Antonio Gómez Villar, filósofo: "La diferencia entre el populismo de izquierda y el de derecha es clave: uno dice 'nosotros contra ellos', el otro dice 'nosotros o ellos'"
A su juicio, buena parte de los debates actuales en la izquierda tienen que ver con un "trauma histórico sin procesar".

En un momento de fuerte reconfiguración política y social, el filósofo Antonio Gómez Villar propone una mirada que trata de ir más allá de los lugares comunes sobre la izquierda, el populismo y la clase media. En una entrevista concedida a El País, el profesor de Filosofía en la Universidad de Barcelona plantea una idea central: no todos los populismos son iguales, y entender sus diferencias resulta clave para interpretar el presente.
"La diferencia entre el populismo de izquierda y el de derecha es clave: uno dice 'nosotros contra ellos', el otro dice ‘nosotros o ellos', resume. Esa distinción, aparentemente sutil, encierra para Gómez Villar dos formas opuestas de entender la política. Mientras el primero plantea un conflicto que puede ensanchar la democracia —al enfrentar al "pueblo" con las élites—, el segundo introduce una lógica excluyente que él mismo califica de "fascistoide".
El punto de partida de su reflexión está en lo que denomina la "gramática del sujeto político", una cuestión que atraviesa toda su obra. A su juicio, buena parte de los debates actuales en la izquierda tienen que ver con un "trauma histórico sin procesar": las transformaciones de los años sesenta. Lejos de interpretar ese periodo como una traición a la lucha de clases, Gómez Villar lo ve como una evolución. "Prefiero leer ese periodo como una radicalización de la lucha de clases: es una lucha transformándose a sí misma", explica.
Esa transformación, sostiene, amplió los horizontes de las clases trabajadoras, incorporando dimensiones culturales, simbólicas e identitarias. Pero también tuvo un efecto colateral: la pérdida de un sujeto político claro y reconocible. "El sujeto se ha vuelto vaporoso, fluido", señala, lo que ha generado desorientación y, en algunos sectores, una pulsión nostálgica por volver a marcos más tradicionales.
En este contexto, la clase media ocupa un lugar central, aunque ambiguo. Gómez Villar la define como una "categoría de autoidentificación", más vinculada al estatus que a la posición real en el sistema productivo. "No tiene conciencia de clase: tiene conciencia de estatus", afirma. Esa lógica aspiracional —basada en el consumo, el prestigio y la idea de ascenso individual— ha contribuido históricamente a diluir el conflicto de clases.
Sin embargo, esa misma clase media atraviesa hoy una crisis profunda, no solo material sino también simbólica. "Se ha erosionado la representación que tenía de sí misma", explica. Y es precisamente ahí donde, a su juicio, las nuevas derechas están encontrando un terreno fértil. Conceptos como la "envidia moral", desarrollada por el antropólogo David Graeber, ayudan a entender este fenómeno: no se trata solo de desigualdad económica, sino del resentimiento hacia los valores que dominan socialmente.
Para el filósofo, el auge de estas derechas no puede entenderse sin este malestar. De hecho, advierte de que no basta con recuperar discursos clásicos de clase para contrarrestarlo. La clave estaría en identificar las "pulsiones emancipatorias" que aún existen dentro de la propia clase media, incluso en comportamientos aparentemente individualistas. "La habilidad política consistiría en detectar" esos elementos, apunta.
Ejemplos como el acceso a la vivienda o la educación muestran, según Gómez Villar, que todavía hay demandas capaces de articular mayorías sociales. En lugar de apelar a identidades cerradas, propone construir un sujeto político desde necesidades compartidas, en línea con la idea de la "conquista del pan" del anarquista Kropotkin.
En definitiva, su diagnóstico apunta a que el conflicto político no ha desaparecido, pero sí ha cambiado de forma. Y en ese nuevo escenario, entender cómo se construye el "nosotros" —si como un enfrentamiento abierto o como una exclusión total— puede marcar la diferencia entre ampliar la democracia o erosionarla.
