Lo que sabemos y lo que no sabemos del acuerdo EEUU-Irán que se hace de rogar
Según los borradores que maneja la prensa norteamericana, la guerra terminaría y los negociadores se dan un plazo de 60 días para cuajar un acuerdo integral. Ormuz se reabriría gradualmente y Teherán renunciaría a sus reservas de uranio enriquecido.

Los Gobiernos de Estados Unidos e Irán han enfriado las expectativas globales sobre la posibilidad de lograr un avance definitivo e inminente para poner fin a la guerra de tres meses que sostienen ambas naciones. Según las declaraciones hechas por sus propios dirigentes y los reportes de agencias internacionales, tanto iraníes como norteamericanas, hay contactos, hay avances, pero también puntos de fricción, que hacen menos inminente el acuerdo de lo adelantado este fin de semana por el presidente de EEUU, Donald Trump.
Aunque el precio del crudo ya baja de los cien dólares el barril (un precio que no se veía desde el 28 de febrero, primer día de ataques) y las bolsas han ido abriendo este lunes con optimismo, hay también mucho de deseo en estos movimientos, más que de realidad. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, advirtió esta pasada noche desde Nueva Delhi que, aunque se prioriza la vía diplomática, Washington no esperará indefinidamente. "Tendremos un buen acuerdo con Irán o trataremos con el país de otra manera", afirmó tajante.
Más tarde, el propio Trump remarcó esa idea: "El acuerdo con Irán será grande y significativo o no habrá acuerdo". Tiene que lograr algo vendible y rápido, porque su popularidad de ha ido al suelo, a un 34%, con esta guerra. "Vale la pena señalar que Trump no puede ganar políticamente. Las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses se oponen a la guerra, por lo que enfrentaría una reacción igual o mayor si ordenara nuevos ataques contra Irán, un paso que amenazaría con una escalada violenta y un mayor dolor económico. Pero los presidentes a menudo se sienten tentados a lanzar nuevas aventuras militares para salvar las apariencias, o para buscar una vía de salida que con frecuencia se convierte en un atolladero. Cuando dan un paso atrás, se pueden salvar vidas", expone Stephen Collinson, el analista en jefe de la CNN en cuestiones presidenciales.
La administración estadounidense, prometió Rubio, dará a la diplomacia "todas las oportunidades para tener éxito" antes de comenzar a explorar "alternativas", que no citó. Estas declaraciones se producen un día después de que Trump manifestara haber ordenado a sus negociadores que no se apresuraran a cerrar ningún pacto con Teherán. A través de su red social Truth Social, el mandatario enfatizó que el bloqueo naval que sufre la nación islámica se mantendrá "hasta que se alcance, certifique y firme un acuerdo".
Por su parte, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Esmaeil Baghaei, respaldó ayer esta postura de cautela al declarar que un acuerdo bilateral "no es inminente". Y esta mañana, ha repetido en su rueda de prensa semanal que se había llegado a una conclusión sobre muchos temas, pero que eso no significa que "estemos cerca de firmar un acuerdo".
Así que lo que sabemos es que el acuerdo se está cocinado, pero no está a punto. No está claro cuándo ni cómo se concretará ni cuándo entrarán en vigor sus distintas partes ni quién cederá más para acabar con esto. Trump primero dijo que estaba todo a punto de caramelo, para después echar el freno, tras conversaciones con aliados en Oriente Medio, incluyendo una llamada aparte con Israel. El caos de versiones es importante y los silencios, entendibles en el mundo de la diplomacia, ahondan las dudas.
Sin embargo, los medios norteamericanos están desvelando los que podrían ser los puntales del acuerdo por firmar, 14 puntos básicos, dice Reuters. Y hay coincidencias en sus versiones como para ir afirmando que, esta vez sí, podrían ser las bases de un documento definitivo de paz. Hay cosas que están y cosas que faltan. Las repasamos en El HuffPost:
La guerra ha terminado
En las 12 semanas transcurridas desde que EEUU e Israel iniciaron la guerra con ataques contra Irán que causaron la muerte de altos funcionarios, incluido el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, Teherán ha insistido en que cualquier acuerdo se centre en poner fin a los combates y que se haga en todos los frentes que se han ido abriendo con los días. Esto incluye Líbano, donde el partido-milicia chií Hezbolá, respaldado por Irán, ha estado combatiendo a Israel desde el segundo día de la guerra, en represalia por el magnicidio de Jamenei. Desde el 7 de abril se mantiene un frágil alto el fuego entre Líbano e Israel, gracias a la mediación de la Casa Blanca.
El fin de la guerra aliviaría la preocupación en toda la región, donde importantes centros de transporte marítimo y marítimos del golfo Pérsico, como Emiratos Árabes Unidos (EAU), Arabia Saudí o Qatar fueron atacados con misiles y drones iraníes. Permitiría, además, que el transporte marítimo mundial, que incluye aproximadamente el 20% del petróleo y el gas natural del mundo, volviera a transitar por el estrecho de Ormuz. Asimismo, facilitaría la reconstrucción de la infraestructura energética y de otro tipo en la región.
Dos funcionarios regionales citados por la agencia Associated Press afirman que el borrador del acuerdo incluye el fin de la guerra entre Israel y Hezbolá, así como el compromiso de no interferir en los asuntos internos de los países de la zona, incluido Irán. Esta es una referencia crucial al apoyo de los ayatolás a grupos afines, el llamado Eje de Resistencia, entre los que se incluyen los rebeldes hutíes en Yemen, los militantes de Hamás en Palestina y los grupos armados chiíes en Irak.
EEUU quiere que Israel tenga libertad de acción para responder a lo que considera amenazas en Líbano, mientras que Irán lo rechaza, según AP y el digital Axios. El acuerdo garantizaría el derecho de Tel Aviv a actuar en legítima defensa ante amenazas inminentes, según el borrador más reciente.
El Gobierno del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no ha participado en las negociaciones de paz, cuya mediación han liderado Pakistán y -en menor medida- Egipto y se ha opuesto reiteradamente a que el frente libanés se incluyera en el armisticio general. De hecho, ha ocupado militarmente el sur de Líbano y sus planes declarados, tras demoler las aldeas de la zona, es crear un espacio de amortiguación para que no haya incursiones de Hezbolá ni sus proyectiles lleguen a suelo israelí.
Reuters ha citado esta mañana a funcionarios israelíes afirmando que Netanyahu siente que tiene poca capacidad para influir en Trump, que prácticamente lo ha apartado de las negociaciones. "Bibi hará lo que yo quiera", ha llegado a decir el norteamericano.
Apertura gradual de Ormuz
El programa nuclear iraní, su desarrollo de misiles de medio y largo alcance y su apoyo a grupos armados afines en Oriente Medio fueron las razones aducidas por Washington y Tel Aviv para atacar a Irán, aunque no se presentaron pruebas que justificasen una agresión en legítima defensa.
Sin embargo, el control ejercido por Teherán en represalia sobre el estrecho de Ormuz se convirtió rápidamente en una de las principales preocupaciones mundiales, ya que cientos de barcos que transportaban petróleo, gas natural, fertilizantes y otros suministros quedaron varados. La República Islámica llevaba años amenazando con usar esta ventaja geográfica de primer orden, pero sin dar nunca el paso. Hasta ahora. El daño ha sido brutal, con una reducción del 20 % en la demanda global de petróleo y el agotamiento histórico de las reservas internacionales de crudo (las reservas globales de crudo se redujeron en 117 millones de barriles sólo en abril, sumados a los 129 millones de barriles perdidos en marzo); la crisis marítima y energética ha generado un fuerte impacto en múltiples sectores económicos clave en todo el mundo, elevando los precios de productos esenciales y complicando incluso la llegada de ayuda humanitaria a lugares en conflicto.
Según el acuerdo que se está gestando, el estrecho se reabriría gradualmente a la vez que EEUU empiece a poner fin al bloqueo de los puertos iraníes, que inició el 17 de abril. Ese bloqueo ha limitado la capacidad de Irán para exportar petróleo -afecta, por ejemplo, a aliados potentes como China- y obtener los fondos que tanto necesita su maltrecha economía.
Trump permitiría a Irán vender su petróleo mediante exenciones a las sanciones internacionales que pesan sobre el país, según AP. Fuentes iraníes informaron a Axios que Teherán exige el desbloqueo de una "porción específica" de decenas de miles de millones de dólares procedentes de sus ingresos petroleros congelados en el extranjero desde el primer paso del proceso, junto con un mecanismo que garantice su acceso continuo a dichos fondos.
El levantamiento de dichas sanciones y la liberación de los miles de millones de dólares de fondos iraníes congelados se negociarían durante un período de 60 días, añade el New York Times. Primero el marco y luego, el detalle.
Baghaeí, el portavoz de Exteriores de Irán, declara este lunes que el posible acuerdo no contiene detalles específicos sobre la gestión del estrecho. Su país no cobrará peaje a los barcos que transiten por la zona, ha enfatizado. Sin embargo, añadió que sí habrá un costo por los servicios que se ofrecerán, como la navegación y las medidas para proteger el medio ambiente, según un protocolo que se acordará con Omán, país que comparte la costa opuesta del estrecho. En estas semanas, ha habido un flujo mínimo de embarcaciones, de menos de una decena diarias, en comparación con las 125 a 140 diarias que lo atravesaban antes del conflicto.
Cesión con el uranio
El programa nuclear de Irán y la preocupación internacional por su posible búsqueda de un arma nuclear son la base formal de todas las tensiones (la de fondo es quién tiene el poder en Oriente Medio, papel que se pide Israel). Teherán ha dicho reiteradamente que quiere dar un uso civil y no militar a sus investigaciones y, en 2015, firmó con Occidente un acuerdo para garantizar que no cambiaba de idea, pacto del que Trump se salió en 2018. Dijo entonces que los clérigos alimentaban el "terrorismo mundial".
En estas semanas de guerra, EEUU e Israel han barajado operaciones militares de gran complejidad para intervenir y destruir su uranio altamente enriquecido, incluyendo colocar botas sobre el terreno para una acción rauda, con especialistas de élite, que destruyeran in situ o se llevasen los 450 kilos de uranio que Naciones Unidas calcula que estaban ya muy enriquecidos, por encima del 60%. Estaría a "un pequeño paso técnico" de los niveles de pureza del 90% necesarios para la fabricación de armas, según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
En el marco del posible acuerdo y siempre hablando en condicional, Teherán se comprometería a entregar esas reservas de uranio altamente enriquecido. La forma en que Irán las presentaría sería objeto de nuevas conversaciones durante el citado período de 60 días planteado para afinar los detalles. Es probable que parte del uranio se diluya y el resto se transfiera a un tercer país, posiblemente Rusia, añadió Reuters. Moscú ya se ha ofrecido a recibirlo y a custodiarlo.
Si Irán no renuncia a sus reservas, no habrá alivio de las sanciones, avisa la Casa Blanca.
El régimen religioso afirma tener un derecho "inalienable" a la tecnología nuclear, como cualquier otro estado, al tiempo que insiste en que su programa es "pacífico". Ayer domingo, el presidente Masoud Pezeshkian declaró a la televisión estatal que estaban preparados para "garantizar al mundo que no buscamos un arma nuclear". No concretó cómo.
También ayer, Trump declaró en redes sociales: "Nuestra relación con Irán se está volviendo mucho más profesional y productiva. Sin embargo, deben comprender que no pueden desarrollar ni adquirir un arma nuclear ni una bomba". Es una frase que ha repetido hasta la saciedad desde que recuperó el Despacho Oval, en enero de 2025, y relanzó las negociaciones con los ayatolás. En plenas rondas de contacto, tanto en junio del pasado año como en febrero pasado, Washington acabó lanzando ataques contra Irán, sorprendiendo e indignando a los negociadores.
En el Partido Republicano -donde han surgido no pocas voces contrarias a la guerra iniciada por un mandatario que prometió no meterse en arenas movedizas- están surgiendo algunas voces que ruegan a Trump que, a estas alturas, cierre un pacto "decente". "Mire, hace unas 11 semanas nos dijeron el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y su Departamento que habían destruido las defensas de Irán y que sólo era cuestión de tiempo antes de que tuviéramos el material nuclear", dice, por ejemplo, el senador Thom Tillis, de Carolina del Norte. "¿Ahora estamos hablando de una postura en la que podríamos aceptar que el material nuclear permanezca en Irán? ¿Cómo tiene eso sentido?", se cuestiona.
Y en aliado de Trump, el senador por Carolina del Sur Lindsey Graham, advirtió el sábado de que permitir que Irán "aproveche su ventaja" controlando el estrecho de Ormuz cambiaría el equilibrio de poder regional. Su miedo es que EEUU acabe en el punto de partida en el que estaba el 28 de febrero y aún peor, con Teherán dominando un estrecho que estaba abierto al mundo. Un pan con unas tortas, que se dice.
Lo que aún no está
En las descripciones del acuerdo que está surgiendo en EEUU no se han mencionado otras cuestiones clave, como la situación del enriquecimiento de uranio que se quedaría en suelo de Irán y lo que puede pasar a futuro con sus investigaciones.
Otro ejemplo es el programa de misiles, que Israel, en particular, ha intentado destruir, objetivo que no parece haber logrado por completo. Es más: una investigación de la CNN de la semana pasada desvela que Irán ya ha reanudado parte de su producción de drones y misiles durante el alto el fuego de seis semanas, lo indica que "está reconstruyendo rápidamente ciertas capacidades militares mermadas por los ataques estadounidenses e israelíes", según fuentes de la inteligencia estadounidense.
Tampoco se habla de democracia, derechos humanos o libertad. EEUU e Israel entraron en la guerra con la ambición declarada de ver a los iraníes sublevarse contra su Ejecutivo, tras las protestas a nivel nacional a principios de año por la crisis económica, pero cualquier debate sobre un cambio de liderazgo en Teherán parece estar descartado. Con la guerra, han atenazado a los civiles, han destrozado infraestructuras, han disuelto las protestas y, además, han dado lugar a que suban en el escalafón altos mandos más radicales, ahora además enervados por la eliminación de líderes. El propio sucesor de Jamenei, su hijo Mojtaba, no es precisamente una paloma.
En cuanto a los objetivos que Irán manifestó en el pasado durante las negociaciones, no parece haber ninguna mención a la retirada de las fuerzas estadounidenses de la región (se calcula que tiene no menos de 40.000 militares en Oriente Medio), ni a reparaciones por los daños causados por la guerra (de la que aún no hay cálculos creíbles).
Aunque el actual cese al fuego ha permitido un leve respiro, los expertos advierten que un acuerdo preliminar no resolverá de inmediato la crisis energética mundial, que puede tener efectos de hasta tres y cuatro años. Los elevados costos del combustible, los alimentos y los fertilizantes derivados de la guerra continuarán presionando la economía global en el corto plazo. Los muertos tampoco volverán. Lo urgente es evitar que haya más.
Trump siempre ha dicho que el acuerdo de 2015, que firmó por parte de EEUU el demócrata Barack Obama, fue terrible y que él lograría uno mucho mejor. Pues es el momento de demostrarlo.
