunos sostienen que a un cierto tipo de incultura también contribuye la dispersión de conocimientos y distracciones de nuestro tiempo y que los jóvenes saben mucho de otras cosas. Eso es tan verdad como que no hay excusa posible para que un universitario no acierte el pintor de "Las señoritas de Avignon". Luego, claro, están las excepciones. Hace poco conocí a Diego, el hijo de 14 años del gran Gervasio Sánchez, y me pareció un chaval impactante. El profesor Guillermo Fatás insinúa algo con lo que no puedo estar más de acuerdo: el nivel de la inmensa mayoría de los jóvenes es bajísimo pero los que salen buenos son deslumbrantes. Y hay que tener mucha suerte para tropezarse con alguno de ellos.

No nos engañemos: los que estamos todo el rato hablando de Buñuel y "Viridiana" somos una secta. Y, el otro día, me llevé una gran alegría al comprobar que la deslumbrante Irene Escolar pertenecía a ella.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El Heraldo de Aragón.

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