La polémica que no existe: los 'nepo babies'

La polémica que no existe: los 'nepo babies'

Borja Cobeaga se adelantó a la polémica de los 'nepo babies' con 'No me gusta conducir', la serie que da las claves de por qué debemos tomarnos en serio a cada persona, con independencia de su origen.

Timothée Chalamet, en una imagen de archivo.
Timothée Chalamet, en una imagen de archivo.Mondadori Portfolio via Getty Images

Las redes sociales nos abocan a un entorno mediado por la polémica. Siempre hay algo incongruente, interesado y malévolo en seguir la corriente de los social media, pero, en este caso, también de absurdo. Nada hay más infructífero que buscar la cuadratura del círculo.

Estas semanas le ha tocado el turno a los Nepo Babies (“niños del neoptismo”), es decir, a aquellos a los que se les presume una situación de privilegio por su condición, y a los que se le reprocha tener acceso a una serie de oportunidades que otros, por su origen, no han tenido. Que esta discusión surja ahora se antoja del todo incomprensible, ya que es algo tan difícil de ponderar como que la genética nos proporcione ojos estrábicos, piel atópica o cabello fosco. Cómo ponderar su alcance sin estar abocado a la generalización.

A colación de un artículo publicado en Volture acerca del nepotismo en Hollywood, muchos han sido los actores que han salido en su autodefensa, explicando que la base sobre la que se sustenta es, cuando menos, insensata.

Cierto es que la revista no agota su oportunidad de citar nombres y las más alambicadas relaciones de linaje entre personajes delante y detrás de las cámaras, pero solicitar una rendición de cuentas a posteriori resulta tan estéril como innecesario. En el elenco figuran, especialmente, los nombres de Maya Hawke, Kaia Gerber, Lily Collins, Brooklyn Beckham, Colin Hanks o Zöe Kravitz, cuyos apellidos son de por sí elocuentes respecto a su procedencia. No obstante, hay nombres cuyo origen no parece tan sencillo de rastrear. Este es el caso de Timothée Chalamet, hijo de Nicole Flender (actriz), nieto de Harold Flende (guionista y escritor) y sobrino de Rodman Flender (director).

La cuestión principal que remarca Volture es el hecho de que aquellos a los que considera “niños del nepotismo” son famosos por su procedencia, con independencia del talento, algo que entra en colisión con el mundo del cine. Porque, lamentablemente, el talento en la industria cinematográfica es un must para triunfar. No importa si los progenitores son propios o ajenos: el rendimiento en taquilla, la productividad y la capacidad de trabajo son los que definen a un profesional del audiovisual. Sin talento no hay lugar en una industria basada en la optimización de recursos, mucho menos en tiempos de crisis y si la escasa pericia hace tambalear una producción.

Otra cosa es que acusen a estos nepo babies de haber logrado notoriedad, tomando su éxito en redes como indicador de su popularidad. Esto, me temo, no depende de ningún estudio, de ningún director. Esto depende de cualquier usuario que se disponga a ‘seguir’ u otorgar un like. Y comprenderán que, sobre esto, tengo poco que decir. Si el público le da su favor a alguien, por denostable que sea, responde a su voluntad. Quizá un examen de conciencia nos daría claves de por qué seguimos a quienes lo hacemos, y esto sería más provechoso que alimentar un odio orquestado hacia cualquier sector.

Una cosa es el acceso y las oportunidades y otra muy distinta es el talento. Y en el audiovisual, que es un negocio, sin talento no hay futuro

A colación de este fenómeno no puedo evitar pensar en Borja Cobeaga y en su espléndida serie No me gusta conducir. En ella, Pablo (Juan Diego Botto), profesor universitario de literatura, y su alumna Yolanda (Lucía Caraballo) son compañeros en clases de conducción. Él no lo sabe, pero Yolanda es hija de un reputado escritor, Premio Planeta, autor de incontables éxitos. Cuando lo descubre, y para proteger su propia autoestima, carga las tintas contra ella sin contemplaciones, afirmando que no va a recibir atención especial por “ser hija de” y, lo más importante, echándole en cara que el talento no sea susceptible de ser heredado. El proceso de madurez que implica su peregrinaje por la autoescuela y la importancia de la conducción para ejemplificar su cambio serán fundamentales. Porque la premisa sobre la pivota la serie es formidable: debemos ser conscientes de nuestras limitaciones para superarnos, no para permitir que nos derroten.

Borja Cobeaga, creador, director y guionista (acompañado de otros imprescindibles), sin saberlo, se adelantó a la polémica de los nepo babies con una serie que da las claves de por qué debemos tomarnos en serio a cada persona, con independencia de su origen. El personaje de Lucía Caraballo demuestra tanta competencia, tanto conocimiento (indudablemente, tener contacto estrecho con un portento te acerca a su ámbito de conocimiento de forma excepcional) y tanto juicio, que hace desaparecer toda suspicacia hacia ella y sus circunstancias.

Por ello, que alguien ose a poner en duda que profesionales como Jamie Lee Curtis, Melanie Griffith, Jane Fonda, Peter Fonda o Laura Dern merecen estar en la posición que ostentan. Una cosa es el acceso y las oportunidades y otra muy distinta es el talento. Y en el audiovisual, que es un negocio, sin talento no hay futuro. Los likes, las redes y los seguidores son otra guerra. Pero esa ya está perdida.