40 años de España en la OTAN: cuando un país vira de las dudas al convencimiento

Este lunes, el secretario general, Jens Stoltenberg, acude a Madrid a celebrar el aniversario. Hemos pasado del "de entrada, no" a ser un actor de peso en sus misiones
Pedro Sánchez y Jens Stoltenberg, el pasado junio, en Bruselas.
Pedro Sánchez y Jens Stoltenberg, el pasado junio, en Bruselas.
KENZO TRIBOUILLARD via Getty Images

Hace 40 años, apenas 40 años, que España estaba dividida sobre si sumarse o no a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN. Aún no se habían pasado todas las páginas de la Transición y la defensa seguía siendo un asunto espinoso, siempre con el sambenito de la dictadura, entre la desconfianza y el desprecio. Una nueva generación de políticos entendió que modernizar y democratizar al país también pasaba por sus Fuerzas Armadas e impulsaron su incorporación a la Alianza, en paralelo a la de la Unión Europea.

Fueron años de dudas, del “de entrada, no” socialista al final “sí”, casi general. El proceso de adhesión llegó a paralizarse, incluso. Hoy, más del 55% de los españoles avala la pertenencia a un club de 30 países que apuestan por la libertad y la seguridad, según el centro de investigaciones Pew, y España es un aliado “sólido, fuerte, fiable”, en palabras del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, que este lunes visita Madrid para iniciar los actos del aniversario.

Estará en el Teatro Real con Pedro Sánchez y el rey Felipe, a un mes apenas de que se celebre en nuestro país la cumbre de la organización. Una cita casi de trámite en la que el noruego iba a retirarse y que se ha convertido en clave por la guerra de Ucrania, posiblemente cuando se impulse la entrada histórica de Finlandia y Suecia, y con Stoltenberg forzado a seguir al frente. El Gobierno está mimando mucho estos actos y la cumbre y les da máxima relevancia.

El porqué de la Alianza

La OTAN se creó en 1949 dentro del contexto de la Guerra Fría y fue impulsada por Estados Unidos para impedir la creación de una “tercera fuerza natural” en Europa, frente a Rusia. Las diferencias entre la gran potencia soviética y la estadounidense eran cada vez mayores y acabaron cuajando en dos estructuras defensivas enfrentadas: el pacto de Varsovia y la OTAN. Cada uno aglutinó en torno al suyo a los países del continente europeo más afines o próximos, guiados por la visión el comunismo o el capitalismo, por los dictados de Moscú o Washington.

El Pacto de Varsovia se disolvió en 1991 con la caída del muro de Berlín y el fin de la URSS, pero la OTAN no caducó, sino que inició una estrategia de expansión intensa incluso por la extinta galaxia soviética, algo que tanto enfada al presidente ruso, Vladimir Putin, que usa esta ampliación “amenazante” como uno de sus argumentos para invadir Ucrania.

Llega España

España dio el paso atlantista de la mano del presidente Leopoldo Calvo Sotelo. Un exministro de Francisco Franco impulsando la mayor apertura al mundo conocida tras 40 años de dictadura y con los valores del centro, de la UCD. Un cambio radical. Fue el 25 de febrero de 1981, en su debate de investidura como presidente, cuando propuso la integración de España en la OTAN. El tema se debatió en octubre de ese mismo año en el Pleno del Congreso de los Diputados y en diciembre, Madrid comunicó a la Alianza su intención formal de adhesión; casi de forma automática, recibió la invitación del Consejo del Atlántico Norte para iniciar el proceso. Había deseos de incorporar rápido a los países del sur y, en concreto, a un estado que había tenido relaciones militares privilegiadas con EEUU incluso sin democracia.

Tras las elecciones generales del 28 de octubre de 1982, cuando el PSOE de Felipe González llegó a La Moncloa, se abrió un periodo de reflexión sobre la entrada de España en la Alianza, que condujo a la suspensión de las conversaciones sobre la integración militar española en la OTAN. Los socialistas habían prometido en campaña que harían una consulta popular sobre si seguía o no adelante la apuesta, con un importante eco entre los electores.

En el discurso sobre el Estado de la Nación entre el 23 y el 25 de octubre de 1984, González, presentó el Decálogo de Paz y Seguridad, que estableció las directrices políticas que el pueblo español debería ratificar en referéndum y que incluían que la participación de España en la Alianza Atlántica no conllevaría su incorporación a la estructura militar integrada y que se mantendría la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en el territorio español. Anteriormente, los socialistas habían rebajado su no apuntando tres condiciones, estas dos y una más: la reducción de las bases militares norteamericanas en España instaladas tras los Pactos de Madrid de 1953 -Rota y Morón siguen ahí-.

González tuvo que convencer a su propio partido en el XXX Congreso celebrado en diciembre de 1985 de que había que ceder, lo que acabó incluso causando la dimisión del entonces ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Morán.​

Al fin hubo refrendo: en la consulta del 12 de marzo de 1986, el 52,54% de la población votó a favor de la adhesión de España a la OTAN. La participación fue del 59,4%. A partir de ese momento, España inició su participación en todos los comités, grupos de trabajo, agencias, presupuestos y planeamiento de la defensa de la OTAN, con excepción de la estructura militar integrada. Dos meses más tarde, se convirtió en el miembro número 16 de pleno derecho de la organización.

Subiendo peldaños

Como explica el dossier de prensa entregado por Moncloa con motivo del 40º aniversario de la entrada de España a la OTAN, la participación final de Madrid quedó definida en seis Acuerdos de Coordinación. En ellos se regulaba la asignación de fuerzas españolas a misiones de la OTAN por los que las autoridades militares españolas retendrían el mando y cederían únicamente a los comandantes aliados su control operativo. Asimismo, las fuerzas de la OTAN en territorio español serían coordinadas por el JEMAD (jefe de estado mayor de la defensa) y los mandos españoles podrían ser nombrados comandantes de las fuerzas aliadas.

Con esas bases, se fueron dando pasos en los que España ganó obligaciones, compromisos y peso en la defensa atlántica. En 1995, se adhirió al Protocolo de París que establece el Estatuto de los Cuarteles Generales Militares Internacionales y Javier Solana, ministro de Asuntos Exteriores de España, fue elegido secretario general de la OTAN. Atrás quedaban sus 50 razones para decir no a la OTAN, escritas cuando el PSOE rechazaba sumarse. Es el único español que ha ostentado el cargo hasta la fecha.

El 14 de noviembre de 1996, el Congreso de los Diputados, aprobó (con el 91,5% de los votos a favor), la autorización para que el Gobierno negociase el ingreso de España en la nueva estructura de Mandos de la OTAN. Como consecuencia de esta autorización, el 3 de julio de 1997, el Gobierno español anunció su deseo de ubicar el futuro Cuartel General del Mando Subregional Sudoeste de la OTAN en el acuartelamiento de Retamares (Madrid), algo que el Consejo Atlántico aprobó ese mismo año.

El verano del 97 fue el de la puesta de largo internacional, cuando España acogió por primera vez la Cumbre de la OTAN en Madrid. Ya de este año será la segunda en suelo español. En el Comunicado de la Cumbre se recogió la aspiración de España de participar de forma “plena” en la estructura militar integrada. A partir de entonces, se produjo la incorporación progresiva de generales, oficiales y suboficiales españoles al resto de cuarteles generales de la estructura de mandos de la OTAN. Se cerró el proceso en 1999, no sin manifestaciones en contra de quienes aún se resistían y recordaban las líneas rojas planteadas una década antes.

Tras la Cumbre de Lisboa de 2010, la OTAN emprendió una nueva reforma de la estructura de mandos. En esta nueva Estructura de Mando, se estableció en Torrejón de Ardoz uno de los dos Centros Combinados de Operaciones Aéreas con capacidad desplegable (CAOC), teniendo como responsabilidad toda la defensa aérea de la Región Sur de Europa. Desde noviembre de 2010 España también cuenta con el Centro de Excelencia OTAN contra Artefactos Explosivos Improvisados (C-IED).

El despliegue en España se completa con dos cuarteles generales de alta disponibilidad, uno marítimo a bordo del buque Castilla, con base en Rota, y otro terrestre situado en Bétera, Valencia. Además, contribuye también a través del Cuartel General del Eurocuerpo.

Clave en las misiones

España ha contribuido con medios y con efectivos a las principales misiones y operaciones de la OTAN por tierra, mar y aire, demostrando nuestro compromiso y solidaridad con la Alianza a lo largo de estos años. Según datos aportados públicamente por la ministra de Defensa, Margarita Robles, hasta 125.000 militares españoles “han mostrado su compromiso con la paz y con los valores de la OTAN”.

Nuestros militares han participado en 22 misiones, entre las que cabría citar: las misiones de Implementación y Estabilización en Bosnia-Herzegovina (IFOR y SFOR); la Fuerza Multinacional de Kosovo (KFOR); la operación ‘Unified Protector’ en Libia; la operación ‘Ocean Shield’ de lucha contra la piratería en el golfo de Adén y el Cuerno de África; la operación ISAF y ‘Resolute Support’ en Afganistán; la operación naval ‘Active Endeavour’ (OAE) contra el terrorismo en el Mediterráneo o la ´NATO Mission Irak´ (NM-I), actualmente ´Expanded NM-I`.

En este año, complicado por el ataque ruso a Ucrania, se ha reforzado la presencia en el este del continente, un gesto agradecido desde el cuartel general de la OTAN en Bruselas. Stoltenberg habló de “vital contribución”.

Desde el comienzo de la participación española en las distintas operaciones de la OTAN, han perdido la vida 119 españoles, incluidos dos intérpretes. “Cada una de esas vidas es un claro testimonio de la solidaridad y del compromiso de España y de sus Fuerzas Armadas”, resalta el Gobierno.

Mapa de misiones OTAN de España, a 2022.
Mapa de misiones OTAN de España, a 2022.
LA MONCLOA

En cuanto a número de misiones y efectivos, España es sin duda uno de los principales contribuyentes de la OTAN. El dinero es otra cosa. EEUU, especialmente en tiempos de Donald Trump, presionó para que cada país miembro destine al menos el 2% de su PIB a defensa. En marzo, al calor de la guerra ucraniana, Sánchez se mostró dispuesto a subir a este tope. Según datos de la propia Alianza, Madrid pone ahora el 0,92%, lejos del 3,42 norteamericano y en los niveles de Bélgica o Letonia.

Un salto adelante que cambia la tendencia de las políticas de defensa nacionales, porque el mundo cambia con la agresión de Putin, y que ayudará también a revitalizar una OTAN que parecía perdida y que, con esta guerra, ha reencontrado su razón de ser y hasta ha ganado socios. En España, por ahora, tiene uno estable, aunque aún ni se sepa si los ministros de Unidas Podemos, parte de la alianza de Gobierno, acudirán siquiera a los actos de este aniversario. Que esté dentro no quiere decir que no haya debate aún sobre si se debe estar y en qué grado en determinadas apuestas.

Maniobras de la OTAN en Zaragoza