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03/11/2013 09:58 CET | Actualizado 03/01/2014 11:12 CET

El largo camino hasta el maratón de Nueva York

Después del disparo en el puente Verrazano Narrows Bridge ya solo queda correr. Hay que dejar de recordar y no hay que emocionarse. Porque la salida del puente es de llorar. Hay un sonido indescriptible. No es un sonido, es una sensación... ¡El puente se mueve con todos los que corremos a la vez! Es como si vibrara, aunque a estas alturas ya no sabes si son tus nervios o que de verdad se mueve.

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Son las 9:40AM de hoy domingo 3 de octubre en Staten Island, Nueva York.

Estoy en el inicio del mayor puente colgante de Estados Unidos, en el Verrazano Narrows Bridge. Me acompañan quince mil corredores que conformamos las tres salidas simultáneas de lo que será la primera oleada del maratón de Nueva York, uno de los cinco grandes maratones del mundo, creo que el más especial.

Y nos paramos todos a escuchar las palabras de Michael Bloomberg, concentrados y respetuosos con el alcalde que para eso lo es. Termina y suena el himno americano, el Star-Spangled Banner y tengo la piel de gallina. La piel de gallina porque hace frío, entre 2 y 12 grados según la previsión metereológica, y porque en unos segundos vamos a salir a correr los 42.195 metros que nos van a llevar hasta Central Park. Y cuando parece que vamos a empezar por fin a correr atruena el New York, New York de Sinatra, suena un disparo, llueve el confeti, los helicópteros empiezan a volar por encima de tu cabeza y solo puedes empezar a correr. Es una sensación indescriptible...

Quizá hasta aquí esto te suene a una más de correr, quizá y aunque sea mi cuarto año en Nueva York, creas que soy uno más de esa moda. Pero a mí me convenció la maratón de Madrid en 1997 cuando el running se llamaba correr y cuando solo llegábamos a meta 5.057 personas. Ese día hice mía la frase de Emil Zátopek: "Si quieres correr, corre una milla. Si quieres experimentar una vida diferente, corre una maratón".

Y es que además ha sido largo el camino hasta aquí. Cada maratón tiene su historia, sus muchos kilómetros en las piernas, en este sus tres costillas que se rompieron en verano y que me tuvieron parado dos semanas. Y siempre tienen una ayuda en una casa que se para para ayudarme a entrenar, cada día que toca de las dieciséis semanas que dura una de las preparaciones.

Pero después del disparo en el puente ya solo queda correr. Hay que dejar de recordar y no hay que emocionarse. Porque la salida del puente es de llorar. Manhattan al fondo en un día de sol ¿Manhattan? Muchos piensan que los que corremos el maratón de Nueva York lo hacemos por la Gran Manzana pero eso es sólo el final. Casi todo el recorrido pasa por los cinco barrios: Staten Island, Brooklyn, Queens, el Bronx y al final del todo Manhattan.

Y hay un sonido en ese primer puente indescriptible, no es un sonido, es una sensación... ¡El puente se mueve con todos los que corremos a la vez! Es como si vibrara, aunque a estas alturas ya no sabes si son tus nervios o que de verdad se mueve. Y a pesar de que somos tres salidas distintas, a pesar de que vamos por caminos diferentes y a pesar de que el puente parece que vibra no te paras. Cuántas carreras habré corrido en las que al principio te tienes que parar de la gente que hay. Pero en Nueva York esto no pasa, los americanos ya se sabe "son tan listos que juegan al rugby con casco".

Al terminar Verrazano se llega a Brooklyn con sus casas bajas y su grandísimo ambiente. Es una zona muy recta en la que sé que mi mujer va a venir a verme. Sola peregrinando por Nueva York por verme en tres sitios, con su bandera de España y lo mucho que te ayuda que alguien te pegue un grito de ánimo. Pero no solo está la bandera de España de Myriam, el último año que se celebró el maratón llegamos 1.009 españoles a Central Park y te encuentras banderas de tu país y de todas sus comunidades autónomas por todo el recorrido. Qué grande somos, conquistando por un momento Nueva York, aunque sea corriendo.

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