Untar yogur en las ventanas para combatir el calor: el método barato que defiende un ingeniero y que está sorprendiendo a miles de personas
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Untar yogur en las ventanas para combatir el calor: el método barato que defiende un ingeniero y que está sorprendiendo a miles de personas

El truco se ha popularizado durante las últimas olas de calor y cuenta incluso con el respaldo de un ingeniero especializado en soluciones de bajo coste para mantener las viviendas más frescas.

Fachada de un elegante edificio residencial con ventanas y balcones iluminados.Getty Images

Cuando llega una ola de calor, la imaginación se dispara porque no queda otra: hay que baja persianas durante todo el día, hay quien coloca cartones en las ventanas, quien recurre a láminas reflectantes e incluso quien cubre los cristales con sábanas para intentar frenar la entrada del sol.

Pero entre todas las soluciones que están circulando en los últimos años hay una que destaca por encima del resto por lo inesperada que resulta: untar yogur en los cristales. Y no, no se trata de una broma de internet.

El curioso truco que recomiendan algunos expertos

La idea aparece recogida en un reportaje de The Guardian dedicado a las soluciones que están adoptando miles de personas para proteger sus viviendas frente a las olas de calor cada vez más frecuentes.

Entre las propuestas figura la del ingeniero colegiado Tom Greenhill, responsable de la plataforma especializada Heatwave Toolkit, centrada precisamente en métodos económicos para reducir el impacto de las altas temperaturas.

Greenhill lleva años defendiendo una técnica tan sencilla como sorprendente: aplicar yogur sobre los cristales para crear un efecto esmerilado que reduzca la radiación solar que entra en la vivienda. Según explica, la capa blanquecina actúa como una especie de filtro improvisado capaz de disminuir la ganancia térmica procedente del sol.

¿Por qué podría funcionar?

La lógica detrás del método es relativamente sencilla.

Cuando la luz solar atraviesa directamente una superficie acristalada, una parte importante de la energía termina calentando el interior de la casa. Al crear una capa opaca o translúcida sobre el cristal, parte de esa radiación se refleja o dispersa antes de entrar.

El resultado es similar al que se consigue con un cristal esmerilado o con determinados vinilos de control solar. Aunque el aspecto estético pueda no convencer a todo el mundo, la idea ha ganado popularidad entre quienes buscan soluciones rápidas y extremadamente baratas para afrontar episodios de calor extremo.

Lo que realmente funciona mejor

Aun así, los expertos coinciden en que el verdadero secreto no está tanto en el yogur como en impedir que el sol alcance directamente las ventanas. De hecho, varias investigaciones citadas por The Guardian apuntan a que las protecciones exteriores son mucho más eficaces que las interiores.

Ben Roberts, investigador de la Universidad de Loughborough, explica que incluso colocar una simple tela o sábana por fuera de una ventana puede reducir la temperatura interior hasta seis grados.

Ese principio es precisamente el que está detrás de toldos, pérgolas, velas de sombra o sistemas tradicionales utilizados desde hace décadas en países mediterráneos.

Un problema cada vez más serio

El auge de estos trucos refleja una preocupación creciente entre arquitectos e ingenieros. Las olas de calor son cada vez más intensas y frecuentes en Europa, mientras que muchas viviendas fueron diseñadas pensando en conservar el calor durante el invierno y no en expulsarlo durante el verano.

Por eso, soluciones que antes parecían extravagantes empiezan a verse de otra manera. "Seguimos viéndonos como un país de clima suave y húmedo, pero eso ya no es así", advierte Greenhill.

Y aunque el yogur en las ventanas pueda parecer una ocurrencia sacada de las redes sociales, detrás de la idea hay una realidad cada vez más evidente: cada verano son más las personas que buscan cualquier forma de mantener sus casas unos grados más frescas sin disparar la factura del aire acondicionado.

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Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

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