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El 'No a la guerra' viene del 'OTAN NO': 40 años del referéndum y la 'trampa' de Felipe González que marcaron la historia

El 'No a la guerra' viene del 'OTAN NO': 40 años del referéndum y la 'trampa' de Felipe González que marcaron la historia

Se cumplen cuatro décadas de una fecha determinante para la democracia española. La última piedra de la Transición que puso el poder en el pueblo, pero con alguna que otra trampa que terminó provocando que la moneda cayera del lado del 'sí'.

Felipe González en un acto para promover el voto afirmativo para el ingreso de España en la OTAN en 1986.
Felipe González en un acto para promover el voto afirmativo para el ingreso de España en la OTAN en 1986.Cover/Getty Images

Las últimas semanas provocan flashbacks inevitables a tiempos pasados. Desde que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, enarbolara el famoso lema en contra de la participación de España en la guerra de Irak de 2003, 'No a la guerra', y resucitado por el conflicto internacional que se cierne sobre Irán desatado por los ataques de Estados Unidos e Israel, las referencias a otras décadas no han dejado de sucederse a lo largo de los últimos días. "Ya vivimos un apoyo de un Gobierno español a una administración estadounidense y no vamos a seguir el mismo camino", señalaba el presidente del Ejecutivo. 

Sin embargo, el lema que ha constituido un punto de referencia en España y fuera de sus fronteras viene de atrás, de una democracia que empezaba a dar sus primeros pasos de forma consolidada y que se encontró con su primer gran reto de forma prácticamente embrionaria. Dos décadas antes del 'No a la guerra' de Irak, España caminaba por la cuerda floja del dilema de la OTAN. Leopoldo Calvo-Sotelo anunciaba en el debate de investidura de 1981 el firme compromiso del país para entrar en la Alianza Atlántica, algo a lo que el grueso de la izquierda parlamentaria española se opuso tajantemente. Sin embargo, la entrada ya estaba más que definida. 

Este 12 de marzo de 1986, hace 40 años, se llevó a cabo el referéndum que definió la permanencia de España en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), una consulta que dividió al país y que acabó simbolizando uno de los primeros 'cambios de opinión' que determinaría el futuro del país y de la democracia tal y como se conoce hoy en día. 

Aquel episodio estuvo protagonizado por el entonces presidente del Gobierno, Felipe González, y por el viraje estratégico del Partido Socialista, que pasó de oponerse frontalmente a la alianza militar a pedir el voto favorable a su permanencia. De hecho, el cambio de posición de los socialistas no sólo se resumió a la palabrería habitual política, sino que desde Moncloa idearon una hoja de ruta para que la opción de permanencia en la OTAN fuera la más atractiva para la ciudadanía. 

Del "OTAN, de entrada NO" al referéndum

España había ingresado en la OTAN en 1982, durante el último gobierno de la Unión de Centro Democrático (UCD). Sin embargo, el PSOE llegó al poder ese mismo año con una posición muy clara: revisar esa decisión y permitir que los ciudadanos decidieran en referéndum. De hecho, la campaña de los socialistas puso como eje central el debate de la Alianza Atlántica y la garantía de que la opinión de la ciudadanía sería soberana. "OTAN, de entrada NO". El 'de entrada' fue la aportación que hizo Alfonso Guerra, la mano derecha y socio indiscutible de Felipe González, "por si acaso" había un cambio. 

Durante años, los socialistas habían defendido la salida de la alianza atlántica. De hecho, fue uno de los principales críticos cuando fue anunciado por Calvo-Sotelo en el debate del 81. La oposición al tratado militar se convirtió en uno de los ejes de la movilización de la izquierda durante la transición democrática y esencialmente para el Partido Socialista que fue de forma exponencial el que más rédito electoral logró con ello llegando a la Moncloa en los siguientes comicios generales.

Pero una vez dentro del Gobierno, el contexto internacional —la Guerra Fría, la voluntad de integrarse plenamente en Europa y la inseguridad de que Marruecos pudiera anexionarse a su territorio tanto a Ceuta como Melilla— cambió la estrategia de los socialistas que había conseguido un apoyo ciudadano sin precedentes desde entonces. España acababa de firmar su adhesión a la Comunidad Económica Europea y el alineamiento con las estructuras de seguridad occidentales se consideraba clave para consolidar esa integración. Muchos consideran este momento de tensión ciudadana como el último cimiento de la Transición o, mejor dicho, la última renuncia de la izquierda española.   

El resultado fue una decisión inesperada que dejó perplejos a cientos de miles votantes socialistas e incluso miembros de otras formaciones: el mismo partido que había prometido revisar la entrada en la OTAN acabaría defendiendo la permanencia.

Felipe González defendiendo la permanencia en la OTAN durante una rueda de prensa.
  Felipe González defendiendo la permanencia en la OTAN durante una rueda de prensa.Cover/Getty Images

La pregunta que inducía a la respuesta 

El referéndum se celebró el 12 de marzo de 1986 bajo un contexto muy premeditado que hacía que soplara el viento favorable para la postura que se barajaba en Moncloa. La pregunta no era si España debía entrar o salir de la OTAN, sino si debía permanecer en la Alianza "en los términos acordados por el Gobierno". Unos puntos muy concretos que trataban de diluir el grueso del contenido que suponía la permanencia y los tratados globales que conllevaba el acuerdo. 

Aquellos términos incluían tres condiciones que buscaban tranquilizar a una opinión pública mayoritariamente escéptica, por no decir contraria a la permanencia de España a una institución militar:

  • No integrarse en la estructura militar de la OTAN.
  • Prohibir la instalación de armas nucleares en territorio español.
  • Reducir progresivamente la presencia militar de Estados Unidos en el país.

El diseño de la pregunta y de esas condiciones fue clave para el resultado final. El Gobierno intentaba así presentar una permanencia "limitada" y "controlada", distinta y particular de la que existía en otros países aliados. Mientras, el "NO OTAN, Bases Fuera" resonaba en las calles de todas las ciudades españolas. Incluso, en el momento, el rechazo al giro de 180 grados que había protagonizado Felipe González protagonizaba las críticas de una parte considerable de la opinión pública. La conclusión estaba clara: el Gobierno quería que España permaneciera en la OTAN

Un resultado ajustado

De la Transición hay una frase famosa de Adolfo Suárez cuando, en una entrevista con la prensa, le preguntan por la república. "Teníamos pensado plantearlo en referéndum, pero nos dimos cuenta de que la monarquía podía perder". En este caso pasó algo parecido: el resultado final que quería el Gobierno fue mucho más ajustado de lo que esperaba. El "sí" a la permanencia ganó con alrededor del 56,85% de los votos, frente a un 43,15% que optó por el "no". Además, más de un millón de personas se abstuvieron en la votación y la participación apenas superó el 59% de la ciudadanía censada.

El rechazo, además, fue mayúsculo en varios territorios como Cataluña, País Vasco, Navarra y Canarias. En el resto de comunidades los votos fueron parejos, pero decantando el 'sí' en los resultados finales que provocaron la permanencia en la OTAN. 

Con todo, uno de los elementos más decisivos que determinaron el peso de la balanza fueron las declaraciones de Felipe González. Desde la Transición, el dirigente del Partido Socialista se había convertido en un referente social, prácticamente un mesías al que se había encomendado la población española después de décadas de oscura dictadura y de retrocesos en todos los sentidos. González llego a expresar que, en caso de que saliera el 'no' como opción ganadora del referéndum, dimitiría y saldría del Gobierno. 

Este, junto a otros factores, supusieron que la decisión de la votación no fuera exclusivamente el modelo por el que quería optar España en el marco internacional, sino también un voto que afectaría a la política nacional y, por ende, a la presidencia del Gobierno. Más que un referéndum, las urnas se convirtieron en un plebiscito: se votaba tanto la permanencia del país en la OTAN como de Felipe González en Moncloa. 

El resultado consolidó que España prosiguiera en la Alianza Atlántica desde entonces, 40 años después sigue habiendo presencia estadounidense en las bases españolas y el incentivo constante de colaborar en los conflictos en los que participan. De hecho, en 2003 España colaboró con EEUU en la guerra de Irak con José María Aznar en Moncloa que se representó con la foto del trío de las Azores. 

El pionero del 'cambio de opinión'

La consulta de 1986 dejó una huella profunda en la política española que llevó al desencanto de muchos de los votantes socialistas. En las elecciones de 1982, González obtuvo 202 escaños en el Congreso y, tras el referéndum de la OTAN volvió a ganar, pero dejándose en el tintero 18 escaños y más de un millón de votos. Para muchos sectores de la izquierda supuso una ruptura con el discurso previo del PSOE y un símbolo de cómo el ejercicio del poder obliga a tomar decisiones distintas a las defendidas en la oposición. Algo que el propio Felipe González ha criticado después de abandonar la moqueta de Moncloa. 

Paradójicamente, los movimientos pacifistas que se movilizaron contra la OTAN serían los mismos que años después protagonizarían las protestas contra la guerra de Irak bajo el lema 'No a la guerra', uno de los mayores movimientos sociales de la democracia española y del que ahora presume el Ejecutivo socialista.

Así, cuatro décadas después, el referéndum de la OTAN sigue siendo un episodio clave para entender la política española de entonces y la actual: el momento en que la postura del Gobierno cambió en relación a lo prometido durante años atrás. Un capítulo que cambió la relación de España con Occidente… y que convirtió el 'OTAN NO, Bases Fuera' en una de las consignas más recordadas de la historia política reciente.

De aquellos polvos, estos lodos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en La Moncloa.
  El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en La Moncloa.Pablo Blazquez Dominguez

Después del inicio de la guerra de Irán, provocado una vez más por Estados Unidos, acompañado en esta ocasión por Israel, la posición de España en relación a las alianzas internacionales vuelve a jugar un papel protagonista que ha sacado el polvo a viejos eslóganes que señalaban el rumbo de la integridad y moralidad española. El 'No a la guerra' ha vuelto a los titulares de los periódicos e incluso, desde Moncloa, se plantean un adelanto electoral por la buena imagen que otorga esa frase. 

Sin embargo, la OTAN sigue siendo un tema incómodo del que sólo se pronuncian algunos sectores de la izquierda: aquellos que siempre estuvieron y están en contra de la permanencia en la Alianza Atlántica. En 1986, el Gobierno de Felipe González hizo todo lo posible para la permanecer y, ahora, la labor de Estados Unidos sigue afectando a la seguridad internacional. "Hoy lloran en Irán los que ayer lloraron en Irak", que diría Ismael Serrano o, como se dice popularmente, de aquellos polvos estos lodos. 

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Soy redactor de la sección de Política en El HuffPost España. En ella, informo acerca de la actualidad política que afecta a nuestro país, la realidad social a la que se enfrenta la ciudadanía o los eventos judiciales... entre otras muchas cosas. Tratamos todos los días de ofrecer a nuestros lectores la herramienta más importante de todas en democracia: estar informado.

 

Sobre qué temas escribo

Me dedico a escribir sobre la actualidad política en España y cómo esta impacta en la vida de la gente... Aunque, si soy sincero, cada semana se convierte en una especie de “elige tu propia aventura”, un cocido madrileño como los de antaño en los que no sabías lo que te podrías llegar a encontrar.

 

Bajo mi firma pueden encontrarse artículos sobre migración y la dramática situación humanitaria en el Mediterráneo y el Atlántico, la crisis de vivienda que golpea especialmente a mi generación o tragedias que han marcado a todo el país, como los incendios o la erupción del volcán de La Palma. También abordo temas de la actualidad política y judicial, como el procesamiento del fiscal general del Estado, de la pareja de Isabel Díaz Ayuso o de Begoña Gómez, al igual que la cobertura del Congreso Nacional del PP donde Esperanza Aguirre dijo que éramos “su medio favorito”, ¿os lo creéis? Además, he escrito sobre la muerte del papa Francisco, la despedida de Luka Modrić del Real Madrid, el genocidio en Gaza, desahucios... Hasta uno de Opinión. A este paso tardo menos en decir sobre qué no escribo.

 

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Al igual que la mayor parte de mi familia, nací en el kilómetro cero, en Madrid, así que soy un gato más. Estudié Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y me gradué con un TFG acerca de la labor del periodismo español durante el 15M. Antes de El HuffPost pasé por las redacciones de El Confidencial, ElDiario.es y Redacción Médica. También he sido cajero, reponedor, monitor de tiempo libre... Un joven más de 26 años, vaya.

 


 

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