Los osos del Pirineo llevan 20 años creciendo un 11% al año pero están al borde de una crisis genética: solo quedan 108 y todos son primos
Una gran debilidad biológica que tiene su origen en los años 90.

Durante décadas, el oso pardo ha sido símbolo de resistencia en los Pirineos, ya que se trata de un animal que estuvo al borde de desaparecer y que hoy vuelve a dejar huellas en la nieve y en los bosques de la cordillera. Pero tras esa imagen de recuperación hay una realidad más frágil de lo que parece: la población crece, pero cada vez es más homogénea, como si todos los caminos genéticos condujeran al mismo origen.
Esa es la conclusión que defiende el último informe de la Oficina Francesa de la Biodiversidad, que en 2025 identificó al menos 108 osos en toda la cordillera, una cifra que confirma dos décadas de crecimiento sostenido, en torno al 11 % anual. Sin embargo, ese avance numérico convive con una caída drástica de la diversidad genética y un aumento de la endogamia, lo que empieza a comprometer la salud y el futuro reproductivo de la población.
El origen de este problema se remonta a los años noventa, cuando la especie rozaba la desaparición y se optó por reintroducir ejemplares procedentes de Eslovenia para salvarla. Aquella decisión permitió que hoy el oso vuelva a expandirse por los Pirineos, pero también dejó una base genética muy limitada que, con el paso del tiempo, ha ido estrechándose aún más, dando lugar a una población cada vez más emparentada entre sí.
El futuro de la espacie en jaque
Lo que en su día fue un rescate de la especie, hoy se ha convertido en una gran debilidad biológica al proceder todos los ejemplares de un linaje muy reducido. La OFB añade que la consanguinidad ya está dejando señales preocupantes: camadas más pequeñas, menor distancia de dispersión natal y una caída de la supervivencia de los cachorros cuando las madres están más emparentadas.
Por eso, el organismo trabaja junto al Muséum national d’Histoire naturelle y la Universidad sueca de ciencias agrícolas en un estudio genético para medir hasta qué punto esa falta de variabilidad puede afectar al futuro de la especie. Con ello se pretende entender mejor su evolución reciente y anticipar cómo podría comportarse la población en las próximas décadas dentro de un ecosistema cada vez más cambiante.
Mientras tanto, el oso sigue siendo un animal en expansión sobre el mapa, con presencia en Francia, España y Andorra, pero también se ha convertido en una fuente de tensión con parte del sector ganadero por los daños al ganado en zonas de pasto de alta montaña. Una recuperación que avanza en cifras, pero que aún deja en el aire si será suficiente para garantizar un futuro sólido a la especie en la cordillera.
