Jordi, 90 años, ebanista jubilado: "Si alguien me preguntara si jubilarse o no, le diría que no lo hiciera"
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Jordi, 90 años, ebanista jubilado: "Si alguien me preguntara si jubilarse o no, le diría que no lo hiciera"

Desde su retirada ha escrito siete libros y acude a clases de yoga.

Un anciano sujetando un bastón, en una imagen de archivoHalfpoint Images vía Getty Images

La jubilación es un momento para dedicarse a las aficiones, la familia y los amigos. Un tiempo libre que deseas durante gran parte de tu vida. Jodri Llorens de 90 años, explica, en conversación con el diario La Vanguardia, que, desde el momento de su jubilación, no ha dejado de trabajar en lo que más le apasiona: el arte. 

Tal y como él mismo relata en unas declaraciones también recogidas por la emisora de radio catalana, Rac 1, nació en Barcelona, en 1935 en una familia de ebanistas con más de 180 años de tradición. "Mis hijos son ya la quinta generación de la empresa", explica.

Desde que empezó a trabajar con 14 años, ha visto cómo ha evolucionado su sector en primera persona. "Todo era manual, ahora tenemos máquinas que construyen directamente; es espectacular", celebra, claramente sorprendido. Aunque la clientela, también ha cambiado mucho. Antes trabajaba para instituciones, "ahora solo trabajan directamente con arquitectos e interioristas. Por ejemplo, reconstruyeron los muebles de la Casa Batlló", asegura.

Su afición a la cerámica

Jordi Llorens no quería jubilarse. "Disfrutaba mucho trabajando, si alguien me preguntara si jubilarse o no, le diría que no lo hiciera", explica en su conversación con el diario. Fue entonces cuando descubrió su pasión, la cerámica. "He aprendido muchísimo y ahora puedo decir que soy experto. De hecho, me reconocieron como historiador del arte catalán", confirma.

Su rutina ahora consiste en levantarse y pintar. "Tengo más de 100 cuadros y les regalo a amigos y familiares", relata con ilusión. De este modo, el arte y la vida intelectual le han dado ganas y una rutina. "He colaborado con la Fundación Goya y con la Fundación MAPFRE, y durante años muchos coleccionistas o sus familias me han llamado para valorar piezas".

Además, este entretenido hobby le ha permitido entretenerse tras la muerte de su mujer, aunque reconoce que "durante un tiempo fue difícil continuar con el ritmo". "Estuvimos 61 años casados y después de que muriera, durante un tiempo no pude pintar. Hemos tenido un matrimonio mío, no nos levantábamos nunca la voz. Me tocó la rifa cuando me casé", relata.

"Cada noche me voy a dormir y me digo a mí mismo lo privilegiado que soy. Sé que me moriré y cuando me toque, tocará. Me lo tomo con humor", culmina.

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