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16/10/2020 17:40 CEST | Actualizado 16/10/2020 18:28 CEST

Uno de cada 400 madrileños ha muerto por coronavirus, pero ya no se piensa en ello

El dato es terrible, y al mismo tiempo qué fácil es obviarlo.

OSCAR DEL POZO/AFP via Getty Images
Una sanitaria en la UCI del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, después de atender a un paciente de coronavirus el 14 de abril de 2020.

El riesgo de olvidar que detrás de cada cifra hay una persona siempre está ahí, y en la pandemia ese olvido se ha hecho más patente. En España ya apenas se recuerda que hubo días, a finales de marzo y principios de abril, en los que morían casi mil personas al día. Entre el 23 de marzo y el 17 de abril, la cifra de fallecidos por Covid no bajó de 500, alcanzando su pico máximo el 31 de marzo, con 929 muertos.

Esos días la población estaba inmunizada frente a los datos, no éramos conscientes de lo que suponían los números 500 o 1.000. Quizá es más fácil imaginarlo así: en España hay 5.002 municipios con menos de 1.000 habitantes; es como si durante esas semanas trágicas cada día se extinguiera uno de estos pueblos. La España vaciada, literalmente.

Pero llegó el buen tiempo y mejores noticias; incluso hubo dos días, a principios de junio, en los que no se registró ningún fallecido. Ahora, pasado el verano, España se ve de nuevo inmersa en plena ola epidémica, con cifras mucho más suaves que las de primavera, pero no por ello menos trágicas.

España es el país de Europa con mayor mortalidad por 100.000 habitantes, y el cuarto de todo el mundo, después de Perú, Brasil y Ecuador. Hace unas semanas, Perú anunció un triste hito: uno de cada mil peruanos había muerto por la pandemia. En España, la cifra tampoco es agradable: uno de cada 1.410 españoles ha muerto por coronavirus, atendiendo a los registros de Sanidad, que sólo incluyen a personas con un diagnóstico confirmado.

Si nos fijamos en el dato de la Comunidad de Madrid, que también incluye a personas que murieron “con sospecha o con confirmación de Covid-19”, el cálculo es demoledor: uno de cada 385 madrileños ha muerto por el coronavirus. De acuerdo con los datos de la Comunidad de Madrid, 17.266 personas han fallecido con sospecha o con confirmación de Covid-19 según certificado de defunción. Esto supone el 0,25% de la población. De acuerdo con el Ministerio de Sanidad, la cifra de fallecidos en la Comunidad de Madrid es mucho menor: 9.876.

Una cifra “espeluznante” que tendemos a obviar

“La cifra es espeluznante”, constata Manuel Franco, profesor de Epidemiología y Salud Pública en las universidades de Alcalá y Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health. “Pero en cierto modo es comprensible que se nos olvide, porque la pandemia está ya siete meses con nosotros, con lo cual tenemos la sensación, y la necesidad, de que debemos seguir con nuestros trabajos, con nuestra formación y con la vida, si no como la conocíamos antes, sí al menos con un nivel de actividad diaria más o menos aceptable”, señala el epidemiólogo. 

“Los investigadores de comportamientos sociológicos y psicológicos saben que una persona no puede mantener un estado de tensión individual o familiar durante tantísimos meses. Con perdón, eso no hay dios que lo aguante”, razona Franco.

La gente ha desarrollado un escepticismo que probablemente no tendría si se le estuviera mostrando un cuadro más claro

Para Natàlia Cantó, doctora en Sociología y profesora de Estudios de Artes y Humanidades de la UOC, las autoridades también tienen parte de responsabilidad en el ‘olvido’ al que suelen caer las cifras de víctimas del coronavirus. “La gente tiene la sensación de que se está utilizando la emergencia para sacar rédito y posicionamiento político, y esta no es una situación para hacer politiqueo”, sostiene. “Todas las instituciones deben dar la sensación de que se toman el bienestar de la gente como lo más importante. Pero a nadie le está dando esta impresión ahora, y esto es muy peligroso”, argumenta Cantó.

La gente ha desarrollado un escepticismo que probablemente no tendría si se le estuviera mostrando un cuadro más claro, porque además tienen la sensación de que las intervenciones que se están haciendo no van dirigidas a aumentar sus posibilidades de vida”, apunta la socióloga. 

La falta de mensajes “claros” se pone de manifiesto cuando organismos internacionales de salud como el ECDC consideran preocupante una tasa de incidencia superior a 60 casos por 100.000 habitantes mientras la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Sanidad se enzarzan por la cuestión de confinar o no Madrid con 500 contagios por 100.000. “En una situación real de vida o muerte, no puede ser que una institución diga A y la otra B. Existe una jerarquía”, recuerda Cantó. 

Una ‘vuelta a la vida’ un tanto arriesgada

Manuel Franco también ve un problema en las formas que busca la población para evadirse de una situación traumática como la pandemia. “Para volver a llevar una vida que nos satisfaga tenemos unos mecanismos más o menos peligrosos”, explica. “El problema es cómo buscamos esa satisfacción en nuestras vidas. Muchas veces, eso pasa por actividades que son peligrosas en un contexto de pandemia. ¿Por qué un adolescente o un joven tiene que meterse a una fiesta de 90 personas para sentirse satisfecho? ¿No tiene otras maneras de divertirse? Quizás habría que preguntarse qué tipo de actividades hemos construido que no podemos dejar de hacer”, plantea. 

¿Por qué un joven tiene que meterse a una fiesta de 90 personas para sentirse satisfecho? Habría que preguntarse qué tipo de actividades hemos construido que no podemos dejar de hacer

El epidemiólogo lamenta la “obsesión de Madrid por los bares y restaurantes”. “Parece que fueran un derecho fundamental. Y, lo siento, pero no”, lanza. “Derechos fundamentales son la salud, la vivienda, la educación, pero no el hecho de ir a un bar o a un restaurante. Sé que ir a un bar puede ser algo maravilloso para alguien y puede añadir cierta cohesión social o de relajo a la vida del ciudadano, pero no es un derecho fundamental”, expone Franco.

Es difícil explicar por qué otras comunidades y países sí toman medidas duras pero necesarias —Cataluña cerrará los bares durante 15 días, Francia establece un toque de queda en sus grandes ciudades— mientras Madrid tiende a tomar la dirección opuesta permitiendo, por ejemplo, que las discotecas operen como bares y restaurantes y cierren a la 1 de la madrugada.

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