Desmontan sin permiso el paternóster más antiguo del mundo: un ascensor de cabinas abiertas en rotación continua construido en 1908 y redescubierto tras 40 años oculto
Fue retirado durante unas obras de rehabilitación en un edificio histórico.

Aunque en España ya no existen ascensores paternóster en funcionamiento, estas peculiares estructuras de cabinas abiertas que se mueven sin detenerse todavía sobreviven en algunos edificios históricos de Alemania, República Checa o Reino Unido. Considerados hoy casi piezas de museo más que un sistema de transporte vertical convencional, forman parte de una ingeniería urbana que desafía al tiempo.
Por eso, la desaparición del paternóster del Flüggerhaus de Hamburgo ha desatado una enorme polémica en Alemania. El ascensor, construido en 1908 y formado por cabinas abiertas en movimiento continuo, fue desmontado presuntamente sin autorización durante unas obras de rehabilitación en este histórico edificio del centro de la ciudad. La intervención ha provocado la reacción inmediata de la Kulturbehörde, la autoridad de patrimonio, que ha paralizado los trabajos mientras investiga quién autorizó la retirada de una pieza única.
Este histórico paternóster ubicado en Rödingsmarkt era considerado por muchos especialistas como el más antiguo conservado en el mundo. Además, según la Universidad de Hamburgo, el doctorando Robin Augenstein redescubrió este ascensor en 2022 tras décadas oculto tras un cerramiento. Detrás de esa fachada seguían intactas 14 cabinas originales, con una antigüedad de 1908 y unos 40 años de invisibilidad bajo el cemento.
Aún se busca al responsable
La gravedad de la retirada del paternóster se debe a que el Flüggerhaus no es un inmueble cualquiera, sino que figura en la lista oficial de monumentos de Hamburgo como edificio de oficinas y almacén construido entre 1907 y 1908, y por tanto cualquier intervención relevante exige permiso de patrimonio. Además, la normativa hamburguesa dicta que si un monumento se altera o se retira sin autorización, la administración puede ordenar su restauración a costa del responsable.
El caso también ha llamado la atención por el complejo historial de propiedad del inmueble en los últimos años. El Flüggerhaus perteneció al grupo Signa, el gigante austríaco vinculado al empresario René Benko, cuyo imperio acabó desplomándose entre deudas y procesos judiciales. Tras aquella crisis, el edificio pasó en 2024 a manos del inversor hamburgués Harm Müller-Spreer. Ahora, la desaparición del histórico paternóster añade un nuevo frente de problemas a una operación urbanística que ya estaba rodeada de dificultades y retrasos.
Más allá del pleito, el caso ha reabierto una discusión incómoda en Hamburgo: qué precio está dispuesto a pagar la ciudad cuando una obra moderna se cruza con un testimonio único de la ingeniería del siglo XX. Porque, aunque durante décadas pasó desapercibido tras unos muros, el viejo paternóster del Flüggerhaus no era solo un ascensor, sino también una pieza irrepetible de la memoria industrial europea.
