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Yanis Varoufakis: "Si la desintegración europea continúa vamos a terminar como en los años 30"

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Yanis Varoufakis apenas estuvo cinco meses en el Gobierno griego de Alexis Tsipras pero nada más llegar desafió a la troika en su intento de buscar un soplo de oxígeno para una Grecia agonizante. Sin traje y corbata, y con pocas dotes diplomáticas, el deslenguado profesor de economía quedó aislado en el Eurogrupo. Al poco dimitió, cuando su primer ministro aceptó un programa de rescate que para él significó "la culminación de un golpe de Estado". Desde entonces denuncia la crisis democrática de una Europa que en su opinión se desintegra.

Este fin de semana está en Madrid para presentar un movimiento social, DiEM25, que pretende frenar esa deriva "que amenaza con acontecimientos terribles para los próximos diez años". Quiere salvar a Europa de un revival de los años 30 a base de democracia, y su fórmula es usar el sentido común para seducir tanto a socialdemócratas como a liberales, e incluso a conservadores moderados. Más internacionalización y menos nacionalismos, que en su opinión son "ideas desesperadas" consecuencia de la ruptura europea.

Cuando le apuntan con la cámara el tipo afable que recibe a El Huffington Post y La Marea con una sonrisa muta en un gesto serio y grave, pero entre foto y foto es fácil sabotearle la pose con alguna broma. En un hotel madrileño, en medio de un intenso fin de semana de conferencias y entrevistas, expone su solución para salir "del desastre en el que nos encontramos" en una "crisis con metástasis", y hasta ejerce de consejero del próximo ministro de Economía español.

¿Qué es el movimiento DiEM25 y cuáles son sus objetivos?

Los objetivos son muy simples: parar la desintegración de Europa, que amenaza con acontecimientos terribles para los próximos diez años. Eso es el DiEM25. Creemos que la única manera de hacerlo es a través de la democracia, de la democratización de las instituciones de la Unión Europea y de la racionalización de la política. Y que, digamos, en dos años, podamos iniciar un proceso para formar una Asamblea Constituyente que elabore una Constitución Europea en condiciones que sea diseñada, redactada y firmada con un guión escrito por todos en Europa, desde los de más abajo hasta los representantes elegidos en esta Asamblea. Tenemos que reemplazar todos los tratados, que hasta el momento has sido contradictorios, imposibles de leer, con muy poco sentido desde el punto de vista financiero, y que están condenando a Europa a la desintegración que he descrito.

Esta desintegración no pasa porque a los europeos no les guste la idea de Europa, sino porque están perdiendo la confianza y la fe en la capacidad de las instituciones europeas

¿Qué fuerzas deben impulsar este proyecto?

Ustedes, yo, todo el mundo. ¿Qué tal los ciudadanos de Europa? Los que han sido estafados y tratados con desprecio por los poderes en Bruselas, en Frankfurt.

Si fracasa, prevé “dificultades nunca vistas en todas partes”. ¿Puede explicar a qué se refiere?

Sólo tiene que mirar a su alrededor. Mire los niveles de desempleo en Europa, es insostenible. Mire el nivel de inversión que tenemos en Europa, extremadamente bajo. ¿Por qué cree que un número relativamente reducido de refugiados ha generado este pánico moral? Ya estábamos divididos entre el norte y el sur, ahora también lo estamos entre el este y el oeste. Esta desintegración no pasa porque a los europeos no les guste la idea de Europa, sino porque están perdiendo la confianza y la fe en la capacidad de las instituciones europeas para mantener el núcleo unido.

En Berlín [donde presentó DiEM25 el 9 de febrero] habló de la “nacionalización de la esperanza” en relación a la desintegración europea. ¿Cree que los partidos y movimientos de izquierda contribuyen a este fenómeno?

Cuando Europa se rompe por fuerzas centrifugadoras -piense en lo que ocurrió en Grecia el pasado mes de julio, cuando la democracia fue aplastada por razones que no tenían nada que ver con Grecia- la gente desesperada tiende a tener ideas desesperadas. Se dicen: “Al diablo Europa, si nos tratan así, volvamos al Dracma. Construyamos vallas con otros países. Volvamos a la autarquía". Por supuesto esto es un gran error, porque no ayuda a nadie. A los únicos a quienes ayudan es a Amanecer Dorado, a los Le Pen, a los ultra nacionalistas de derecha, y vuelve a unas naciones contra otras en una nueva versión de los años 30. Esta es la nacionalización de la esperanza. La esperanza de que puedas esconderte en el abrazo del Estado nación. A eso me refería. Algunos en la izquierda, que tratan de reflejar la ansiedad de la clase trabajadora, de la gente que sufre, son propensos a esto. Pensar en socialismo en términos nacionales, como defendía Stalin, es un error. Pero es comprensible. Lo que hacemos en DiEM es intentar traer la esperanza de que hay otra forma de hacerlo, que es el internacionalismo en lugar del nacionalismo. Hay que democratizar Europa para afrontar la crisis donde está ocurriendo: en los cimientos de Europa.

Es muy importante que en la izquierda aprendamos a respetarnos los unos a los otros en el desacuerdo. Esto es algo en lo que hemos fallado enormemente y de forma trágica en el siglo XX

Usted apela al sentido común y dice que no es un “lunático de izquierdas”. ¿Ha visto alguno en Madrid estos días?

No recuerdo haberme referido a “lunáticos de izquierdas”.

Fue en referencia al Eurogrupo. Usted decía que no era un “lunático de izquierdas”... [“Si yo fuera un lunático loco de izquierdas, no habrían tenido miedo de mí”]

A mí me pintaban como a un lunático de izquierdas, pero nunca me he referido a los lunáticos de izquierdas. Hay una diferencia. Desde luego no he visto a lunáticos de izquierdas. He visto gente en la izquierda con la que no estoy de acuerdo. Que dicen “la UE fue una mala idea, vamos a desintegrarla y volver a nuestras naciones Estado”. Es una visión legítima, con la que no estoy de acuerdo, pero no la llamaría lunática. Que yo fuese descrito como un lunático recae sobre [Jeroen] Dijsselbloem y toda esta gente que filtraba información falsa, no en mi relación con el resto de la izquierda, con la que puedo discrepar. Es muy importante que en la izquierda aprendamos a respetarnos los unos a los otros en el desacuerdo. Esto es algo en lo que hemos fallado enormemente y de forma trágica en el siglo XX. Nos hemos puestos los unos a los otros en gulags, y nos hemos denunciado mutuamente, como hicieron los cristianos (los protestantes, los católicos, los ortodoxos). Tenemos que parar con esto. En la izquierda tenemos que ser respetuosos unos con otros y con la gente que no está en la izquierda, con los que tenemos desacuerdos.

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¿Cree que Podemos y el PSOE deben formar Gobierno juntos?

No me corresponde a mí opinar, pero al final no importa, realmente da igual. Lo que importa es el cambio, no quién esté en el Gobierno. Miren a Syriza. Entramos, luchamos, y nos rendimos. Ahora hay un Gobierno de Syriza ejecutando un programa inaplicable. ¿Importa que lo ejecute Syriza o alguien distinto? No. Lo que importa es la determinación para traer un cambio razonable de forma que esta deflación que amenaza a Europa termine.

Si fuera el consejero del próximo ministro español de Economía, ¿qué prioridades fijaría?

Inversión y banca. Deben dejar de fingir que la banca española ya está saneada, porque no lo está. Está en grandes apuros, como en el resto de Europa. Y exijan de los socios europeos una estrategia distinta para crear una unión bancaria en condiciones, una de verdad. Usen el Mecanismo Europeo de Estabilidad como una forma de financiar resoluciones bancarias. Que el BCE reemplace los consejos de dirección de los bancos basura en España. Esa es la prioridad principal. Y la segunda es la inversión. Y de nuevo, no pueden tener una política de inversiones adecuada en España si no se tiene en toda la Eurozona. Así que demanden una reevaluación de lo que hay que hacer en materia de inversión. Tomen el Plan Juncker, que como la unión bancaria es una fantasía imaginaria, no un plan real, y creen un plan de verdad con el BEI al frente junto a bancos de inversiones regionales, en colaboración con municipalidades y Estados. Esto es lo que debe hacer el nuevo gobierno español, y el de Francia e Italia. Es la única forma de salir del desastre en el que nos encontramos.

Deben dejar de fingir que la banca española ya está saneada, porque no lo está. Está en grandes apuros, como en el resto de Europa

Si se unen en una coalición, Podemos y PSOE quieren renegociar los objetivos de déficit con Bruselas. ¿Cree que tienen más posibilidades de conseguirlo ahora que hace un año?

Sí, pero es irrelevante. Solo habrá diferencias marginales, más o menos décimas porcentuales. ¿A quién le importa? Tenemos una gran depresión en la periferia europea, que está tomando diferentes formas por las provisiones de liquidez del Banco Central Europeo (BCE), pero faltan inversiones. Esta crisis es horrible en España, en Portugal, pero también en Alemania. Tenemos que recordar, piensen en esto por un segundo, que tenemos el nivel más bajo de inversiones en Alemania desde 1945. Tenemos un serio problema en la Eurozona, así que unas décimas porcentuales arriba o abajo en el presupuesto de Portugal, España o Grecia es como reorganizar las sillas en la cubierta del Titanic. Lo que importa es que el nuevo Gobierno español o el portugués vayan a Bruselas y no se centren en pequeños detalles sobre el presupuesto, sino que renegocien las reglas de la Eurozona, que cambien las políticas del BCE. Es absurdo que que el BCE tenga que comprar 60.000 millones de euros al mes, principalmente de bonos alemanes, empujando los intereses a la baja sin ayudar a Portugal o España, en lugar de comprar bonos del Banco Europeo de Inversiones (BEI) en grandes cantidades, y que el EIB se embarque en un gran acuerdo para Europa e invierta en nuevas tecnologías y energías verdes. Estas son las cosas que se deberían estar haciendo. Por esto los gobiernos progresistas no deberían entretenerse negociando pequeños porcentajes.

No vamos hacia una nueva crisis porque todavía estamos en la de 2008. La crisis tiene metástasis, se ha ido de un lugar a otro, pero no ha pasado

¿Está de acuerdo con los analistas que dicen que se dan las condiciones para una nueva crisis financiera en la UE?

No vamos hacia una nueva crisis porque todavía estamos en la de 2008. Aún no nos hemos recuperado. Lo que ha pasado es que Mario Draghi, muy hábilmente, controló la crisis de los bonos, pero al hacer eso, la crisis emergió en otro sitio: en la inversión, en la deflación. La crisis tiene metástasis, se ha ido de un lugar a otro, pero no ha pasado. La tragedia es esta, y los griegos lo saben bien. El resto del mundo se ha recuperado, mientras Europa no lo ha hecho. Pero ahora el resto del mundo se está dando otra zambullida. Tenemos la tormenta perfecta en los mercados emergentes con la caída de los precios de las materias primas mientras el dólar sube. Esta combinación va a traer un reto enorme al capitalismo global. Europa es responsable de enormes dificultades innecesarias, tanto aquí como en el resto del mundo, por no ayudar a prevenir esta caída.

¿Cree que la crisis de los refugiados es más peligrosa para la Unión Europea a largo plazo que la de Grecia?

No debería ser una crisis. Europa es lo suficientemente grande y rica para poder gestionarla. El hecho de que estemos viviendo una crisis existencial por los refugiados simplemente revela la desintegración del proyecto europeo. Hemos creado una moneda común sobre bases poco sólidas que empezaron a implosionar en 2008, con la gran crisis financiera internacional. Hemos fingido solucionarla pero la hemos extendido y entonces, entra un pequeño shock exógeno, que son los refugiados, y todo estalla. Europa necesita reforzar sus cimientos, porque si esta desintegración continúa, vamos a terminar como en los años 30.

¿Qué le recomendaría a Tsipras sobre la crisis de los refugiados?

Creo que el Gobierno griego lo está haciendo lo mejor que puede. Las demandas de varios líderes europeos, que por un lado presionan a Turquía para que abra la frontera y deje pasar a los refugiados desde una Siria devastada por la guerra, y que a la vez piden a Tsipras que cerremos nuestra frontera y que la OTAN intervenga -¿para hacer qué? No entiendo exactamente qué pueden hacer los buques de la OTAN excepto recogerles, espero que no para devolverles por donde han venido-, estas demandas demuestran que tenemos un serio problema en Europa: estamos perdiendo nuestra integridad y nuestro alma. Así que Tsipras tiene mi solidaridad en esto. Y los griegos, que llevan años sufriendo una gran depresión y están abriendo sus casas, sus tiendas y sus corazones a los refugiados -no todos, pero la gran mayoría- deben ser elogiados en lugar de ser tratados como culpables por el resto de la UE, que quiere construir campos de concentración en Europa (lo que llaman hotspots).

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¿Y sobre la evaluación pendiente del rescate?

Sobre el cumplimiento del memorándum es como preguntarme qué recomiendo al primer ministro griego acerca de la cuadratura del círculo. No puede hacerse. Pueden fingirlo, como han hecho desde 2010, pero no puede hacerse. La razón por la que dimití es muy clara. Me negué a firmar un acuerdo que todo el mundo sabe que no puede funcionar. Tomamos un nuevo crédito con condiciones que garantizan la imposibilidad de devolver las ayudas anteriores y las nuevas. Y mi desacuerdo con el primer ministro era por eso. Le dije: estás aceptando un conjunto de medidas y de objetivos imposibles de alcanzar con esas condiciones. Serás juzgado y evaluado en base a esos objetivos que no se pueden conseguir si haces lo que te han dicho que hagas. Así que estás aceptando un proyecto imposible. Este programa estaba diseñado para fracasar. Nadie creía en él. Christine Lagarde admitió en el último Eurogrupo en el que estuve que la deuda griega no es sostenible. ¿Entonces para qué dar más créditos, si no es sostenible? No tengo ninguna duda de que Mario Draghi está de acuerdo con lo que acabo de decir. Y el FMI. Wolfgang Schäuble fue muy explícito en nuestras conversaciones: él no lo cree tampoco. El propio Tsipras lo describió como un golpe de estado. No tengo duda de que Angela Merkel, que es una política muy astuta e inteligente, también lo entiende. Piénsenlo. Toda Europa, todos los líderes, saben que este es un programa fallido y todos lo defienden. Esto es a lo que ha llegado Europa.

¿Por qué?

Es negación. En 2010 la bancarrota estalló y de repente, parte de Europa se dio cuenta de lo que muchos llevábamos diciendo desde 1992: que no se podían cumplir las reglas de la Eurozona. Se pudo durante un tiempo, pero no con la crisis. ¿Entonces qué decidieron hacer para fingir que se estaban respetando las normas, mediante ingeniería financiera, con una deuda inviable como la griega? El Banco Central griego entró en bancarrota y le dieron el mayor crédito de la historia con condiciones que menguarían los ingresos nacionales. Un niño de 10 años te diría que esto no puede terminar bien. Cometes este error catastrófico, que no fue un error, sino una forma de rescatar a Deustche Bank, Societe Generale, y estos bancos, a través del Estado griego: darle dinero a Grecia para que se los dé a ellos, porque no puedes ir al Bundestag y decir: “Voy a rescatar al Deustche Bank”. Cuando haces eso, en algún momento, muy pronto, tienes que dar aún más dinero. Como personas, si estamos arruinados y no podemos pagar la hipoteca, pero no queremos decirlo, y el banco no quiere revelarlo tampoco y nos da una tarjeta de crédito para sacar dinero y pagar la hipoteca, entonces nos tendrá que dar una segunda tarjeta de crédito, y una tercera. Y la situación se hace más grande. La tragedia, en el caso de un Estado, es que la economía se encoge muy deprisa, porque los inversores son listos, ven que estás en bancarrota y que la cosa no puede terminar bien. Y no invierten, y te encoges aún más. Esto es una espiral deflacionaria de la deuda que lleva al abismo. Y esto es lo que han estado haciendo todo este tiempo. Es muy sencillo.

Sobre el cumplimiento del memorándum es como preguntarme qué recomiendo al primer ministro griego acerca de la cuadratura del círculo. No puede hacerse

Si pudiera dar marcha atrás en el tiempo, ¿cambiaría algo de lo que hizo en el reunión del Eurogrupo de Riga?

¡No, claro que no! Si lee lo que dije allí, no podría haberlo planteado de otro modo. Ojalá el representante del Fondo Monetario Internacional y otros miembros de la troika hubieran dicho otras cosas. La pregunta interesante no es si yo hubiese dicho algo diferente en el Eurogrupo de Riga, sino qué podíamos haber hecho con anterioridad al 24 de abril para asegurarnos de cortarle las alas a la troika y que empezara a hablar con nosotros seriamente sobre una reforma real de la economía griega, en lo cual no estaban interesados.

Entrevista realizada en colaboración con Thilo Schäfer, de La Marea.

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