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Entrevista a Shlomo Ben Ami: "Si no se actúa en la raíz, habrá que pensar en términos de millones de refugiados"

11/09/2015 21:52 CEST | Actualizado 11/09/2015 21:52 CEST
EFE

Shlomo Ben Ami (Tánger, 1943) está considerado uno de los políticos más progresistas que ha dado Israel. Laborista de raíz, exministro de Exteriores y antiguo embajador en España, ha presenciado en primera fila dos de los procesos negociadores con Palestina más prometedores: los de Madrid (1991) y Camp David II (2000).

Escritor e historiador, es uno de los analistas esenciales para entender el Medio Oriente. Ben Ami participará en la sexta edición de Mentes Brillantes 2015, organizado por El Ser Creativo, que se celebrará en Madrid los días 15 y 16 de octubre. La guerra, el fanatismo y la religión serán los ejes de su intervención.

Parece que cambia el escenario en Siria: Francia reconoce el terreno y está dispuesta a bombardear posiciones del Estado Islámico, el ministro español García-Margallo retoma la posibilidad de hablar con el régimen de Bachar El Assad... ¿Ve factible un acuerdo, un giro a corto plazo?

La posibilidad de intentar llegar a un acuerdo para un Gobierno de transición en Siria, en el que El Assad podía no estar personalmente, se ha estado hablando desde hace largo tiempo y siempre ha chocado con la falta de coincidencia entre Estados Unidos y Rusia. Y ahora se suman los iraníes, que apoyan a Assad como Moscú, y que están algo envalentonados por una mejora en su posición estratégica porque se van a levantar las sanciones en su contra y se van a descongelar unos 100.000 millones de dólares en fondos, lo que va a facilitar la estrategia regional de este régimen… Por todo eso, veo muy difícil que pueda haber un acuerdo que sacrifique la persona política de Assad dado que Rusia, los libaneses de Herzbolá e Irán han creado una especie de cordón sanitario que los blinda a él y a los suyos.

Quizá al principio de la crisis, en 2011...

El acuerdo quizá era posible años atrás, en el inicio de la guerra, pero hoy lo veo más difícil porque, como dice Margallo, Assad se convierte en un interlocutor y no en alguien cuya salida es la precondición. Hay que tener en cuenta que el hecho de que Assad se quede es una derrota que difícilmente podrá digerir los saudíes y los cataríes. Hay que ubicar este caso en la lucha por la hegemonía regional. El acuerdo nuclear con Irán se ve como una victoria sobre Arabia Saudí y lo sería que se negocie con Assad como si fuera el legítimo Gobierno de Siria. Eso sería para los saudíes otra segunda calamidad; por eso tengo la sensación de que va a ser muy difícil intentar volver a los parámetros iniciales, hablar de un Gobierno de transición sin Al Asaad.

Para ello se requiere una robusta diplomacia occidental, una alianza férrea entre EEUU y la UE y hay que tener en cuenta también el impacto que puede tener en lo que respecta a la posición de Ucrania, porque todo está entrelazado. Las sanciones impuestas a Rusia también son un elemento importante para entender las posiciones finales sobre Siria, más duras en el caso de Moscú. Veo muy difícil que los rusos estén dispuestos a negociar Siria de forma aislada de otros problemas, por eso tenemos que ser conscientes de que hace falta una iniciativa global. Hay conflictos que hay que resolver de una manera consensuada.

¿Le parece que los aliados están llevando correctamente la lucha contra el Estado Islámico?

Ha quedado demostrado que la estrategia actual no es eficaz. Los bombardeos aéreos han causado un daño táctico pero no estratégico, no cambian el curso de la guerra, y no cabe duda de que existen enormes reservas al envío de tropas occidentales sobre el terreno, tras Irak o Afganistán. Empezar a bombardear en Siria, que es algo que no se ha hecho hasta ahora más que en circunstancias muy medidas, sí puede ser que cambie algo en el destino de la guerra pero requerirá de una colaboración táctica en el terreno con las tropas de Assad, porque es suyo el ejército que ahora mismo tiene control en la zona. Por ejemplo, podría darse una colaboración en la que las tropas sobre el terreno, de infantería, las pondría Bashar El Assad y los occidentales podrían la fuerza aérea, pero eso requiere de una colaboración, una cooperación y un reconocimiento mutuo.

¿Cómo valora la reacción que está teniendo Europa ante la llegada de refugiados?

Creo que se está descubriendo la parte más benigna y admirable de la sociedad europea y de sus gobiernos, que están abriéndose a esta gran tragedia. Pero, más que una reserva, sí haría un doble comentario. El primero es que muchas de las informaciones dicen que estos refugiados se identifican como sirios, pero muchos no lo son, aunque parece que son éstos los que tienen más simpatías y por eso lo dicen… Algunos son, por ejemplo, iraquíes, y disimulan. El segundo comentario es que estamos viviendo la Historia, estamos ante un momento histórico y ante el inicio de una ola que va a ser imparable y que Europa no va a poder absorber.

Estamos en un proceso de migración masiva de poblaciones, algo que hemos visto en el pasado, en el siglo IV, lo hemos visto a través de los siglos… Hay migraciones masivas y Medio Oriente se está desmoronando. El problema no es sólo Siria, sino Yemen, Irak, Afganistán, en el norte de África es Libia… Y, si vamos más allá, en África el cambio climático está generando una enorme desertización, amplias zonas están viéndose afectadas… Añádale a los malos gobiernos, las dictaduras, Eritrea como ejemplo, con un régimen dictatorial brutal, y verá cómo se está produciendo una escapada, una salida, un flujo migratorio, y lo que estamos viendo ahora es la punta del iceberg. Se requieren esfuerzos gigantescos, titánicos, tras esta cosa tan admirable que estamos viendo hoy para 100.000 o 120.000 personas. Si no se actúa en la raíz, se tendrá que empezar a pensar en términos de millones.

Hay que ir a la raíz del problema, entonces...

Sí, esto requiere resolver más que nada los problemas en los países de origen, y obliga a que por fin los grandes sean capaces de colaborar porque, si no lo son, no se podrá llevar a cabo una política consensuada. Tiene razón Margallo cuando dice que parece que ahora se han despertado para resolver el problema sirio, porque ahora el problema llegó a casa. Pues mire usted, igual se puede decir sobre África, sobre Libia o Yemen.

Estos problemas llegarán, llegarán, porque la masa está huyendo de situaciones que son imposibles de soportar para ellas. Y no hay más remedio que buscar una solución que deje a estas poblaciones en sus propias tierras, con un estado que funcione, porque lo que estamos viendo es que el concepto de estado árabe se está desmoronando, y dios sabe qué es lo que va a ocurrir con otros países, en Jordania, por ejemplo: qué ocurre si mañana Daesh desestabiliza el reino jordano, que es admirable, relativamente estable, pero que tiene una cierta precariedad interétnica, con casi un millón de refugiados sirios, una mayoría palestina y una minoría beduina que es la que gobierna... Eso es un equilibrio muy difícil, así que hay mucho por hacer que no es simplemente absorber personas, porque la capacidad de absorción y la voluntad de absorción de refugiados que ahora es verdaderamente admirable llegará a un punto límite.

¿Si usted hubiera sido el primer ministro de Israel habría aceptado el acuerdo sobre el programa nuclear de Irán?

Creo que este es un acuerdo razonablemente bueno. No es perfecto, pero es que no hay acuerdos perfectos desde el momento en que las partes negocian y cada uno tira hacia su lado, pero se ha llegado a un equilibrio sensato. Incluso si el acuerdo hubiera sido lo más perfecto que uno de pueda imaginar, su cumplimiento siempre dependerá de la voluntad política, porque se puede incumplir también un acuerdo perfecto. Así que el que estemos donde estamos, que Irán en este momento frene su marcha hacia la bomba atómica, eso tiene que ver con la voluntad política que tiene Teherán, porque les conviene en esta coyuntura. Y esa voluntad es la que hay que seguir cultivando en estos años.

Pero Benjamín Netanyahu no lo ve así...

Se equivoca Netanyahu cuando piensa que ahora se va a anular este acuerdo, se van a imponer sanciones más duras e Irán aceptará negociar desde cero. Esto es absolutamente imposible, eso es un sueño, es irrealista. Este primer ministro no sé en qué mundo vive ni entiendo cuáles son sus objetivos. Lo que este acuerdo con Irán nos ha dado ahora son 10 o 15 años de ventana de oportunidad para que la diplomacia pueda ayudar a cambiar las cosas en la zona. Yo siempre he creído que la bomba es menos importante que el régimen. A nadie le preocupa que Francia tenga esta bomba, porque es un régimen responsable y legítimo, pero sí preocupa cuando la tiene Corea del Norte, porque son lo que son.

Así que hay que dar a la situación en Irán el margen y el tiempo para ablandar el radicalismo del gobierno y esperar que la diplomacia funcione para resolver los grandes problemas de Medio Oriente, y llevar al Medio Oriente a ser una zona libre de armas de destrucción masiva, porque esa es la solución. El que ahora todo el mundo aspire a ser nuclear en la zona convertirá esta tierra en una zona de anarquismo, algo muy peligroso. El acuerdo está bien, el texto no es perfecto, pero lo más importante en este momento es el contexto regional, hay que cambiar el contexto regional a través de la diplomacia, resolver el problema de Siria, el problema palestino…

¿Cree que hay margen, en este sprint final de la presidencia de Barack Obama, para intentar arrancar un proceso de paz entre israelíes y palestinos?

No soy muy optimista, francamente. Veo a Obama haciendo cosas importantísimas en Cuba, contra el cambio climático... Si empieza seriamente a trabajar la diplomacia en el tema sirio será un frente importante también y queda la asignatura pendiente de recompensar a Israel y a los saudíes por el acuerdo con Irán, de darles las garantías y las herramientas necesarias para contrarrestar ese resurgimiento de un cierto imperio chiíta que está creciendo en torno a Irán. ¿Dónde está la cuestión palestina? Desafortunadamente, ha sido relegada a un lugar secundario. Si los pueblos de Medio Oriente están hoy angustiados por algún tipo de nacionalismo no es por el palestino, sino por el kurdo, que preocupa en Turquía, preocupa en Siria y en Irak, donde están naciendo semiestados autónomos… Estamos hablando de 30 millones de kurdos, un tema que afecta a tres o cuatro estados clave de la zona. Esto y Daesh, claro, es lo que más preocupa en este momento. Así que los palestinos interesan menos a los países árabes. Hay cosas más urgentes.

Dice el escritor David Grossman que "la oscuridad se ha infiltrado en Israel", a propósito de la violencia de los colonos y de los radicales religiosos judíos. ¿Es tan grave y profundo ese mal como se teme Grossman? ¿Cómo se arranca, si es así?

Es muy muy grave y estoy profundamente de acuerdo con Grossman. Se ha creado en los Territorios un movimiento de colonos fanáticos, nacionalistas y religiosos que han secuestrado la voluntad del país llevándolo a senderos moral y políticamente muy peligrosos. Y la única buena noticia que veo es que el gobierno ha reaccionado, se ha detenido a los cabecillas, los servicios de seguridad e inteligencia que tradicionalmente han estado enfocados en el enemigo árabe-palestino se han girado para poner mucha más atención en esos núcleos tan peligrosos que han surgido en el seno de los colonos. Pero lo que sí sigue preocupándome es que este tipo de grupos suelen tener una voluntad y una determinación y una dedicación mucho mayor que la mayoría silenciosa. El radicalismo gana no por ser mayoría, sino por tener más determinación que la sociedad, que normalmente es semipasiva. Eso me preocupa. Hace falta más determinación.

Palestina está iniciando una estrategia internacional de reconocimiento de su estado muy potente, por países y en Naciones Unidas, y apuesta por denunciar a Israel en la Corte Penal Internacional. ¿Puede ese empuje causar algún cambio en los próximos meses?

Ciertamente lo espero. Hace años que he perdido la esperanza de que israelíes y palestinos puedan llegar a un acuerdo libremente negociado entre ellos. Eso no va a ser posible. Diferente es si hay un marco internacional, muy robusto, hermético, en el que los países clave de la zona como Egipto, Jordania o Arabia Saudita, más la comunidad internacional, Rusia, la ONU, EEUU, Europa… puedan crear un marco internacional de presiones e incentivos, una mezcla de ambos para llegar a un acuerdo. Creo que si Obama fuera capaz de aceptar una resolución vinculante en el Consejo de Seguridad en torno a la cuestión, y hablo de una resolución que defina los parámetros exactos, los más exactos posibles, de una solución, como por ejemplo los parámetros de paz de Clinton... Si aquellos parámetros se pudieran convertir en una resolución, se crearía un texto que EEUU no vetaría en el Consejo de Seguridad, porque sería una idea suya, norteamericana. Eso sería un paso gigantesco hacia adelante.

Pero ¿hay debate acaso sobre el tema en Israel?

El problema que la democracia israelí tiene en estos días es que la cuestión de la paz con los palestinos ya no está sobre la mesa, no está en la agenda, nadie verdaderamente lucha por la paz en la familia política israelí, porque nadie cree en ella, por desconfianza hacia el interlocutor palestino, por Hamás, por la fragmentación de los partidos y un montón de otras razones. Porque es conveniente borrarlo de la conciencia. Para muchos israelíes el conflicto palestino está en el lado oscuro de la luna, no lo ven, no existe, no es su tema. Por eso una resolución de este tipo, que se ponga de una forma contundente sobre la mesa, obligará a la opinión pública israelí a tomar posturas en torno a esta propuesta. Las elecciones en Israel, a diferencia de lo que la gente cree fuera de Israel, no son elecciones que giren en torno a cuestiones de guerra o de paz, se hacen en torno a cuestiones más domésticas, tensiones entre religiosos y no religiosos, frecuentemente es una guerra cultural, como en EEUU entre demócratas y republicanos, lo que les diferencia es el aborto, el matrimonio gay… Si hay que devolver territorios o no hay que devolver territorios no entra tanto. Una resolución de esta naturaleza obligaría a la opinión pública israelí a votar en elecciones casi plebiscitarias en torno a esta cuestión.

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