La necedad gobierna el mundo
"No solo estamos en manos de un orate, sino también de un necio que confunde sus intuiciones con la realidad y que está dándose de bruces con ella".

El curso de la guerra de Oriente Medio transmite claramente una grave desorientación de parte de los agresores, los Estados Unidos e Israel. El curso vacilante de los acontecimientos demuestra que las dudas iniciales de Trump, quien durante varios días manifestó sus vacilaciones sobre la iniciación de la guerra o la prolongación de las negociaciones, no eran ficticias ni una estratagema para desorientar al adversario. Ahora se ve que Trump no tenía un plan, o, mejor dicho, había ideado un plan equivocado: en Venezuela, el secuestro de la pareja presidencial fue decisivo y puso el país de rodillas, a merced de la voluntad de Washington, en apenas unas horas. En Irán, el asesinato de Alí Jamenei, una proeza de los servicios de espionaje, junto a una cincuentena de altos cargos del régimen, no ha tenido ni mucho menos el mismo efecto: no ha influido apenas en el funcionamiento de un gran aparato de dominación que sigue intacto y que había tomado durante años todas las precauciones para minimizar los efectos de un bombardeo masivo. Hay que suponer que el acopio iraní de armamento convencional y las instalaciones para la fabricación de armas atómicas están a buen recaudo en las profundidades de la tierra. Además, todo indica que Irán, que ha percibido por su petróleo astronómicas sumas, las ha invertido en grandes arsenales de armas defensivas y ofensivas hasta poder desafiar a sus poderosos enemigos. Y en cuanto a la peregrina idea de provocar un levantamiento interno, en un país severamente controlado por la policía política, era obvio que sería inaplicable: la ciudadanía sabe que el primero que salga a la calle con un grito de disidencia caerá abatido de un disparo.
Ahora se ve, en fin, que el presidente norteamericano y sus adláteres no tenían ni idea de lo que costaría en términos de armamento, tiempo y dinero abatir un régimen autoritario edificado para la guerra y con unos arsenales prácticamente ilimitados. Tampoco calibró que un régimen teísta no se conmovería por la muerte de su cabeza visible, fácilmente sustituible. Y parece que no cayó en la cuenta de que, si fracasaba el intento de derrocar el régimen iraní en cuestión de horas, el cierre del estrecho de Ormuz generaría un problema energético mundial que afectaría a los precios del petróleo en todas partes, también en los Estados Unidos.
Muchos analistas piensan que tampoco se dio cuenta Trump de que, a la hora de la verdad, su capacidad militar tenía límites. Prueba de ello es que Washington está teniendo ya que derivar hacia Oriente Medio misiles de Corea del Sur… Y empieza a ser un secreto a voces que la guerra ilimitada de Irán está abriendo vías de agua en el sistema de guerra americano. Concretamente en las cercanías del otro punto caliente del planeta, Taiwan. Según un análisis de Bjorn Beam, en enero, la Marina de EEUU retiró del mar de China Meridional al grupo del USS Abraham Lincoln para reposicionarlo. El USS Gerald R. Ford pasó del Caribe al Mediterráneo como segunda plataforma. En el Pacífico occidental queda, en la práctica, el USS George Washington, con base en Yokosuka. El estrecho de Taiwán no registra, pues, una presencia sostenida de portaaviones. Pekín no ha podido pasarlo por alto.
El uso promiscuo de municiones añade presión. En el mar Rojo, el grupo del Eisenhower ha disparado 155 misiles de defensa aérea y 135 Tomahawk. La producción anual de Tomahawk ronda los 55, aunque un contrato reciente la elevará a 86. Cada misil de crucero que se utilice en esta guerra abierta es uno menos disponible para una eventual crisis en Taiwán. Y pronto comenzarán a llegar a USA los muertos en combate, sobre todo si, como comienza a rumorearse, los Estados Unidos optan por desembarcar efectivos porque de otro modo no podrán doblegar el régimen de Teherán. La llegada de los seis primeros cadáveres, recibidos por un Trump tocado con una gorra de béisbol, ha tenido un efecto enervante sobre la población.
Es evidente que Trump se juega las elecciones de noviembre en esta aventura descabellada. El multimillonario amigo de Epstein llegó al poder porque prometió estabilidad económica y precios bajos. También prometió que las preferencias de la Casa Blanca serían internas y no orientadas al exterior. La realidad es que el petróleo sube como la espuma y que USA ha emprendido alocadas iniciativas fuera. Atrás quedan la permisividad USA hacia el genocidio de Gaza y las sucesivas violaciones del Derecho Internacional: secuestros y ejecuciones sumarias en Venezuela, ejecuciones sumarias y bombardeos masivos en Irán, que incluyen también posibles episodios de genocidio como la muerte de 150 niñas en una escuela alcanzada por un Tomahawk el primer día de la guerra….
Los iraníes se han percatado de la debilidad de la posición de Trump, quien se expone a quedar en ridículo ante su propio país. De momento, ha perdido el control sobre el estrecho de Ormuz, que ha sido minado, mientras los republicanos estadounidenses comienzan a exigir que acabe esta guerra descabellada que no tiene buen cariz y que está amargando la vida de todo el mundo por sus efectos sobre la energía global.
En definitiva, no solo estamos en manos de un orate, de un belicista malcarado que está incendiando el planeta, sino también de un necio que confunde sus intuiciones con la realidad y que está dándose de bruces con ella. Harían bien sus compañeros de partido, las instituciones de control y los jueces del Tribunal Supremo americano parando los pies a este esquizofrénico presidente que se deja guiar por quirománticos, confunde sus deseos con la realidad y está destrozando muchos mecanismos globales que habían conseguido unas aceptables condiciones de equilibrio. Ojalá China no caiga en la cuenta de que no tendrá en el futuro ocasión mejor de adueñarse de la isla de Taiwan, lo que resultaría una humillante derrota para este sátrapa iluminado que ha hecho del poder un maloliente pantanal.
