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08/04/2014 07:14 CEST | Actualizado 07/06/2014 11:12 CEST

Producto Interior Refinado (PIR)

Una vez el ocio y el trabajo se hicieron equivalentes -no sólo en cuanto a fatiga sino en cuanto a gasto-, y habiéndolo ocupado todo, como esas realidades que, paralelas, sólo son creíbles en la ciencia ficción vino a gestarse otro trabajo, lógico e igualmente bien remunerado: destruir empleo.

Todo empezó con el ocio. No con el tiempo libre sino con el ocio: emplear el tiempo libre en trabajar para otros. Cruceros, parques naturales, parques temáticos, chiringuitos, playa, festivales de música y museos. Qué esfuerzo.

Así, una vez el ocio y el trabajo se hicieron equivalentes -no sólo en cuanto a fatiga sino en cuanto a gasto-, y habiéndolo ocupado todo, como esas realidades que, paralelas, sólo son creíbles en la ciencia ficción vino a gestarse otro trabajo, lógico e igualmente bien remunerado: destruir empleo. Porque destruir empleo también es un empleo y genera millones de euros de beneficio. El empleo no se destruye gratis, alguien cobra por hacerlo. A alguien pagamos por ello. Si ya pagábamos por usar un tiempo libre que era nuestro, ¿por qué no pagar ahora para que nos hagan realmente libres: permanecer en el paro, no trabajar más? La lógica se cierra sobre sí misma, no es borrosa, sino cristalina, la cuadratura de un círculo de diámetro terrestre. La industria de generar desempleos, al mismo nivel de facturación que la de las grandes corporaciones, y cuya presencia hasta ahora no pasaba de la clandestinidad, del vicio oculto, de lo sonrojante o del innombrable tabú, ha emergido a la superficie. Está en el agua del grifo y en el aire de las calles. Ya sólo al ingenuo escandaliza.

De este modo, no habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades; todo lo contrario, muy por debajo. Es ahora cuando la máxima potencialidad de las leyes de los intercambios salvajes -no confundir con el capitalismo a secas- se manifiestan en todo su esplendor y potencia creadora.

En sus próximas vacaciones no viaje, no salga de su domicilio, nada de cervezas y paellas, nada de turismo de masas, nada de turismo de élite, nada de montaña ni playa, y sobre todo no haga caso a las Loterías y Apuestas del Estado, que son el maná de los incautos. Aprovisiónese de litros de agua, pan y poco más, cierre las puertas y ventanas de su casa y escuche cómo afuera, en la calle -si pega bien la oreja a la persiana podrá oírlo- el cuerpo social se eviscera a sí mismo.

En resumen: cuando se le acabe el Producto Interior Bruto (PIB) eche mano del Producto Interior Refinado (PIR).

Este artículo se publicó originalmente en el blog del autor.

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