Tarde, mal y (casi) nunca: los errores del 'caso Dolores Vázquez' que aún colean tras el 'perdón de Estado'
Condenada en falso por el asesinato de Rocío Wanninkhof, pasó 519 días en prisión. Un cuarto de siglo después, la herida moral sigue abierta y la indemnización, pendiente.

La extensa crónica negra de la España de los 90 quedará injustamente vinculada a un nombre que jamás debió ser protagonista. Porque el asesinato de la joven Rocío Wanninkhof en Mijas (Málaga) en 1999 conllevó la acusación y posterior condena a Dolores Vázquez. Ahora, más de un cuarto de siglo después, y con la herida nunca cerrada de haber pasado 519 días en prisión por un crimen nunca cometido, Dolores ha recibido un pequeño acto de reparación.
A sus 74 años, esta mujer nacida en Betanzos y durante años residente en Mijas, donde había mantenido una relación sentimental con la madre de Rocío, ha recibido el homenaje del Gobierno. Ha sido la ministra de Igualdad, Ana Redondo, quien ha puesto voz a la "injusticia" que sufrió entonces. El acto, puramente simbólico, ha servido como perdón público y reconocimiento a la figura de esta mujer casi 26 años más tarde, con la imposición de la medalla a la promoción de los valores de igualdad por la celebración del Día de la Visibilidad Lésbica.
Dolores no olvida, pero asegura vivir sin "rencor" pese al "calvario" que pasó en los días posteriores a la desaparición de Rocío Wanninkof, durante su enjuiciamiento y su posterior condena y, aún después, una vez volvió a la libertad. El acto ha servido para volver la vista a aquel periodo y a todos los errores entonces cometidos contra una mujer inocente.
Por qué se condenó a Dolores Vázquez
Todo estalló un trágico 9 de octubre de 1999. A sus 19 años, Rocío Wanninkhof desaparecía en Mijas (Málaga). Pocas semanas de angustiosa búsqueda después apareció el cadáver de la joven, con numerosas puñaladas en su cuerpo. En una España dada en exceso al sensacionalismo, el caso fue un filón para meses y meses de 'material'.
Pasaron los meses, sin respuestas claras, mientras se disparaban la conmoción y la presión social para encontrar al culpable. O a algún culpable. En ese marco de urgencia, Dolores Vázquez era detenida por la Guardia Civil en septiembre de 2000. Por entonces, sin pruebas claras, pero con la 'sospecha' que sobresalía de ser la expareja de Alicia Hornos, madre de Rocío. La hipótesis, un presunto 'crimen potencial', lo que hoy sería llamado un potencial caso de violencia vicaria.
El jurado popular marcó un juicio tan mediático como escandaloso que, como afirma EFE, estuvo plagado de irregularidades. El veredicto emitido por el juez de la Audiencia Provincial de Málaga, Fernando González Zubieta, el 25 de septiembre de 2001 fue contundente. Dolores Vázquez fue condenada a 15 años y 1 día de prisión, más una indemnización de 18 millones de pesetas, (108.000 euros de hoy), bajo el descabellado argumento de su orientación sexual y una presunta intencionalidad de venganza hacia su expareja.
Dolores cumplió 519 días entre rejas, del 7 de septiembre de 2000 al 8 de febrero de 2002, hasta su puesta en libertad bajo fianza por decisión del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que ordenó la repetición del juicio ante la "falta de motivación" de la sentencia inicial.
Su salida de la cárcel fue otro boom mediático, en una rueda de prensa donde ella denunció la actuación de varios agentes de la Guardia Civil y de buena parte de la prensa española. Tiempo después y ya en un nuevo juicio, se probó su total inocencia, al hallarse pruebas clave de la responsabilidad de Tonny Alexander King, quien previamente había sido detenido por el asesinato en Coín (Málaga) de otra joven, Sonia Carabantes, de 17 años. Como añade EFE, al cotejar las muestras con el caso Wanninkhof se descubrió que era el mismo culpable, y Vázquez quedó exculpada.
Reparación... simbólica, únicamente.
Pasó 519 días en la cárcel, fue rechazada por buena parte del vecindario que compartía su día a día y muchos le volvieron la espalda bajo el estigma de la muerte de Rocío. Entre el "miedo" y la "ansiedad" nunca volvió a ser la misma.
¿A cambio? La absoluta nada. Dolores admite que "no me han compensado en nada económicamente, ni los 120.000 que habían dicho que me habían pagado". Hoy apenas recibe una ayuda leve.
El Ministerio de Justicia le ofreció una compensación inicial de 12.000 euros tras la sentencia exculpatoria, que ella rechazó para pedir una indemnización de 4 millones de euros. La misma no fue aceptada por defecto de forma y Dolores Vázquez se vio obligada a vender su chalé para pagar a sus abogados y otros gastos.
De entonces a hoy han pasado más de dos décadas. Feliz y hasta agradecida por el acto de este lunes 27 de abril, este ha sido el único acto de reparación a nivel estatal, si bien un año antes recibió el gesto del Ayuntamiento de Betanzos, su tierra natal, que le otorgó el XVII Premio Úrsula Meléndez de Texeda.
"Eso es el Gobierno quien tiene que decidir. Yo creo que con buena fe todo es posible", se ha limitado a responder al ser preguntada por la posible indemnización por parte del Ejecutivo, a la espera de un perdón "más amplio" que el de este lunes.
Admite que "no olvida", pero se siente "una persona distinta, que ya lo lleva mejor". ¿Qué más os puedo decir? Que espero que sea una medalla muy bonita porque me la merezco, ¿no? y que siempre recordaré este día", admitía a la prensa durante el evento.
La 'pena de telediario'
Pese a lo que algunos puedan creer, este concepto ni es moderno ni se asocia únicamente al reproche veloz y sin juicio previo lanzado por redes sociales. Dolores Vázquez sufrió en sus propias carnes la condena social antes de que la Justicia pudiera probar nada.
Aunque recuerda a quienes estuvieron a su lado "entonces y a lo largo de este tiempo", no olvida todo lo sufrido. "Era insoportable, no podía dormir ni en la cama, me sentaba en una esquina", ha conseguido admitir este lunes, orgullosa de poder hacer eso mismo, hablar de un tema que durante lustros le fue imposible tratar abiertamente.
Su corazón ya no alberga ira, insistía. "He perdonado. Hace muchos años que he perdonado porque comprendí que el estar enfadada con el mundo, estar enfadada con la prensa, estar enfadada con todos no era yo. Me estaba volviendo una persona que yo no era, yo no me encontraba a mí misma, estaba en un pozo y yo no salía, pero poquito a poco estoy superando y eso es eso", ha indicado quien en su momento confesó sentirse "un mono de feria" en medio del circo mediático.
Aquel "pozo" en el que estuvo sumida durante años ahora queda lejos, pero aún hay heridas sin cerrar, como la pérdida de relación con la familia de Rocío Wanninkhof. "Quería a Rocío como a mi hija, y a Rosa Blanca y a Guillermo igual", recordaba con emoción, al tiempo que enfatizaba a los medios que por entonces hacía tiempo que ella y Alicia ya no estaban juntas desde hacía tiempo cuando Tony King asesinó a Rocío.
