INTERNACIONAL
29/09/2019 10:26 CEST | Actualizado 29/09/2019 10:47 CEST

Donald Trump ya tiene el ‘impeachment’ que tanto buscaba

Faltan exactamente 401 días para las elecciones presidenciales en EEUU y el país está inmerso ya en una campaña electoral bestial.

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Imagen de archivo de Donald Trump

Faltan 400 días para las elecciones presidenciales en Estados Unidos y el país está inmerso ya en una campaña electoral bestial. Y eso pese a que oficialmente ninguno de los dos partidos, el Demócrata y el Republicano, han elegido a sus respectivos candidatos. Pero el momento histórico que EEUU está viviendo, con su presidente acorralado por un sinfín de casos que han llevado a que se le someta a un impeachemnt, hace que cada uno de esos días que quedan hasta la cita con las urnas vayan a vivirse con una intensidad máxima. De aquí al 3 de noviembre todos los días apuntan a ser históricos.

El ‘Ucraniagate’ ha sido la gota que ha colmado el vaso. Esa llamada de Donald Trump a su homólogo ucraniano para presionar y destapar ‘trapos sucios’ del que parece su principal rival de cara a 2020, Joe Biden, ha dado vía libre para pulsar ese botón de emergencia que es el impeachment. La presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, ha estado calmando a los suyos y aguantando para no presionar el botón hasta que ha tenido lo que ha querido: una acusación directa contra Trump que le deje sin argumentos ante los que, al final, tienen la última palabra; los estadounidenses. Material para iniciar este juicio político contra el presidente había, pero no era tan evidente para los estadounidenses. Faltaba ese ‘click’ automático que les hiciera ver claramente y con pruebas objetivas la gravedad de lo hecho por su presidente. 

Ni la trama rusa ni sus turbios negocios ya siendo presidente ni cómo ha querido usar fondos públicos reservados para emergencias nacionales para construir su muro con México ni cómo ha menospreciado a las mujeres… Nada de esto había sido suficiente para que los demócratas pulsaran ese botón que hasta ahora siempre ha dado el mismo mensaje: ERROR. Pero ahora, pese a que la historia ha demostrado que el impeachmentnunca ha terminado por destituir a ninguno de los tres presidentes a los que se ha sometido [Andrew Johnson, Bill Clinton y de alguna manera Richard Nixon, que dimitió para evitarlo] Pelosi juega con maestría su acusación contra Trump: el líder del país ha usado su influencia para presionar a un Gobierno extranjero y conseguir que desacredite a su rival. Y ha intentado utilizar el el dinero del contribuyente para lograrlo. 

Lo que ha hecho el magnate republicano, en definitiva, es seguir la estela de lo que hizo en la campaña de las elecciones presidenciales de 2016, cuando se sirvió de su turbio y opaco mundo para facilitarse el camino hacia la victoria de la mano de Rusia. La diferencia está en que hace tres años sus tejemanejes no se sabían. Ahora no sólo se conocen, sino que también han visto la luz los que está tramando para garantizar su reelección, esta vez con Ucrania.

Y Pelosi se decidió

De ahí que Pelosi, veterana jueza conocedora como pocos de la política estadounidense fruto de sus tres décadas de experiencia, haya dado un paso al frente. La demócrata no ha podido frenar por más tiempo la presión del ala izquierda de los demócratas, y también de los más moderados que no quieren ir a las presidenciales de 2020 sin haber, al menos, intentado destituir al que es, a ojos del mundo, uno de los presidentes más nefastos de EEUU. La historia juega en su contra, pero en España ninguna moción de censura salió adelante hasta que a la cuarta fue la vencida: Mariano Rajoy cayó y Pedro Sánchez fue nombrado presidente. Y si hay algo que en todo esto está claro es que Pelosi no da puntada sin hilo. 

Pelosi siempre tiene una estrategia. Nunca hace nada sin un planAlana Moceri, analista política y profesora universitaria estadounidense en la Universidad Europea de Madrid

“Siempre tiene una estrategia. Nunca hace nada sin un plan”, explica Alana Moceri, analista política y profesora universitaria estadounidense en la Universidad Europea de Madrid. “Ha dado el paso ahora por las pruebas. En los casos anteriores de petición de impeachment, las pruebas parecían no ser suficientes. Por ejemplo, con la trama rusa. Sin embargo, en estas escuchas parece que el contenido es suficiente para iniciar el procedimiento”, explica Cristina Crespo, directora de Relaciones Externas y coordinadora general del Instituto Franklin-UAH.

Las pruebas actuales son concluyentes, pero Pelosi camina con pies de plomo y durante estos meses no ha estado viendo la vida pasar. Lo que ha hecho ha sido poner a trabajar a seis comités de la Cámara de Representantes: ellos son los que reportan al comité judicial y sus averiguaciones servirán ahora para presentar los cargos contra el presidente de EEUU. A partir del pasado martes, cuando se oficializó el inicio del juicio político contra el líder estadounidense, lo hacen además bajo el paragüas del impeachment.

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Combo con los tres presidentes sometidos a un 'impeachment'

Decidida al asalto final, Pelosi cuenta con el apoyo de al menos 170 parlamentarios demócratas de los 218 que necesita para sacar adelante el impeachment en el Congreso, según recoge la cadena CNN. Pero hay algo que no se le escapa a nadie: si ha dado el paso es porque sabe que cuenta con todo el apoyo que necesita. “Ha tenido mucho, mucho cuidado. No hay plazos, quiere tener todo bien atado. Lo de Clinton [uno de los tres presidentes sometidos a un impeachment] fue rápido: había mentido sobre su aventura. Pero lo que ha pedido Pelosi es que empiecen a hacer una lista de todo lo que hay contra Trump, que es mucho, y, después, con toda la información en la mano votar sobre si se inicia el proceso de destitución”, explica Moceri.

Un largo proceso sin plazos

Tal y como apunta esta experta, el proceso de impeachment arranca, normalmente, por iniciativa del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, que debe debatir y aprobar si presenta cargos contra el presidente mediante una resolución que detalla de qué se le acusa. La propuesta con las razones para la destitución, los denominados artículos del juicio político (“articles of impeachment″), requiere mayoría simple en el pleno para salir adelante. Si la cámara baja aprueba alguno de los cargos propuestos, se celebra el juicio político en el Senado: un grupo de diputados actúa como fiscales, mientras los senadores ejercen el papel de jurados y el presidente del Tribunal Supremo arbitra el proceso. Trump, mientras tanto, estaría defendido por sus abogados. Escuchados los argumentos a favor y en contra, la destitución del presidente requiere el apoyo de al menos dos tercios de la cámara alta, es decir, 67 de los 100 senadores.

En la última fase del proceso la historia está del lado de Trump. Sus antecesores Andrew Johnson y Bill Clinton, los únicos presidentes de la historia a los que se llegó a imputar [Richard Nixon dimitió para evitarlo], siguieron en el puesto. De ahí que los escépticos alerten sobre una realidad: los costes del proceso para el Partido Demócrata en términos electorales. 

“En el caso de Trump parece que incluso se lo está pasando bien, que esto es lo que quería. Pero los que trabajan con él o se van o se están matando para ver cómo protegerle. Hay una realidad: él gobierna para su base, para nadie más. Y su base es el 35-45% de la población. Así que esto puede tener sus réditos electorales con vistas a su reelección”, apunta Moceri. 

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Manifestación a favor del 'impeachment' de Trump

“Trump nos está provocando para que le hagamos un ‘impeachment’”, declaró Pelosi el pasado mayo. Y explicó: “Sabe que sería muy divisivo para el país, pero a él realmente no le importa. Simplemente quiere solidificar su base”. Pero la línea cruzada por Trump no les ha permitido quedarse quietos, pese a que todo el partido sepa que el impeachment puede terminar por reforzar la imagen del presidente de EEUU como líder popular acosado por los intereses del establishment, representado por los demócratas. Un argumento que no para de repetir alegando que está sometido a una de “caza de brujas” y “acoso presidencial”.

“Aunque por lógica esto debería perjudicar al candidato republicano, podría volverse en contra de los demócratas en función de cómo fuera el proceso. Recordemos el impeachment en contra de Clinton, su nivel de popularidad era de los más altos. En cambio si los acontecimientos fluyen similares al caso Nixon - un personaje parecido en algún sentido a Trump- el resultado no sería muy bueno para el líder estadounidense. Probablemente actuaría de forma similar y dimitiría antes de terminar el juicio”, explica por su parte Crespo.

Del otro lado, más allá de los riesgos, un incentivo para Pelosi y los suyos: las ganas de hacerle un impeachment al presidente ganan entre la sociedad estadounidense. Según una encuesta de YouGov del pasado miércoles, el 55% de los estadounidenses apoyaría este proceso para defenestrar al magnate. La misma proporción que lo ve como un presidente corrupto, incompetente, racista, autoritario y títere del Kremlin.

Al no haber plazos, la presidenta de la Cámara tiene bastante margen para marcar los tiempos según convenga a los suyos: es posible que la investigación se alargue lo suficiente como para tener una incidencia clara en la próxima campaña, pero sin que el pleno llegue a votar los cargos. EEUU nunca ha celebrado una campaña electoral durante un impeachment lo que puede convertir 2020 en un año sin precedentes en Estados Unidos. “Lo importante para los demócratas será que los candidatos no se desgasten y que sea la cámara la que se centre en el proceso”, sentencia Crespo. 

Y los republicamos... 

En todo este complejo puzzle, falta por ver de qué lado se decantan los compañeros de partido de Trump, los republicanos. En el partido el líder estadounidense nunca ha terminado de calar y, pese a que ha pedido que cierren filas en torno a él, senadores de reconocido prestigio como Mitt Romney o Ben Sasse ya han alertado sobre la gravedad del proceso judicial. “Esto sigue pareciendo muy inquietante”, dijo el miércoles en una entrevista en The Atlantic Festival Romney, muy crítico habitualmente con Trump . “Veremos a dónde lleva, pero la primera reacción es de preocupación”, insistió. Ben Sasse, senador por Nebraska, pidió a los republicanos que no se lancen en tromba a “decir que no hay nada, porque obviamente hay mucho y preocupante”. Mike Turner, de Ohio, ha afirmado: “Quiero decirle al presidente que lo que ha hecho no está bien”. Will Hurd, de Texas, ha reclamado una investigación completa, tal y como informa El País.

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Imagen de archivo de Donald Trump

Aunque son pocos los que ya se han pronunciado, dada la fase inicial en la que se encuentra el proceso, el debate moral que se les plantea es evidente. Trump es miembro de su partido, sí, pero ¿cómo justificar ante los estadounidenses la defensa -y apoyo, tumbando el juicio en el Senado- de un presidente que ha mentido a sus ciudadanos? Es difícilmente defendible.

Así que a Trump puede habérsele terminado la buena suerte. Hasta ahora eran los demás los que caían, pero se está estrechando el cerco. Con su última maniobra ha dado a unos y a otros los que buscaban para darte la estocada final. Pero no lo olviden: el magnate al que todos veían incapaz de hacerse con la Casa Blanca es hoy presidente de EEUU. Tenía todo en contra y ni así. El mundo sigue inmerso en el show de Trump, pero ya debería haber aprendido que esto no es la televisión, sino la presidencia de un país. Y no, no todo vale.

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