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19/02/2014 09:57 CET | Actualizado 19/02/2014 10:05 CET

Arco 2014: cinco momentos polémicos en la historia de la feria

La feria española de arte contemporáneo ARCO inaugura este miércoles una nueva edición y en esta ocasión lo hace con buenos augurios en vez de con polémica. La bajada del IVA artístico del 21% al 10% ha desatado previsiones positivas. Se calcula que el evento, cuyo presupuesto es de 4,5 millones de euros, generará 80 millones de euros a la Comunidad de Madrid.

Pero su compleja estructura organizativa y las obras expuestas ha garantizado desde su creación en 1982 varias polémicas que repasamos a continuación. Quizás este año se sume otra a la lista:

  • Franco refrigerado. Merino repitió polémica en la edición del 2012 con su escultura de Francisco Franco metida en un nevera para refrescos en pleno debate por la Ley de la Memoria Histórica. La Fundación Franco interpuso una demanda contra el artista que la juez Rocío Nieto Centeno desestimó finalmente.
  • Juana de Aizpuru. La galerista es, en sí misma, polémica cuando su nombre se asocia con el de la feria. Apodada por sus amigos (o sus enemigos) como Juana de ARCO, en 1982 se convirtió en su primera directora y en el 86 tuvo que dimitir de su cargo ante las crecientes críticas a su gestión por parte de la Asociación Profesional de Galerías de Arte. Además de denunciar el déficit que generaba ARCO en sus primeras ediciones, no consideraban lógica que fuera una galerista en activo, y con intereses particulares, la que decidiera sobre el acontecimiento que representa al sector a nivel internacional. A pesar de su ausencia en el comité organizativo, no ha dejado de criticar las actuaciones de sus sucesoras en el cargo. En 2010 publicó una carta abierta machacando a la feria.
  • Predilección por las galerías extranjeras. En la edición del 2008 la controversia sobre la participación en la feria miraba en sentido completamente contrario. Varias de las galerías nacionales incondicionales de ARCO no fueron admitidas en favor de las galerías extranjeras. Algunas de las que se quedaban fuera del evento amenazaron con denunciar a la feria de arte española.
  • Revolución catalana. El año pasado siete galerías catalanas a punto estuvieron de no presentarse en la feria tras protestar de forma pública por el elevado coste de alquiler de los stands. Finalmente decidieron ocupar menos espacio del pensado inicialmente para que ARCO considerara sus reclamaciones. Este año parece que la presencia catalana recupera su normalidad.
  • NUEVOS TIEMPOS