Dos cuervos africanos llevan 15 años sobrevolando Las Palmas porque son tan inteligentes que aprendieron a reconocer los coches de los veterinarios que intentaban capturarlos
Su elevada inteligencia les permitió esquivar todos los intentos que hicieron las autoridades para cazarlas.
Quienes pasean estos días por el centro histórico de Las Palmas de Gran Canaria y levantan la vista pueden haberse encontrado con una imagen poco habitual: dos aves oscuras, de gran tamaño, sobrevolando con soltura zonas como Triana o Vegueta.
No se trata de una aparición puntual ni de una especie recién llegada. Son dos ejemplares de cuervo africano que llevan más de una década instalados en la isla, sobreviviendo gracias a una combinación de inteligencia y capacidad de adaptación poco común.
Su historia se remonta a mediados de la década de 2010, cuando un barco procedente de Rusia atracó en el Puerto de La Luz con varios ejemplares de esta especie a bordo. Según fuentes del ámbito veterinario insular, llegaron un total de nueve aves.
La mayoría fueron capturadas tras semanas de seguimiento, pero dos lograron esquivar todos los intentos. Y lo hicieron, en gran parte, porque aprendieron a reconocer a quienes intentaban atraparlas.
Inteligencia que marca la diferencia
El caso de estos dos cuervos no es anecdótico desde el punto de vista biológico. Se trata de una especie conocida por su elevada capacidad cognitiva. En este caso concreto, esa inteligencia se tradujo en una conducta muy específica: identificar los vehículos utilizados por los equipos de captura y evitar las zonas donde estos aparecían. Con el paso del tiempo, ese aprendizaje les permitió mantenerse fuera del alcance humano.
Hubo un último intento para interceptarlos cuando ya estaban localizados en una nave industrial del área de El Sebadal, donde un vecino les proporcionaba alimento. Sin embargo, el operativo quedó interrumpido por un cambio en la gestión administrativa del caso, y los animales quedaron definitivamente en libertad.
Desde entonces, su presencia no ha sido constante a ojos del público, pero sí sostenida en el tiempo. Han sido vistos en diferentes puntos de la capital grancanaria y en áreas cercanas, desde el entorno portuario hasta zonas más elevadas de la isla. Su reciente visibilidad en áreas céntricas no responde a una llegada nueva, sino a un episodio más evidente de una convivencia que lleva años produciéndose.
Un entorno perfecto para sobrevivir
El éxito de estos ejemplares en un entorno ajeno a su hábitat original no es casual. El cuervo africano es originario del África subsahariana, pero posee una notable capacidad para adaptarse a entornos urbanos.
Las ciudades ofrecen recursos que facilitan su supervivencia: alimento accesible, ausencia de grandes depredadores y estructuras elevadas desde las que controlar el territorio.
En el caso de Las Palmas de Gran Canaria, esas condiciones se cumplen con creces. La abundancia de otras aves urbanas, como palomas o cotorras, puede incluso formar parte de su dieta. De hecho, expertos apuntan a que su presencia en zonas como Vegueta podría estar relacionada con la búsqueda de alimento, incluidos huevos de otras especies.
Este comportamiento oportunista, unido a su inteligencia, explica por qué han conseguido mantenerse durante tanto tiempo sin ser capturados y sin desaparecer.
Más allá de la anécdota: un riesgo ecológico
Aunque su presencia pueda resultar llamativa o incluso curiosa para los ciudadanos, el principal foco de preocupación se sitúa en el ámbito medioambiental. El problema no es tanto su tamaño o su comportamiento, sino el posible impacto sobre especies locales.
En este sentido, el mayor riesgo identificado es la interacción con el cuervo canario, una subespecie propia del archipiélago. La posibilidad de que ambas especies se crucen podría dar lugar a procesos de hibridación, algo que preocupa especialmente en ecosistemas insulares.
Este tipo de fenómenos puede alterar el equilibrio genético de las poblaciones autóctonas, diluyendo sus características propias. En territorios como Canarias, donde la biodiversidad presenta altos niveles de singularidad, cualquier alteración de este tipo tiene consecuencias potencialmente graves.
Un caso que nunca se cerró
Lo que hoy se percibe como una rareza en el cielo de la ciudad es, en realidad, el resultado de una intervención incompleta hace años. La oportunidad de retirar a estos ejemplares existió, pero no llegó a materializarse del todo. Desde entonces, los dos cuervos han permanecido como una presencia discreta, casi invisible durante largos periodos, hasta reaparecer en momentos concretos.
Su historia resume una situación frecuente en territorios insulares: pequeñas introducciones que, sin una actuación rápida y sostenida, pueden derivar en escenarios difíciles de revertir. Hoy, más de quince años después, estas dos aves siguen volando sobre la ciudad, convertidas en un recordatorio de lo que ocurre cuando la gestión se queda a medio camino.
Mientras tanto, vecinos y visitantes continúan mirando al cielo con sorpresa. Pero la cuestión de fondo ya no es su origen, sino su impacto futuro. Porque en un ecosistema limitado como el canario, cada especie cuenta. Y cada decisión —o falta de ella— también.