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Ciudadano español en el camino europeo

Ciudadano español en el camino europeo

"No sé si somos conscientes del enorme riesgo que sufre el proyecto europeo con el auge de las fuerzas de la ultraderecha que quieren acabar con él".

Banderas de la UE en Bruselas
Banderas de la UE en BruselasJACEK_KADAJ

La semana pasada recibimos en la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo al rey de España Felipe VI y al presidente de Portugal, Rebelo de Sousa, con motivo de la conmemoración de los 40 años de la entrada de ambos países en la Unión Europea.

Entonces se llamaba Comunidad Económica Europea, y era el sueño al que aspiraban los españoles, asfixiados por los 40 años de dictadura fascista que asoló España.

La falta de oportunidades, la censura y la opresión que se vivía en nuestro país llevaron a mis padres a emigrar a Suiza en busca de trabajo y condiciones laborales dignas, y allí nací y crecí.

Siendo hijo de emigrantes en la ciudad de Ginebra, yo también anhelaba que mi país entrase en ese Club de la democracia y la prosperidad que parecía inalcanzable. Desde el centro de Europa dolía ver cómo España se quedaba atrás, con jóvenes que ansiaban ser libres, con mujeres que luchaban por tener los mismos derechos y oportunidades que los hombres, con trabajadores peleando por mejoras laborales y justicia social.

Europa avanzaba y España se quedaba atrás. En ese deseo de arrimar el hombro, en esa lucha por conquistar el futuro y formar parte del cambio, dediqué gran parte de mis estudios de Relaciones Internacionales a la Comunidad Económica Europea y el derecho comunitario.

Este camino me llevó en 1992 al Parlamento Europeo, donde he sido testigo de cómo el proyecto comunitario llevó la modernización y el progreso a nuestro país, pero también de las aportaciones que ha hecho España a la Unión Europea, porque el camino ha sido en la doble dirección.

En 1986 llegaron a la Eurocámara 84 eurodiputados (solamente 5 mujeres) españoles y portugueses que llenaron de aire fresco las instituciones comunitarias. Contagiaban su entusiasmo y las ganas de comerse Europa.

Esa pasión era el reflejo del europeísmo que siempre ha acompañado a la sociedad española, que en cada Eurobarómetro sobresale de la media.

Pero también España ha sido partícipe de los grandes hitos de la Unión, desde la entrada en la moneda única a la creación del espacio de libre circulación Schengen. Recordemos que el socialista madrileño Enrique Barón (mi mentor político) participó en las negociaciones del Tratado de Maastrich cuando fue presidente del Parlamento Europeo; y el también socialista Manuel Marín fue el gran impulsor del programa Erasmus.

Pero si miramos la historia más reciente de la UE, nuestro país ha tenido un papel destacado en hitos tan recientes como la creación del Fondo de Recuperación Next Generation para hacer frente a las consecuencias de la pandemia de la Covid, la reforma del mercado de la energía o el Pacto Verde Europeo.

Asimismo, en materias como la igualdad de género, y también en el ámbito económico y científico, España se ha convertido en una referencia. Hoy en día, es una de las economías de la UE que más crece, y normas como la Ley contra la Violencia de Género o la Ley para la Igualdad efectivas entre hombres y mujeres convierten a nuestro país en el espejo donde se miran otros Estados miembros.

¿Y ahora qué? Una pregunta muy pertinente es si somos conscientes del enorme riesgo que sufre el proyecto europeo con el auge de las fuerzas de la ultraderecha que quieren acabar con él.

Nuestras señas de identidad son la paz, la justicia social, la solidaridad, la diversidad, la defensa de los derechos humanos… y esa es la base sobre la que sustentarnos cada vez que sacuden nuestros cimientos.

A España le toca seguir siendo uno de los motores más potentes que hace avanzar este proyecto común, adaptándolo a un tablero geopolítico y económico global cambiante, pero sin perder de vista esas señas que son nuestra razón de ser. 

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Javier Moreno es presidente de la Delegación socialista española en el Parlamento Europeo