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01/11/2020 10:37 CET | Actualizado 01/11/2020 10:37 CET

Las mujeres deben protagonizar la recuperación post-pandemia

Para ser efectivas, las medidas económicas y sociales deben tener enfoque de género.

Ada Yokota via Getty Images

La situación de COVID-19 en todo el mundo ha afectado más severamente a las mujeres, especialmente en América Latina, donde se desempeñan principalmente en el sector informal de la economía.

“Las mujeres ganan menos, ahorran menos, tienen empleos menos seguros, y tienen más probabilidades de estar trabajando en la economía informal y, en consecuencia, de tener un nivel inferior de protección social”, denunció Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU-Mujeres, en un reciente evento virtual, organizado por la OIT

Las mujeres son también la fuerza de trabajo más numerosa en el comercio y los servicios, los sectores más afectados por las medidas de cierre de locales y restricciones a la movilización. Además, suelen estar a cargo de las labores del hogar y del cuidado de personas ancianas o enfermas. 

Los indicadores ya eran poco alentadores antes de la pandemia: “mayor informalidad, mayor incidencia del trabajo a tiempo parcial, menores salarios, menor protección social y mayor volatilidad frente a fluctuaciones en la economía”, según señala el informe El Coronavirus y los retos para el trabajo de las mujeres en América Latina, elaborado por el PNUD

Una vez declarada la emergencia, la situación no hizo más que empeorar: las latinoamericanas dejaron de generar ingresos en mayor proporción que los hombres, aumentó su carga de trabajo doméstico y crecieron de forma alarmante los casos de violencia doméstica.

Un documento de la OEA denuncia que “la emergencia derivada del COVID-19 está provocando impactos específicos sobre las mujeres y profundizando las desigualdades de género existentes, tanto al interior de los hogares como fuera de ellos, en los hospitales y centros sanitarios, en el trabajo y también en la política”.

¿Cómo hacemos frente a este panorama? ¿Cómo evitamos que se sigan profundizando estas inequidades que la pandemia ha agudizado? ¿Qué responsabilidad tenemos los organismos de desarrollo para mejorar la situación de las mujeres en un mundo post-pandemia?

Valeria Esquivel, coordinadora de investigación en género y desarrollo de la OIT, sugiere implementar políticas que las ayuden a conservar su empleo, ya que las mujeres tienen mayores dificultades que los hombres para regresar al trabajo remunerado una vez superadas las crisis. 

Una declaración promovida por ONU Mujeres propone “una mayor inversión en la presupuestación con perspectiva de género a escala mundial con vistas a garantizar que las políticas fiscales promuevan la igualdad de género en la recuperación a corto y largo plazo”.

Alicia Bárcena, directora ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina afirma en un comunicado que son necesarias “políticas económicas, de empleo, salud, educación y protección social, sobre la base de la promoción de la corresponsabilidad social y de género”. 

Una visión que comparten la economista Alma Espino y la socióloga Daniela de los Santos, investigadoras especializadas en género del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo de Uruguay, y autoras de un informe para ONU Mujeres.

“Las medidas económicas y sociales de respuesta a la crisis sanitaria y económica deben hacerse desde un enfoque de género que tenga en cuenta los impactos diferenciados en mujeres y hombres”.

Los gobiernos y los organismos de desarrollo de la región ya estamos empeñados en esta tarea. Así, por ejemplo, Argentina anunció recientemente un “plan para el desarrollo de obra pública con perspectiva de género”.

Desde FONPLATA Banco de Desarrollo estamos impulsando, también en Argentina, la creación de empleo femenino con programas como Agua y Cloaca más Trabajo, que además de proveer agua y saneamiento, y generar nuevos puestos de trabajo, establece que debe haber igualdad de género en las contrataciones.  

También en Bolivia, nuestro programa Infraestructura Urbana para la Generación de Empleo establece que las cuadrillas de trabajo deben estar conformadas por 50% hombre y 50% mujeres, aunque en algunas zonas la participación femenina llega al 80%, muchas de ellas jóvenes. 

El programa cubre 21 ciudades intermedias en todos los departamentos del país, y beneficiará a siete millones de personas. Incluye las 3 ciudades del eje central (El Alto-La Paz, Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra), donde viven el 50% de los bolivianos y se genera el 45% del PIB nacional.

Se trata de obras de infraestructura, como enlosetado de vías vehiculares y peatonales, construcción y consolidación de áreas verdes, construcción y mejoramiento de áreas de recreación y alumbrado público.

Además de fomentar la incorporación de la mujer al mercado laboral, estas infraestructuras urbanas integrales promueven la construcción de ciudades sostenibles, accesibles e inclusivas, una mejor interacción social e intergeneracional, y alientan la participación de la sociedad civil.

Iniciativas como esta ya han mostrado resultados, que contribuyen a mejorar la situación de las beneficiarias, y que queremos seguir promoviendo e incorporando a más proyectos de FONPLATA, para que las mujeres estén en el centro de la recuperación post pandemia.

Superar las inequidades históricas que enumeraba al principio requiere de una acción coordinada en esa dirección. Como dice María-Noel Vaeza, directora de ONU Mujeres para las Américas: “Si no cuentan con nosotras para salir de la crisis económica, este continente va a demorar mucho más años en recuperarse”. 

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