Bélgica será el rival de España en cuartos tras golear a Estados Unidos en el partido marcado por la 'cacicada' de Trump
Será el próximo viernes a las 21:00 hora peninsular y el duelo se disputará en Los Ángeles

Bélgica será el rival de España en los cuartos de final del Mundial después de imponerse con autoridad a Estados Unidos por 1-4 en un partido que, antes de empezar, ya estaba completamente contaminado por la polémica. No tanto por el fútbol, sino por una decisión que dejó al torneo ante uno de esos episodios difíciles de explicar sin que suene todo demasiado extraño: Folarin Balogun, expulsado con roja directa en el partido anterior ante Bosnia-Herzegovina, pudo jugar después de que la FIFA dejara en suspenso los efectos de su sanción tras una llamada de Donald Trump a Gianni Infantino.
El delantero estadounidense fue titular yjugó prácticamente todo el partido, pero Bélgica, que había amenazado incluso con impugnar la alineación, respondió de la mejor manera posible: ganando en el campo, goleando al anfitrión y mandando a casa al último organizador que seguía con vida en el Mundial. Porque ya no queda ninguno de los tres. México cayó, Canadá cayó y ahora también ha caído Estados Unidos. El torneo se queda sin anfitriones justo cuando entra en su fase más decisiva.
La noche, por tanto, tenía muchas capas. Tenía el ruido político de Trump, la incomodidad institucional de la FIFA, el enfado belga por el ‘perdón’ a Balogun, el escaparate de Estados Unidos ante su público y, al fondo de todo, una consecuencia directa para España: el equipo de Luis de la Fuente ya sabe que el próximo viernes, en Los Ángeles, tendrá enfrente a Bélgica.
Una Bélgica que empieza a crecer
La goleada ante Estados Unidos fue, con diferencia, el mejor partido de Bélgica en este Mundial. Hasta ahora, los ‘Diablos Rojos’ habían avanzado entre dudas, más por supervivencia que por autoridad, con una sensación extraña: la de una selección todavía llena de nombres importantes, pero instalada en ese territorio incómodo en el que parece que lo mejor de una generación ya ha pasado.
Durante años, Bélgica fue una promesa permanente. Una selección de talento descomunal, con Courtois, De Bruyne, Hazard, Lukaku, Kompany, Vertonghen, Alderweireld, Carrasco, Witsel y tantos otros nombres que parecían obligados a convertirla en campeona de algo. Pero el gran título nunca llegó.
Hubo buenas actuaciones, hubo picos de fútbol, hubo un tercer puesto mundialista en 2018, pero también quedó siempre una sensación de ocasión perdida. Como si Bélgica hubiera tenido una generación de oro sin corona.
Este equipo ya no es exactamente aquel. Hazard ya no está. Muchos de los viejos pilares han desaparecido o han perdido peso. De Bruyne y Doku, de hecho, ni siquiera fueron titulares ante Estados Unidos. Y aun así, quizá por primera vez en todo el torneo, Bélgica dio la impresión de estar encontrando algo parecido a una versión reconocible.
No fue solo el resultado. Fue la actitud. Bélgica presionó más arriba, jugó con más ambición y pareció rebelarse contra esa imagen de equipo que iba pasando rondas sin terminar de convencer. Charles de Ketelaere adelantó a los belgas antes de que Balogun hubiera tocado siquiera el balón. Estados Unidos empató a la media hora en una acción afortunada, con una falta de Malik Tillman desviada por Hans Vanaken, pero la respuesta belga fue inmediata. Dos minutos después, De Ketelaere volvió a marcar y devolvió el mando a los de Rudi García.
No conviene convertir el triunfo en una exhibición incontestable ni sacar demasiadas conclusiones de una eliminatoria que tuvo también errores gruesos de Estados Unidos. El 1-3 llegó, de hecho, tras un regalo del portero Matt Freese, que midió mal un balón largo, perdió la pelota ante De Ketelaere y permitió a Vanaken marcar prácticamente a placer. El 1-4, ya en el descuento, fue obra de Romelu Lukaku, que elevó a 93 su cuenta goleadora con Bélgica.
La sombra de Trump y el caso Balogun
El partido, en cualquier caso, quedará inevitablemente asociado al caso Balogun. El delantero estadounidense había sido expulsado ante Bosnia-Herzegovina y todo indicaba que debía cumplir un partido de sanción, pero la FIFA permitió que jugara al dejar inactivos los efectos de la sanción durante un periodo de prueba de un año.
La decisión habría sido polémica en cualquier contexto, pero lo fue mucho más después de que Donald Trump reconociera públicamente que había pedido una revisión del caso a la FIFA. Gianni Infantino admitió la llamada, aunque defendió la independencia del Comité Disciplinario. La explicación oficial no evitó la sensación de cacicada. Ni el enfado belga.
Rudi García fue muy duro en la previa y la Federación Belga anunció que impugnaría la elegibilidad de Balogun si el jugador figuraba en el acta. Figuró. Fue titular. Y acabó derrotado, aplacado por la defensa belga y sin marcar en la noche más observada de su Mundial.
España mira a Bélgica
Así que España ya tiene rival: será Bélgica, el próximo viernes en Los Ángeles, en unos cuartos de final con aroma clásico y con un precedente que inevitablemente volverá a aparecer estos días: México 1986. Entonces, Bélgica eliminó a España en los penaltis en cuartos de final. Desde aquella derrota, la selección española no ha vuelto a perder contra los ‘Diablos Rojos’ y encadena varios triunfos consecutivos en sus últimos enfrentamientos.
Pero el pasado, pasado está y la cita con la historia es esta misma semana: El premio, unas semifinales mundialistas. Casi nada.
