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11/07/2013 07:33 CEST | Actualizado 09/09/2013 11:12 CEST

Síndrome del espejo II: La esclavitud de la belleza

Una de las mayores creaciones de la posmodernidad fue el 'pret-a-porter', es decir el lujo al alcance de cualquiera, pero efímero y cambiante. Adoramos la belleza y aun más su ostentación, nos divierte el lujo y aun más lo superfluo, pero caemos en sus trampas insalubres.

Borges odiaba los espejos: "Los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres". Pero también los amaba, y siendo mayor escribió: "Llego a mi centro / a mi álgebra y mi clave / a mi espejo. / Pronto sabré quién soy". He aquí la gran paradoja posmoderna de los espejos.

X es mujer real que odia a su espejo: "... cada noche se mira esperando encontrarse delgada, pero no lo consigue. Así que solo piensa en hacer dieta, en perder peso, en hacer ejercicio... Se ha sometido a un doloroso masaje reductor, y ahora piensa en hacerse una liposucción. Cada día se ve peor pese a que los hombres que la rodean no dejan de piropearla... Pero ella ya tiene 50 años, y es esposa, madre de dos hijos y trabajadora, y sufre en silencio, y nada le ilusiona, nada le ensimisma, y a veces tiene que tomar pastillas para dormir, pues no soporta que cada noche, cuando se mira, su espejo no retransmita aquella imagen de diosa divina".

¿Qué le pasa a X? Que se ve gorda, se ve fea y se odia a sí misma. Pero ¿realmente está gorda, o solo es una víctima de la delgadez posmoderna?

Una de las mayores creaciones de la posmodernidad fue el pret-a-porter, es decir el lujo al alcance de cualquiera, pero efímero y cambiante. Adoramos la belleza y aun más su ostentación, nos divierte el lujo y aun más lo superfluo, pero caemos en sus trampas insalubres, como la esclavitud de moda y las tendencias, las compras compulsivas o la búsqueda irracional de milagros cosméticos.

Esa conspiración posmoderna afecta más a los más vulnerables: adolescentes, mujeres inseguras, personas con complejos y con escasa autonomía. Las consecuencias son enfermedades como la bulimia, el binge o la anorexia, y, sobre todo, el síndrome del espejo. Pero esas eran patologías posmodernas y ya estamos en la hipermodernidad que ha traído sus propios patologías, como, por ejemplo el Cosplay, palabra que resume el inglés costume role play.

Se trata de jóvenes que se divierten disfrazándose a imitación de sus personajes favoritos de manga, anime o videojuegos. Este fenómeno surgió en los años 70 en Japón y desde entonces ha ido en aumento, hasta el punto de que hay convenciones y concursos internacionales. Dicen los expertos que a estos jóvenes les falta de interés por el futuro, el trabajo o los estudios, no tienen ambición de superación, todo en su vida es una superficialidad hedonista, disfrazada de crítica hacia los modelos hipercompetitivos e hiperconsumistas. Ahora bien, si esto es una patología o una simple especulación lúdica es una cuestión compleja, ya que aun no sabemos si esos comportamientos repercuten sobre la salud de los afectados. De hecho, detrás de todo travestismo siempre hay algo de exceso lúdico saludable. Disfrazarse siempre ha sido un juego atractivo, una desmesura tolerada, un requiebro contra el espejo de la normalidad.

Otra enfermedad del hiperespejo es la vigorexia, una patología descrita en los años 80 por H. G. Poppe, que inicialmente la denominó Complejo de Adonis. La padecen sobre todo hombres que practican mucho ejercicio físico, especialmente de tipo culturista buscando adquirir un cuerpo hipermusculado. Lo malo es que por muy concienzudamente que se apliquen a los ejercicios, dietas y tratamientos, nunca están del todo conformes con su musculatura, y acaban obsesionados y enfermos.

También es frecuente el llamado skin picking o dermatotilomanía, es decir, el impulso invencible a rascarse o sacarse granos, espinillas o escoriaciones cutáneas, que en ocasiones llega a ser obsesivo y compulsivo, y se producen lesiones o infecciones cutáneas que dejan huellas indelebles, las cuales acaban generando conflictos con el espejo.

Jesús J. de la Gándara es autor de 'El síndrome del espejo', donde se desarrollan las cuestiones presentadas en este artículo.

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