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29/11/2013 10:27 CET | Actualizado 28/01/2014 11:12 CET

Las librerías somos muchas cosas en una, estamos llenas de sorpresas

Cuando abres una librería, no sólo estás poniendo en marcha un negocio o iniciándote en un oficio. Te conviertes en responsable de algo hermoso: de poner en contacto a un libro con su lector, de conectar a narradores, poetas, pensadores, ilustradores y editores con unos lectores ávidos de conocerlos.

Abrimos la librería hace nueve años, y no podíamos imaginar la cantidad de momentos felices que íbamos a vivir en ella. Desde el principio tuvimos claro que no queríamos que Los portadores de sueños fuera un sitio donde se vendieran libros como se podría vender cualquier otra cosa. Amábamos los libros y queríamos darles un trato especial. El oficio de librero es tan bonito que nueve años después seguimos amándolos como el primer día, a pesar de ser objeto de muchos de nuestros desvelos.

Decidimos especializarnos en literatura, tanto para adultos como para niños. Con un local de cien metros cuadrados, estamos obligados a escoger cuidadosamente cada título que entra en la librería y así lo hacemos: intentamos ofrecer al lector la selección que nos gustaría tener a nosotros en casa. Y decidimos también que la librería tenía que ser un lugar vivo e implicado con la vida cultural de la ciudad. Un sitio donde pasaran cosas, donde conocer a autores, donde charlar sobre libros (o sobre lo divino y lo humano) con otras personas afines, un sitio donde encontrar amigos... Intentamos hacerlo cada día con una programación cultural estable y llena de actividad.

Cuando abres una librería, no sólo estás poniendo en marcha un negocio o iniciándote en un oficio. Estás eligiendo una forma de vida. Cuando abres una librería, no sabes que no vas a pasar el día leyendo plácidamente. Y no sólo eso: tampoco sabes que leer es la tarea para la que menos tiempo vas a tener. Muy al contrario, desde ese día vas a ser contable, jefe de compras, mozo de almacén, reponedor, personal de limpieza y otras muchas cosas. Pero a pesar de todas estas tareas ingratas, ser librero tiene algo maravilloso. Te conviertes en responsable de algo hermoso: de poner en contacto a un libro con su lector, es decir, de conectar a narradores, poetas, pensadores, ilustradores y editores con unos lectores ávidos de conocerlos. Y esto nos parece muy hermoso porque, de alguna manera, es como presentar a dos personas que sabes que se van a gustar.

El pasado miércoles se falló el Premio Librería Cultural, premio que nosotros recibimos el año pasado. Cuando el martes por la noche repasaba los proyectos presentados y veía las fotos de los libreros, pensaba que uno de ellos iba a ser muy feliz al día siguiente, tanto como lo fuimos Félix y yo el año pasado. Feliz porque este premio reconoce el trabajo diario, muchas horas de dedicación que uno hace lo mejor que sabe, una filosofía y una forma de entender el negocio. Es un premio concedido por libreros y otros profesionales del sector, lo que lo hace más especial a mi juicio. Paz Gil y todo el equipo de Librería Gil tienen que estar orgullosos este año, igual que los otros trece compañeros que lo han ganado hasta ahora.

Hoy viernes celebramos el Día de las librerías, una celebración que pretende reivindicar el oficio de librero y recordar a los ciudadanos que el mejor sitio para comprar un libro es una librería. Somos espacios amigos, amables, tranquilos y acogedores. Pero también somos lugares abiertos, modernos y activos. Las librerías somos muchas cosas en una, estamos llenas de sorpresas. Y nada nos gustaría más que compartirlas con todos ustedes.

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