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17/07/2018 19:04 CEST | Actualizado 18/07/2018 07:28 CEST

En Londres, entre taxistas y cerebros

PIXABAY

¿En qué se diferencian los cerebros de los taxistas de Londres de los del resto de la población? No, no es el comienzo de ningún chiste, ni es una pregunta vacía o absurda. Al contrario, es la pregunta que abre una de las investigaciones más populares y fructíferas que se han realizado en el campo de las neurociencias en las últimas décadas y que ha demostrado y alentado multitud de investigaciones dirigidas a de demostrar la plasticidad del cerebro. Pero exactamente, ¿qué es la plasticidad del cerebro?

Si buscamos la palabra "plástico" en el diccionario de la Real Academia Española, encontraremos dos acepciones que nos ayudarán a ilustrar el concepto. La primera, describe la palabra como un adjetivo que equivale a decir que es capaz de ser modelado; la segunda se refiere a un material que, mediante una compresión, puede cambiar de forma y conservar esta de modo permanente, a diferencia de los cuerpos elásticos.

Las experiencias vividas, las acciones que emprendemos y las consecuencias de las mismas, dejan huella en nuestro cerebro

En otras palabras, cuando decimos que un material es plástico nos referimos a que se deja moldear con facilidad y que dicho cambio de forma se mantiene en el tiempo. Pues bien, desde las ciencias que estudian el cerebro y la mente, está científicamente demostrada la idea de que el cerebro presenta la plasticidad como una de sus características principales y distintivas. Esto significa que las experiencias vividas, las acciones que emprendemos y las consecuencias de las mismas dejan huella en nuestro cerebro, lo cambia (físicamente) de forma y esta forma se mantiene en el tiempo a no ser que otra fuerza vuelva a cambiarlo, tal y como le ocurre a la arcilla o la plastilina cuando se la moldea para crear una figura u otra. ¿Y qué nos dice dicha idea sobre los humanos y nuestra naturaleza? Que las acciones que realizamos diariamente, nuestras rutinas, hábitos así como las situaciones a las que nos vemos expuestos generarán una indudable repercusión en la base de operaciones de mayor complejidad del reino animal: el cerebro, formado por miles de millones de neuronas en constante reorganización.

Aclarado este punto, si volvemos a echar la vista atrás y viajamos de nuevo al inicio de éste artículo, a Londres, encontraremos una investigación clásica, realizada por el equipo liderado por la psicóloga británica Eleanor Maguire, que es sin duda una de las mejores demostraciones de la idea anteriormente expresada: la plasticidad neuronal.

Los taxistas también mostraron un volumen de hipocampo significativamente mayor

Los protagonistas principales de la investigación son los taxistas de Londres. Cabe señalar que ser taxista en Londres no es tarea fácil. Para llegar a obtener la licencia deben demostrar a través de un examen ser capaces de decidir la mejor ruta posible para la necesidad de cada pasajero sin consultar mapas, GPS ni preguntando vía radio. En Londres se suele conocer al examen como The Knowledge, se realiza desde 1865 y su superación es condición necesaria para poder conducir el preciado Hackney carriage, el famoso taxi negro de Londres. El examen conlleva el estudio de más de 25.000 calles, 320 rutas habituales, lugares de interés, hospitales, hoteles y un largo etcétera que hacen del examen una prueba realmente complicada, llegando incluso a existir en Londres escuelas específicas que ayudan a preparar a los futuros aspirantes a taxistas a conseguir el preciado permiso.

El estudio del equipo de Maguire comparó el cerebro de los taxistas con el de un grupo de personas similares en edad, educación e inteligencia, pero que no conducían taxis, y al compararlos observaron diferencias significativas en el volumen de una región del cerebro que llamamos hipocampo, que justamente está relacionada, entre otras funciones, con la memoria espacial, es decir, recordar como moverse por una ciudad, por ejemplo. Además, cuanto más experiencia tenía el taxista, mayor era el volumen de dicha región cerebral en comparación a los demás.

La experiencia, el aprendizaje y los hábitos, en un ámbito concreto de conocimiento, tendrán repercusiones incluso a nivel físico en el desarrollo de nuestro cerebro

El mismo equipo de investigadores, también comparó el cerebro de los taxistas con el de otro grupo de conductores, en este caso, conductores de autobús de una línea regular, que se enfrentan a situaciones diarias muy parecidas, pero que solo necesitan moverse en una ruta concreta de ida y vuelta, sin la necesidad de desplegar el conjunto de habilidades que sí debe desplegar el taxista (que no viaja a través de una ruta establecida sino que debe adaptarse a las necesidades de cada cliente y elaborar mentalmente una ruta para moverse del punto de partida al punto deseado). En este caso, los taxistas también mostraron un volumen de hipocampo significativamente mayor que el de los conductores de autobús.

¿A qué conclusiones podemos llegar a través de éstos resultados? Que la experiencia, el aprendizaje y los hábitos, en un ámbito concreto de conocimiento, tendrán repercusiones incluso a nivel físico en el desarrollo de nuestro cerebro y esto repercutirá en una mayor capacidad o habilidad concreta para llegar a realizar los objetivos que nos propongamos en nuestras vidas. Que no todo depende del cómo se nace, sino de lo que haces con lo que naces. Que no todo está hecho y que siempre hay margen para el cambio, que las personas no somos agua estancada sino ríos en constante movimiento. Que la estructura fundamental de nuestro ser (el cerebro) es plástica, que puede encajar los golpes y que se puede reorganizar una y otra vez, así como las personas en su totalidad lo somos también.

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