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09/03/2018 07:22 CET | Actualizado 09/03/2018 14:27 CET

Cinco razones por las que nunca visitaremos Teruel

La trufa, el arte mudéjar y los restos paleontológicos echan para atrás a cualquiera.

Cierto es que Teruel nunca ha sido uno de los destinos turísticos más cotizados de nuestro país. Ni por aproximación. La campaña que la provincia puso en marcha hace unos años, Teruel también existe, era una evidente llamada de atención sobre la situación de olvido que sufría.

Pero aunque haya pasado desapercibida para muchos, la historia, la geografía y la naturaleza han sido generosos con esta tierra y son muchas las cosas de las que puede presumir. Pocos son los que se han dado cuenta de que descubrirla es pasear por la Toscana italiana, conocer conmovedoras leyendas de amor, admirar la historia de España o trasladarse a un escenario de Jurassic Park.

Así, a bote pronto, si a la mayoría de nosotros nos preguntan qué podemos ver en Teruel, qué podemos comer o dónde podemos dormir... ¿Qué se nos ocurre?

En Teruel no hay nada que ver

La provincia tiene diez comarcas de las que poco se sabe pero que son toda una sorpresa. Una de las más visitadas es Matarraña a la que se compara con la bucólica región italiana de la Toscana.

Con el río que da nombre a la comarca como espina dorsal, se trata de un territorio de inmensas extensiones de almendros y olivos, con una generosa naturaleza y salpicado de bonitos pueblos de color ocre.

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Valderrobles es su capital, una preciosa localidad con numerosos vestigios de su esplendor medieval: casas solariegas, iglesias, puente y castillo. Tampoco desmerecen Calaceite, uno de los conjuntos arquitectónicos mejor conservados; Peñarroya de Tastavins, salpicado de ejemplos de arquitectura mudéjar; Beceite, con sus cinco portales que dan entrada a su casco histórico medieval... Sin olvidar Mazaleón, Ráfales, Monroyo, Lledó...

A nadie le gusta la trufa

Jamón, aceite, melocotones, vino... son la materia prima más destacada de la despensa turolense. Pero sin duda la gran estrella es la trufa negra (Tuber melanosporum).

Se trata de un hongo que crece bajo la tierra y para su recolección se utilizan perros adiestrados. Es un ingrediente valoradísimo en gastronomía por su inconfundible aroma y en el mercado alcanza elevados precios. Este año, por un kilo de trufa negra se están pagando entre 400 y 600 euros.

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Teruel es la principal zona productora del mundo de esta joya culinaria y son muchos los establecimientos de la provincia en los que degustarla en la mejor de sus versiones. (Además, hasta el 4 de marzo, todo Teruel celebra la jornadas gastronómicas dedicadas al oro negro de la cocina).

Es tan antigua que te puedes encontrar dinosaurios

No es el misterioso Egipto, ni la insólita Sabana africana, ni la trepidante jungla amazónica... Pero Teruel tiene el orgullo de ser uno de los referentes en el mapa mundial de la paleontología.

Desde 1998, año en el que abrió las puertas Territorio Dinópolis, un gran parque temático paleontológico, Teruel se ha convertido en un perfecto Parque Jurásico. Está formado por un parque principal, Dinópolis, ubicado en Teruel, y por siete sedes más en diversas localidades de la provincia de Teruel: Legendark (Galve), Inhóspitak (Peñarroya de Tastavins), Bosque Pétreo (Castellote), Región Ambarina (Rubielos de Mora), Mar Nummus (Albarracín), Titania (Riodeva) y Valcaria (Ariño), en las que ha habido hallazgos paleontológicos de gran relevancia internacional.

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El primer dinosaurio español, el Aragosaurus, se encontró en la localidad de Galve; y el Turiasaurus riodevensis, el dinosaurio más grande de Europa y uno de los mayores del planeta, se encontró en Riodeva.

Sus pueblos no tienen vida

¿Quién no ha escuchado hablar de Albarracín? Numerosos premios y reconocimientos avalan la belleza de un pueblo que ha conseguido conservar el encanto de sus orígenes medievales, de sus estrechas calles y de sus murallas.

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Y la culpa de esto la tienen, además de sus vecinos, la Fundación Santa María de Albarracín, que este año celebra su 22º aniversario. Se trata de una organización centrada en la conservación, recuperación y activación del patrimonio arquitectónico, cultural y natural de este pueblo.

El resultado es incuestionable: cada año miles de turistas descubren este bonito pueblo de fachadas rojizas que los reyes eligieron como primera parada de su luna de miel.

Nadie conoce a nadie de Teruel

Por estadística es mucho más difícil conocer a alguien de Teruel que de Sevilla, por ejemplo. Con 137.000 habitantes, es la provincia española con menos densidad de población: 9,4 habitantes por kilómetro cuadrado.

Aunque a poco que nos pongamos a pensar, alguien se nos ocurre... ¡Sí, claro, los amantes de Teruel! Juan Diego de Marcilla e Isabel de Segura, una de las parejas más conocidas de España —con permiso de Amaia y Alfred—, son protagonistas de un amor imposible, de una leyenda que se ha llevado al teatro —por Tirso de Molina— y que protagonizó pinturas en su época.

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Más de siete siglos después, el mausoleo de los amantes es uno de los principales reclamos turísticos de la capital que gracias a ellos se ha convertido en la ciudad española del amor.

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