La difícil adolescencia de la hija de David Bowie e Iman: bulimia, drogas, violencia y un duro internamiento
Lexi Jones relata en un vídeo de 20 minutos cómo creció marcada por las expectativas, las autolesiones y varios ingresos en centros terapéuticos lejos de su familia

Durante años, la hija de David Bowie y Iman creció lejos del foco. Alexandria Zahra Jones, Lexi para su entorno, no fue una celebridad adolescente ni una habitual de alfombras rojas. Su vida transcurrió en la discreción. Hasta ahora. Hasta que ha hablado. Y lo ha hecho con bastante claridad, por otra parte.
Con 25 años, ha decidido contar en un vídeo publicado en Instagram una parte de su historia que casi nadie conocía: una adolescencia atravesada por la bulimia, las autolesiones, el consumo de drogas y varios internamientos en centros terapéuticos.
"Desde muy temprano empecé a sentir que existía como una idea, no como Lexi la persona", explica en la grabación. Crecer como "la hija de" no fue un detalle anecdótico. La alargada sombre, que tantas veces se dice. Fue una etiqueta constante. Adultos que la trataban diferente. Personas que se acercaban por interés. Expectativas imposibles. "Sentía que ya estaba definida antes de tener la oportunidad de descubrir quién era".
Autolesiones a los 11 y bulimia a los 12
La fragilidad emocional empezó pronto. A los 10 ya acudía a terapia. A los 11 comenzó a autolesionarse. A los 12 desarrolló bulimia. "Pensaba que algo estaba mal conmigo", admite. Se sentía rota, indigna, insuficiente. Tener padres exitosos, lejos de aliviar la presión, la intensificaba. No entendía cómo ellos podían brillar en todo mientras ella se sentía fracasando.
No quería fama ni exposición pública. "Ser el centro de atención nunca fue mi objetivo", afirma. Pero el apellido pesaba. En el colegio tampoco encontraba estabilidad. La ansiedad y la depresión se instalaron antes de la adolescencia plena. Autodestrucción pura y dura.
El cáncer de Bowie y la huida hacia las drogas
Cuando a su padre le diagnosticaron cáncer, Lexi tenía 14 años y estaba, según sus propias palabras, "al borde del colapso". Fue entonces cuando empezó a consumir alcohol y drogas. No como diversión. Como vía de escape. "No estaba experimentando, estaba escapando de mi mente". Nunca es oro todo lo que reluce.
Mientras otros adolescentes probaban por curiosidad, ella bebía sola. El consumo se agravó y su comportamiento se volvió violento. "Me convertí en alguien que arremetía contra los demás", reconoce. Había rabia acumulada, una necesidad de compensar años sintiéndose invisible o pisoteada.
Una intervención y un internamiento forzoso
El punto de quiebre llegó con una intervención familiar. Una mañana, lista para ir al colegio, fue llamada al salón. Allí estaban sus padres y su madrina. Su padre leyó una carta. Solo recuerda el final: "Lo siento, tenemos que hacer esto".
Poco después, unos hombres entraron en casa para llevársela a un programa terapéutico. "Me subieron a una camioneta negra y me metieron dentro a empujones", relata. Pasó tres meses en un programa en la naturaleza con comunicación limitada al exterior. Sin espejos, sin televisión, con duchas semanales. Lo describe como "deshumanizador", marcado por manipulación emocional.
Después estuvo 13 meses en otro centro, bajo vigilancia constante. La terapia fue intensa y dolorosa. En paralelo, la salud de Bowie empeoraba.
La muerte de su padre y la despedida pendiente
Cuando David Bowie murió en 2016, ella no estaba en casa. Pudo hablar con él dos días antes. "Le dije que le quería y él me lo dijo a mí". Pero no pudo despedirse en persona. Le dolió especialmente leer que "toda la familia" estuvo presente en el final. "Toda la familia estaba ahí, menos yo".
Regresó a casa con 16 años, con normas estrictas y la sensación de no saber quién era ni qué quería. Intentó recuperar el tiempo perdido viviendo deprisa. Volvió a terapia. Reconstruirse no fue inmediato.
"No es solo una historia de trauma", concluye. "Es una historia de cómo el poder te cambia". Hoy, Lexi se dedica a la música, ha publicado el disco Xandri, y a la pintura. Habla sin dramatismo, pero sin suavizar nada.
La hija de dos iconos globales ha contado lo que casi nunca se ve detrás del brillo: que crecer entre privilegios no protege del dolor. Y que, a veces, el apellido más famoso del mundo no evita que una adolescente se sienta completamente sola.
