Sanne e Ilsa, 20 y 17 años, abren su propio supermercado: "Mira, hace poco recibimos nuestras primeras flores"
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Sanne e Ilsa, 20 y 17 años, abren su propio supermercado: "Mira, hace poco recibimos nuestras primeras flores"

Un año después de abrirlo en un pequeño pueblo de Países Bajos, las dos hermanas hacen balance de su primer año aprendiendo a base de prueba y error al frente de un negocio .

Aparcamiento de bicicleta delante de la entrada de un supermercado en Rotterdam.Michael Nguyen

No es habitual que dos adolescentes se conviertan en empresarias locales, y menos aún que acaben pasando por radios, televisiones y periódicos de todo un país. Pero eso es exactamente lo que les ha ocurrido a Sanne Huzen, de 20 años, y Ilse Huzen, de 17, las dos hermanas que decidieron abrir su propio supermercado en Hooghalen y que, sin buscarlo demasiado, se han pasado un año entero bajo los focos.

Todo empezó con una entrevista en RTV Drenthe y terminó convirtiéndose en un pequeño fenómeno mediático. “Fue realmente bizarro”, reconoce Sanne. “A mí me daba un poco de respeto, pero simplemente lo hicimos y hemos podido vivir muchísimas cosas”.

Un año después, la tienda sigue ahí y ellas también. Ilse recorre el supermercado con una mezcla de orgullo y normalidad, señalando los pequeños cambios que marcan el paso del tiempo. “Mira, hace poco recibimos nuestras primeras flores en la tienda”, cuenta. “Y ahora también tenemos cosas como calcetines y gafas de sol”.

La experiencia les ha servido, sobre todo, para ajustar expectativas. “De una temporada a otra cambia todo muchísimo. Hemos tenido muchos momentos de aprendizaje”, explica Sanne. “El año que viene sabremos mejor en qué centrarnos. Ahora todavía hacemos muchas cosas un poco a ciegas, pero entonces sabremos de verdad lo que quiere la gente”. Lo notan incluso en algo tan básico como los refrescos: menos cola y más acierto afinando los gustos del vecindario.

Porque su clientela, en realidad, es la de siempre. Vecinos de la zona, muchos de ellos mayores, que entran tanto a comprar como a charlar un rato. “Se nota que mucha gente mayor viene por la tranquilidad y por la cercanía”, dice Sanne. “Y también escuchamos a menudo que vienen porque nos quieren apoyar. Eso nos hace ilusión”.

La atención mediática nacional ha hecho el resto. Ilse admite que llegó a ser demasiado: “No lo pude ni seguir, era muchísimo”. Sanne pone el matiz práctico: “Al salir por la tele en todo el país, ahora vemos turistas que vienen del sur o de otras zonas y que están de vacaciones por aquí. Y ya que están, entran a curiosear la tienda”.

No hay mucho tiempo para la nostalgia. El supermercado exige horas y más horas, y las dos miran ya al futuro inmediato. Ilse ha empezado una formación como carnicera, con la ayuda de los antiguos propietarios del negocio, mientras Sanne aprende sobre la marcha a dirigir a un equipo en el que hay gente de su misma edad. “Es raro tener que mandar a personas de tu edad”, reconoce. “Pero poco a poco va mejorando. Cuanto más lo haces, más fácil resulta”.

“Es mucho trabajo, pero de momento cada día lo sacamos adelante”, resume Ilse. Sanne asiente y añade la clave de su rutina: “Estás todo el tiempo a mil y cuanto antes empieces, mejor. Todo lo que hagas antes de abrir es tiempo ganado. Son días largos, pero también te da tranquilidad”.

Un año después del salto al vacío, las hermanas miran atrás sabiendo que no era lo normal. Y quizá por eso mismo, sigue funcionando.

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