Un ingeniero de origen iraní y una cardióloga de Barcelona salvan a Amira, una bebé de 2 kilos, con el marcapasos más pequeño del mundo: mide 2 centímetros
Ambos lograron un hito increíble en una cirugía que puede marcar un antes y un después en el mundo de la cardiología en recién nacidos.

La medicina pediátrica ha protagonizado un nuevo avance extraordinario en Barcelona. Un equipo del Hospital Sant Joan de Déu ha logrado implantar a una bebé de apenas dos kilos un marcapasos diminuto —de solo dos centímetros— en una intervención que abre nuevas posibilidades para tratar a recién nacidos con graves problemas cardíacos.
La pequeña, llamada Amira, nació con una alteración en el ritmo del corazón que hacía imprescindible actuar con rapidez. Sin un dispositivo que regulara sus latidos, su vida corría peligro. El reto para los médicos era enorme: los marcapasos convencionales resultan demasiado grandes para el organismo de un bebé tan pequeño.
La solución llegó gracias a un dispositivo ultraminiaturizado y a la colaboración de especialistas de distintos campos. Según explicaron en una entrevista en la Cadena SER la jefa de Cardiología del hospital y uno de los ingenieros implicados en el proyecto, la intervención supuso un auténtico desafío médico y tecnológico.
Un dispositivo diseñado para los pacientes más pequeños
El marcapasos implantado mide apenas dos centímetros, lo que lo convierte en uno de los más pequeños utilizados hasta ahora en pacientes pediátricos. Su tamaño es clave: en recién nacidos o bebés con muy bajo peso, el espacio dentro del cuerpo es extremadamente limitado, y cualquier intervención debe adaptarse a esa realidad.
La jefa del servicio de cardiología del Hospital Sant Joan de Déu explicó en el programa radiofónico que el caso de Amira exigía una solución diferente a las habituales. Los dispositivos convencionales se diseñan pensando en adultos o en niños mayores, por lo que en un recién nacido de dos kilos resultan prácticamente imposibles de implantar con seguridad.
El equipo médico tuvo que planificar cuidadosamente cada paso de la operación para garantizar que el marcapasos pudiera colocarse sin comprometer el desarrollo del corazón ni provocar complicaciones posteriores.
Ingeniería y medicina, una colaboración clave
La intervención fue posible gracias a la colaboración entre médicos e ingenieros. Entre los especialistas implicados destaca un ingeniero de origen iraní que participó en el desarrollo del dispositivo y que también estuvo presente durante el procedimiento.
Durante la entrevista en la Cadena SER, el ingeniero explicó que el diseño de marcapasos cada vez más pequeños es uno de los grandes retos de la ingeniería biomédica. Reducir el tamaño sin perder eficacia requiere repensar tanto la electrónica interna como los sistemas de alimentación y conexión con el corazón.
En el caso de Amira, el dispositivo debía ser lo suficientemente pequeño para adaptarse a su anatomía, pero al mismo tiempo lo bastante potente para regular con precisión el ritmo cardíaco.
Un avance con impacto más allá de un solo caso
Aunque el éxito de la intervención se celebra sobre todo por la recuperación de la pequeña paciente, los especialistas subrayan que el logro va más allá de un caso individual. El procedimiento demuestra que es posible utilizar tecnologías cada vez más miniaturizadas para tratar a bebés con patologías cardíacas complejas.
En hospitales pediátricos, donde cada milímetro cuenta, este tipo de innovaciones pueden marcar la diferencia entre una intervención viable y una imposible.
El Hospital Sant Joan de Déu, uno de los centros de referencia en cirugía pediátrica en Europa, lleva años trabajando en soluciones adaptadas a los pacientes más pequeños. El caso de Amira es un ejemplo de cómo la combinación de investigación médica y desarrollo tecnológico puede abrir nuevas puertas.
Por ahora, la prioridad del equipo médico es seguir de cerca la evolución de la bebé y comprobar que el dispositivo funciona correctamente con el paso del tiempo. Pero el éxito de la operación ya deja una lección clara: cuando la medicina y la ingeniería trabajan juntas, incluso un aparato de apenas dos centímetros puede salvar una vida.
