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17/02/2016 07:00 CET | Actualizado 16/02/2017 11:12 CET

El sexo después de un trauma: ¿qué hay detrás de mi promiscuidad?

sex sheetsDurante una época de mi vida, no me limitaba a llevar tíos a casa porque me apetecía. Utilizaba Tinder de forma compulsiva para buscarlos porque sentía que lo necesitaba. Mi lógica era muy simple: si soy capaz de acostarme con personas aleatorias significa que estoy bien, que mi trauma no me afecta. Qué irónico.

WANDER WOMEN COLLECTIVE via Getty Images
Couple making love in bed with white sheets

Hace un año, escribí una columna para una edición especial de sexo, amor e intimidad que publicó el periódico de mi universidad. El artículo hablaba de las dificultades de acostarte con alguien después de experimentar un trauma sexual y es verídico en un 99%.

No mentí en ningún momento, pero sí es verdad que omití ciertas cosas relevantes. Escribí una versión mejorada de mi historia para que fuera más agradable y porque no comprendía los mecanismos psicológicos que había detrás de lo que estaba experimentando. Intentaba proteger mi reputación porque no me había dado cuenta de que no tenía por qué avergonzarme.

Por fin me he decidido a poner las cartas sobre la mesa porque sé que hay gente que necesita oír esto. Y cualquier empresa que no quiera contratarme porque he hablado abiertamente sobre los efectos secundarios de un trauma sexual es una compañía en la que no quiero trabajar. No tengo que pedir perdón y no tengo nada de lo que avergonzarme.

La hipersexualidad es un efecto secundario común de un trauma sexual (al igual que evitar tener relaciones sexuales de cualquier tipo). No lo sabía cuando escribí aquel artículo. Durante esa época de mi vida, no me limitaba a "traer a un tío a casa después de una fiesta porque me apetecía". Utilizaba Tinder compulsivamente para buscar a chicos con los que quedar en algún bar y luego llevármelos a casa porque sentía que lo necesitaba.

Mi lógica era muy simple: si soy capaz de acostarme con personas aleatorias significa que estoy bien. Significa que mi trauma no me afecta.

Qué irónico.

No me percaté de que era una reacción perfectamente normal hasta que lo hablé con mi psicólogo y me dijo que era una respuesta común a un trauma sexual.

Hace poco leí el libro Come As You Are, de la educadora sexual Emily Nagoski, que explica cómo un trauma puede pisar a fondo tu acelerador sexual:

A veces, los supervivientes se ven atrapados en un patrón de comportamiento sexual. Pueden desarrollar un comportamiento compulsivo para intentar deshacer el trauma, para rehacerlo de otra forma o simplemente para entenderlo. Es como morderse una calentura o explotar un grano, el cerebro es incapaz de dejar atrás el trauma, aunque sepa que podría recuperarse más rápido si pudiera dejarlo atrás. El resultado de este comportamiento es que el superviviente tiene múltiples parejas y a menudo sigue un patrón habitual sin sentir el control completo sobre la decisión de tener o no esas parejas.

En su momento lo describí como si siempre tuviera un dedo encima de un botón que decía "sí". ¿Estaba feliz? Sí. Pero en realidad no lo estaba. Cada mañana me levantaba al lado de un desconocido y con náuseas.

Una de estas aventuras acabó fatal y sufrí un ataque de pánico que duró hasta las 5 de la mañana. Al día siguiente me prometí que dejaría atrás la promiscuidad de una vez por todas.

Si eres un superviviente y al leer esto estás pensando "vaya, eso me suena mucho", ten en cuenta que es una respuesta normal. Si tienes la sensación de estar atrapado, frustrado o infeliz, puedes hacer algo para cambiarlo. Hay salida.

Por fin me he decidido a poner las cartas sobre la mesa porque sé que hay gente que necesita oír esto. No tengo que pedir perdón y no tengo nada de lo que avergonzarme.

Borré mi cuenta de Tinder, me alejé de los hombres durante un tiempo y me sometí a sesiones intensas de terapia de desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares para volver a procesar todos los recuerdos de lo que sucedió. La terapia puede dar miedo. La posibilidad de contemplar directamente tu trauma y hacer el trabajo necesario para dejarlo en su sitio resulta más que intimidante. Pero hablo desde la experiencia cuando digo que acabarás la terapia sintiéndote mil veces mejor que cuando la empezaste.

Nunca volví a acostarme con personas al azar. Cuando me sentí lista para volver a salir con alguien, escribí en mi nuevo perfil de Tinder: "No me escribas si sólo buscas un rollo de una noche".

Esto no significa que todas las personas que tengan múltiples compañeros sexuales sufran un problema de salud mental. No pretendo condenar la promiscuidad, intento explicar cómo pasé de lidiar con mi trauma de una manera poco recomendable a hacerlo de una manera sana. Mi único problema no era que estuviera acostándome con mucha gente, es que me estaba acostando con personas con las que no quería acostarme.

En una ocasión, mi psicólogo me dijo:

"La sociedad tiene muchos tipos de sistemas de valores para determinar cuándo está bien mantener relaciones sexuales y cuándo no, pero el único sistema que importa es la unidad de la mente, el corazón y el cuerpo".

La sociedad tiene muchos tipos de sistemas de valores para determinar cuándo está bien mantener relaciones sexuales y cuándo no, pero el único sistema que importa es la unidad de la mente, el corazón y el cuerpo.

Nunca antes había oído nada más cierto sobre el sexo.

Mi mente, mi corazón y mi cuerpo no estaban de acuerdo con las personas que traía a casa. Ahí es donde me equivoqué. Parte de la terapia consistió en ayudarme a confiar en mí misma a la hora de elegir bien. También consistió en decir que no cuando una parte de mí no estaba de acuerdo.

Como he escrito en otros artículos, la mayoría de la información sobre el sexo está mal. Nuestra sociedad se topa con una mezcla de mensajes cruzados, nos preguntamos cuáles son las características de una sexualidad saludable -¿una sola pareja, muchas o ninguna?- e intentamos imitar esas características para sentirnos normales. Pero la clave para una sexualidad saludable no tiene nada que ver con las normas sociales; la clave reside en hacer caso a lo que dicten tu mente, tu corazón y tu cuerpo.

Por eso hay que prestar atención a esas partes de tu cuerpo si eres un superviviente de un trauma sexual que busca la normalidad en su vida sexual. Hay que reconocer cuándo las tres partes no están de acuerdo, perdonarse por no haber prestado atención antes y prometer hacerlo a partir de ahora.

Y cuando todas las partes estén de acuerdo sentirás esa normalidad y esa recuperación que estabas buscando.

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros.

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