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Del perr(eoo) a la fiesta latina: Bad Bunny se corona en Madrid y exhibe un show que no tiene etiquetas

Del perr(eoo) a la fiesta latina: Bad Bunny se corona en Madrid y exhibe un show que no tiene etiquetas

El puertorriqueño demuestra por qué es el número 1 global en un concierto pletórico en su segunda noche en Riyadh Air Metropolitano de Madrid.

Bad Bunny durante el primer concierto en el Metropolitano de Madrid.
Bad Bunny durante el primer concierto en el Metropolitano de Madrid.Europa Press via Getty Images

Hay artistas que son inclasificables. Hace unos años, podría resumirse a Bad Bunny como un reguetonero o trapero de Puerto Rico, en la mayoría de los casos eso iría acompañado de un tono despectivo. Pero poco queda de eso.

La salsa, la plena, el merengue o el pop más nostálgico han inundado este domingo el Riyadh Air Metropolitano de Madrid y se han bailado con más o igual fuerza que el reguetón más desfondado o el trap más clásico. Sin importar el calor ni que al día siguiente, lunes, un buen porcentaje de los asistentes madrugase.

Las más de dos horas y media de recital de Bad Bunny han acercado Puerto Rico a la capital por segundo día consecutivo —y aún quedan ocho fechas más por delante–. Benito Antonio Martínez Ocasio, el artista más escuchado del mundo, se ha convertido sin duda en el mejor embajador de su país en todo el globo. Argumentos no faltan y muestra de ello es que entre su público no solo había, ni mucho menos, juventud, ni esas clases bajas a las que se ha asociado (y que impulsaron) tradicionalmente el reguetón.

Su espectáculo de la gira Debí tirar más fotos se ha convertido en toda una oda a su tierra, desde la instrumentación con la orquesta y Los Sobrinos, a sus distintos outfits. Apareció con un traje de chaqueta beige, entre un ensordecedor estruendo del público, para interpretar La Mudanza, y luego se trasladó a La Casita vestido con gorra, shorts y gafas de sol.

Algunos se llevaban las manos a la cabeza cuando hace más de un año batió el récord de entradas vendidas (los paquetes más exclusivos superaban los 500 euros), con medio millón de billetes en la capital, pero lo cierto es que la expectación mereció la pena desde los primeros acordes de La Mudanza, introducido por un tierno diálogo entre una madre y un hijo madrileños.

Este primer tema, que comenzó con el rictus serio del artista que rompió en una amplia sonrisa tras más de un minuto de ovación, abriría el primer bloque de auténtica fiesta caribeña marcada por las instrumentales de viento y percusión y cargado de temas de Debí Tirar Más fotos. Pero también con el hit Callaita, de su disco Un verano sin ti, con pirotecnia incluida y en una versión más salsera que la de estudio, que desató a los asistentes.

"El día de ayer fue un día mágico, un día especial. Fue el día en el que regresé a Madrid después de tanto tiempo y es una cosa muy bonita. Pero, por mi experiencia, la segunda noche siempre es mejor, pero qué pasa que voy a estar diez noches", empezó diciendo el artista al saludar al público. Un gesto que desató a todos los presentes, pero en especial a Los Vecinos a los que dedicó los sones sones del cuadro venezolano. Esas localidades VIP, la de Los Vecinos, salieron a la venta hace poco más de un mes. Con esos sones abriría el nostálgico Pitorro de Coco, en el que el público se dejó la garganta.

Pero uno de los momentos álgidos llegó con solo escuchar los sones de ese "Si te quieres divertir..." del Gran Combo De Puerto Rico. Con NuevaYoL el público enloqueció, entre pirotecnia y un despliegue de bailarines de salsa sobre el escenario, mientras que los sones de Los Sobrinos callaban bocas de esos que dicen que Bad Bunny no hace música.

Pero el público venía ya entregado antes de comenzar el recital, que tuvo como predecesores a sus compatriotas: Chuwi. El cuarteto llegó antes de las 19 horas sin otra premisa que "contar historias de Puerto Rico y pasarla cabrón" con seis vibrantes canciones como Rico y Pico y Tierra. Luego volverían a subirse al escenario para interpretar con el protagonista, Weltita.

Los momentos más melancólicos de este primer bloque llegaron con Turista, con la que Benito pidió a cada uno de los asistentes que agarrarse a ese ser querido con el que haya ido o "abrazarse a uno mismo" si ibas solo. Y con Baile Inolvidable, unos de los temas más especiales para él, según Benito, que convirtió el Riyadh Air Metropolitano en un auténtico salón de salsa.

"La razón número uno por la que estoy aquí es conectar la gente linda de España y todos los latinos que están aquí esta noche y para que, por un ratito, se olviden de lo que está pasando afuera", aseguró el artista al presentar esta canción ante el público, animando en una suerte de 'carpe diem' a exprimir las horas que quedaban por delante.

De hecho, no es casualidad que uno de los lemas más repetidos entre las camisetas de los asistentes era ese "mientras uno está vivo, uno debe amar lo más que pueda" que reza la canción.

No obstante, el directo se vio afectado por algunos parones en los que el público se enfrió unos minutos. Uno de ellos tras NuevaYol, antes del interludio del sapo concho, esa rana autóctona de Puerto Rico que Benito ha llevado a la fama mundial. Lo mismo sucedió cuando fue a saludar al público en La Casita, con el micrófono apagado, sin que nadie supiera lo que le decía el artista a sus fans durante casi cinco minutos y que provocó que el público se entretuviera haciendo la ola tras un tiempo de inactividad.

La experiencia no solo se remitía al concierto, sino que más de tres horas antes de que comenzase el recital, los alrededores del recinto ya estaban convertidos en una auténtica fiesta. Ni las altas temperaturas podían con los fans que ataviados al más puro estilo caribeño, con la bandera de Puerto Rico (aunque se colaban algunas arbonaidas andaluzas, enseñas canarias o banderas de Colombia, que hoy celebraba sus comicios). De hecho, los sones latinos clásicos con salsa, merengue y plena llenaron los minutos previos al concierto, con la excepción del toque español de Jarabe de Palo.

De la reivindicación de las raíces al perreo (eooo) sin complejos: la dualidad de La Casita (con Los Javis o Judeline) y el escenario

Antes de entrar al concierto, eran muchos los fans que pedían que Benito recordase alguna de las canciones de 'trap viejo' con las que empezó. El 'conejo malo', de la escuela de Arcángel y Delaghetto, y que ha bebido del reguetón más clásico de Wisin y Yandel o de Zion, ha marcado la diferencia en su trayectoria superando en cifras y éxito a sus predecesores.

Pero en su recital de esta segunda noche en Madrid, Bad Bunny no se olvidó de sus raíces y de esos hits clásicos que le llevaron a la fama como Diles, con el que salto a la fama precisamente colaborando con grandes nombres del reguetón, pero también Bichigyal, MONACO o Yonaguni.

Con la canción exclusiva de esta segunda noche, Teléfono nuevo, subió el trapero puertorriqueño Luar La L. Esta colaboración que bebe de la esencia de ese trap de PR con la que Bad Bunny empezó hace diez años forma parte de su disco Nadie sabe lo que va a pasar mañana. Además de estos temas, el trapero de 26 años hizo las delicias del público con dos de sus canciones más exitosas Caile y No te quieren conmigo,

De la parte instrumental marcada por Los sobrinos, La Casita marcó el auténtico perreo con temas con VeLDÁ, que encendió al público tras las recomendaciones turísticas (y tópicas) del sapo concho o ese Titi Me Preguntó, donde tanto el público como los rostros de La Casita, entre ellos los directores Los Javis, Javier Ambrossi y Javier Calvo –ganadores del premio a Mejor dirección en Cannes–, la actriz Hiba Abouk, el futbolista Héctor Bellerín o la cantante Judeline, lo dieron todo.

Eso sí, la visibilidad de La Casita se limita para la mayoría de los asistentes, excepto en las filas cercanas, a la pantalla, al menos cuando el artista se sitúa en la parte delantera o entre los celebrities invitados. Pero una realización quasi cinematográfica hace las delicias de aquellos que tienen lejos a su ídolo.

La fiesta siguió con Neverita o Si veo a tu mamá, un reflejo doble entre la dualidad de la reivindicación de lo auténtico y las raíces y el reguetón más clásico que le llevo al éxito. También el reflejo entre la intimidad de una puesta en escena de un salón de baile con orquesta a una casita llena de famosos, modelos e influencers, que ha sido muy criticada estos últimos días. El discurso que en la Super Bowl se tachó de reivindicativo ha pasado a tener a los más ricos en el centro, no ya por el elitismo de las zonas VIP de sus conciertos, sino por los invitados del artista a esta Casita.

Con Voy a llevarte pa PR, No me conoce o Me Porto Bonito, y Benito subido sobre el techo de la Casita, las gradas del Metropolitano temblaban al ritmo del dembow bajo los pies de los asistentes.

Con Bichiyal, las "casi solteras" del público y de La Casita lo dieron todo al perreo y las pantallas del estadio captaron el contoneo hasta abajo de las asistentes, mientras continuaba una pirotecnia casi continua desde las torres del estadio. Pero la fiesta se llevó al extremo con Yo Perreo Sola, el himno de empoderamiento con el que Bad Bunny rompió con el rol habitual del reguetón, y con la tanto ellos como ellas se entregaron.

Para seguir con el perreo ayudaron Safaera, con un Madrid entregado a "beber, gastar y fumar como un rasta, si Dios lo permite" pero también el icónico Diles y ese "que yo me sé tus poses favoritas". "La canción que me devolvió la vida hace 10 años y siguen cantándola con la misma fuerza", dijo tras este tema.

No solo baile y perreo: un regreso a la nostalgia

Tras este viaje por sus raíces traperas y el set más urbano del directo, los sones latinos volvieron de la mano de Los pleneros de la Cresta y ese Café con Ron con el que el público volvió a la fiesta latina, invitando al público a levantar su bandera.

Ese Bad Bunny viejo, que ya vimos en la Gala Met, se trasladó a Madrid en el último interludio, el más nostálgico, con temas como Ojitos Lindos, Yonaguni o La Canción, acompañados de un cuerpo de baile que deambulaba por el escenario.

De nuevo, en el escenario principal, Benito se volvió a cambiar de vestuario, con chaqueta blanca, gorro con orejeras, vaqueros y guantes con cristales de Swarovski. Sí, sin importar las altas temperaturas.

El romanticismo de KlouFriends rompió con un duo de bailarines en el escenario mientras en la pantalla varias mujeres desfilaban cantando la canción dentro ese característico circulo verde de Instagram.

Pero en este bloque también había espacio "para los que le quede energía", que lo diesen todo saltando con DÁKITI, volviendo a poner a prueba el sismógrafo del recinto. Pero todavía quedaban mensajes que dar.

Ese El Apagón que se convirtió en un himno de denuncia social por la crisis energética de Puerto Rico llegó dejando el estadio completamente a oscuras, literalmente, y con un nuevo parón que duró unos minutos más de los necesarios, pero que reavivó al público con ese "te gusta la salsa de Puerto Rico" que convirtió el estadio en una rave. Eso sí, sin pantallas, al puro apagón.

"Les voy a pedir que cuando escuchen las canciones que hemos bailado y hemos cantado hoy se transporten a esta noche con la gente que tiene a su alrededor y se convierta en un bonito recuerdo para siempre", dijo antes de entonar los primeros versos DtMF y provocar un "oooooh" rotundo del público mientras se mostraban fotos de los asistentes en las previas al concierto.

Después, un alegato para vivir el momento y "dejar a un lado el teléfono móvil" y una emotiva despedida. El concierto podría haber acabado como acabó la Super Bowl. Pero, tal y como dijo Bad Bunny desde La Casita, quien no haya "perreado es como si no hubiera estado está noche aquí". Y ahí venía la última oportunidad con ese Eeeoo, una oda al reguetón más duro.

Un cierre para todos esos que han llegado a Bad Bunny desde las raíces y la reivindicación de PR y que ahora no les avergüenza perrear hasta abajo. Porque Benito Antonio, ese que ahora se personifica tras el apodo en inglés, no quiere ni tiene etiquetas que le aten y después de derribar clichés del hombre hegemónico del género urbano como su juego con la expresión de género o su apoyo explícito al colectivo LGTBIQ+ y al feminismo, ha querido romper las barreras de la música. Más allá del trap y del reguetón, Benito ha encontrado la raíz tropical que le había acompañado toda su vida.

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Redactora de Life en El HuffPost. Graduada en Periodismo por la Universidad de Málaga (UMA) y Máster en Periodismo Cultural por la Universidad CEU San Pablo, ha colaborado con diversas webs culturales y ha trabajado como coordinadora de proyecto en la VII Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE. Desde 2017, en la sección de Life (antes Tendencias) de El HuffPost escribe sobre música, cultura y entretenimiento, pero también sobre feminismo y sobre el colectivo LGTBIQ+.

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