Hay una señal para que abandones el parque donde paseas a tu perro inmediatamente: muchos dueños creen que es una broma
"Cuando los perros están tensos, incluso una pequeña colisión puede desencadenar una pelea".
Consejos prácticos si tienes un perro, en un hecho cotidiano en parques y calles que puede pasar desapercibido. Un perro corre. Otro lo persigue. Los dueños sonríen. Parece un juego. Pero, según la especialista en conducta animal Pauliina Laurila, hay una señal que debería hacerte salir del parque para perros sin pensarlo dos veces: cuando un perro es perseguido y no parece disfrutarlo.
"Si un perro es perseguido y no parece pasarlo bien, yo me iría, incluso si mi perro no estuviera implicado", explica Laurila a Iltalehti. En ese punto, la situación ya ha escalado y la probabilidad de pelea aumenta.
El momento en que el juego deja de ser juego
Muchos propietarios interpretan la persecución como una interacción normal. Pero el contexto importa. En un juego equilibrado, los roles se alternan: el que persigue luego es perseguido. Hay pausas. Los cuerpos están relajados. Las colas no están rígidas ni metidas entre las patas.
Cuando el "indicador de aceleración" empieza a estar en rojo —como lo describe Laurila— la tensión sube. Si el perro huye con la cola baja, orejas hacia atrás, sin girarse para interactuar, o intenta esconderse tras su dueño, ya no estamos ante un juego. Estamos ante estrés.
Y el estrés acumulado es un detonante. "Cuando los perros están tensos, incluso una pequeña colisión puede desencadenar una pelea", advierte.
No todos los perros encajan en un parque
Un parque canino es un entorno artificial. Se juntan animales desconocidos en un espacio cerrado donde no pueden elegir con quién interactuar ni cuándo marcharse.
Laurila recuerda que los perros que viven en libertad —como los llamados "perros de aldea"— gestionan sus propios territorios. Si surge un conflicto, después se evitan. En un parque urbano eso no es posible. Si un perro es perseguido, no puede escapar a larga distancia. La presión continúa.
Además, cada perro es distinto. Uno tranquilo puede tolerar cierta excitación puntual. Pero un perro activo o fácilmente sobreestimulado puede acumular vueltas en el parque. Esa activación no desaparece al salir: puede afectar su conducta en casa, en los paseos o incluso su calidad de descanso.
La responsabilidad es del dueño
"Los dueños creen que es divertido estar con los perros en el parque, pero no siempre saben interpretar su lenguaje corporal", señala Laurila. No se trata de entrar y quedarse una hora, pase lo que pase.
Hay que observar si tu perro quiere interactuar o se mantiene al margen, si se alternan los roles durante el juego, si hay pausas naturales o si todo es persecución constante, o si tu perro busca salir del grupo o te mira pidiendo ayuda.
Un buen juego es simétrico y flexible. Si siempre es el mismo el que huye, no es juego. Si no hay descanso, no es juego. Si hay tensión visible, no es juego.