En pie desde las 8:00 a sus 83 años para cocinar en su propio restaurante: "¿Parar? Es cada vez más duro, pero no pensamos en ello"
Una pareja regenta un restaurante emblemático de la ciudad desde 1973.

El reloj sonando a las 7 u 8 de la mañana significa el comienzo del día de trabajo para muchos. Rápidamente, un desayuno improvisado y una ducha a la velocidad de la luz marcan el ritmo de las primeras horas, deseando que no haya demasiado atasco de camino a la oficina para llegar a tiempo.
Es la sensación que viven millones de personas en España cada jornada, pero también las hay otras que, a una edad considerada superior a la laboral, todavía la siguen experimentando por decisión propia. "¿Alto? "No estamos pensando en eso", manifiesta Louise Belala.
A sus 77 años, esta mujer regenta junto con su marido, Mohamed, de 83, el que califican como el negocio más antiguo de Saint-Étienne, en Francia. Ubicado en el barrio de Saint-Jacques de la ciudad francesa, sus días en el restaurante transcurren entre fogones y mesas a la que servir, con la misma ilusión que cuando empezaron.
Una jornada ajetreada pero disfrutada
Su jornada arranca a las 8 de la mañana, cuando ya comienzan con la preparación del cuscús que van a servir en los almuerzos. En La Friterie, abierta desde 1973, la pareja sigue siendo ese todoterreno que fueron hace 50 años: traen el pan, toman los pedidos, sirven las cervezas y los platos.
"Entramos en su casa, estamos en su hogar. Son como agricultores con sus tierras. Paran cuando quieren. Esta vida social es importante para ellos", reconocen sus hijos. Por su parte, la propietaria afirma que, pasados los años, "cada vez es más difícil", pero no por ello van a dejar de hacerlo: "No lo pensamos, pero estamos empezando a reducirlo", confiesa al medio de comunicación Actu Saint- Etienne.
Una vida al frente del restaurante
Asimismo, Mohamed, al que los clientes le llaman Michel, llegó a Francia tras la guerra de Argelia, lo que le ha servido para imprimir a su cocina unos toques árabes. El matrimonio cuanta además con el apoyo de su hija, que se encuentra tras el mostrador del establecimiento.
Su restaurante se ha convertido en ya patrimonio histórico de la localidad gala. Abrieron su negocio en el antiguo hotel "Le Romantique" allá por la década de los 70 y hasta entonces han sabido conservar su esencia. Por las mesas han pasado generaciones de familias. Ahora, un menú de patatas fritas, carne a la parrilla o pollo al jengibre, a 16 euros -10 euros si se toma solamente el plato del día- es lo que brindan a sus comensales, que ya los consideran toda una institución.