Alice Kellen publica 'El Club del Olvido': "Vivimos un mundo donde es difícil escapar de las nuevas tecnologías. Te quedas en los márgenes"
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Alice Kellen publica 'El Club del Olvido': "Vivimos un mundo donde es difícil escapar de las nuevas tecnologías. Te quedas en los márgenes"

Entrevista con la autora de 'El club del olvido', una novela sobre amor, la amistad y cómo ha cambiado nuestra forma de relacionarnos.

La escritora Alice KellenJavier Ocaña

Se llama Silvia Hervás, pero todos y todas la conocemos con Alice Kellen, el pseudónimo con el que se ha convertido en una autora imprescindible de novela romántica. Ha publicado nada más y nada menos que dieciséis novelas. De ellas, El mapa de los anhelos se ha convertido en una miniserie y Todo lo que nunca fuimos en una película, lo que demuestra el tirón de esta escritora nacida en Valencia en 1989.

Ahora vuelve con una novela llamada El Club del Olvido en la que la amistad gana peso al amor. Nos cuenta la historia de cuatro amigos de la infancia que abren un club por el que se pasa una chica, Dalia, que se incorpora a su mundo y su vida. Hay amor, pero sobre todo amistad, tanto en el presente como en la época anterior a que la tecnología cambiara nuestra forma de relacionarnos. De estos temas profundizamos en una entrevista para que nos trasladamos a un local madrileño que se convirtió por unas horas en El Club del Olvido.

¿Cómo surgió El Club del Olvido? ¿Cuál es la historia de esta novela?

Quería hablar de cuatro amigos que se conocen desde la infancia y de cómo son esas relaciones. Al final ellos tienen 26 años, desde los cuatro han convivido juntos, y es un poco narrar las grietas que van surgiendo, los silencios, y cómo esto llega a un momento en el que se va abriendo y hay que abordarlo. Después introduje el personaje de Dalia y tenía dudas de dónde colocarlos. Luego apareció El Club del Olvido y ya fue como el lugar perfecto para que todo esto explotase. 

¿Por qué una historia en dos épocas distintas?

Porque quería marcar la diferencia entre la actualidad, que tienen en torno a 56 años, y contar qué sucedió en 1993, cuando todos rondaban los 25-26 años. Era una manera de separar, no solo separarlos a ellos, sino de mostrar que la vida es diferente, la forma de relacionarse cuando la tecnología, las redes sociales, los móviles todavía no formaban parte de este ecosistema, y la realidad actual, que era un poco diferencia.

Resulta hasta curioso ver o leer ficción ambientada o creada antes de los móviles y cómo ha cambiado la forma de relacionarse...

Es que cambia todo, al final esto es como una columna vertebral que nos ha atravesado. En la novela, en el 93, uno aparecía en casa del otro a la hora que fuese, cuando acabase de comer. Todas estas cosas más analógicas siempre me parecen como muy tentadoras, te dan muchas posibilidades que hoy en día, a veces la propia tecnología, el mundo en el que vivimos, te las destruye. Es hasta difícil no saber nada de otra persona en la actualidad, a no ser que sea una persona que no maneje nada. Pero es como que estamos un poquito al tanto de todo. Sin embargo antes me parecía que de pronto pierdes el contacto y lo pierdes de verdad.

Mencionas a gente que no maneja las nuevas tecnologías. Parece que ahora les vemos como raros, como si vivieran en otro mundo...

Sí, porque hay cosas que te condicionan. Ahora vas a una comida y te dicen ‘hazme un Bizum’. Hay gente que está dando un paso atrás, lo que me parece interesante, y de pronto están yéndose a teléfonos en los que no tienen ni siquiera WhatsApp. Pero es verdad que vivimos en un mundo en el que esto empieza a ser, digamos algo transversal. Es difícil escapar de ahí, es como que te quedas un poco en los márgenes de la vida actual.

  Alice Kellen, autora de la novela 'El Club del Olvido'Javier Ocaña

¿Crees que en ese sentido la vida era mejor antes que ahora?

No lo sé, seguro que había cosas más interesantes, o había cosas que sí y otras que no. Yo creo que de todo se pueden sacar pros y contras, pero a nivel literario a mí sí me parece más interesante lo de antes. He hecho muchas novelas y me cuesta mucho introducir las redes sociales, la comunicación constante, porque es un poco como a veces ruido en la intimidad, y juegas un poco a cómo meterlo. Pero es verdad que hay historias que incluso no pueden ser contadas. 

"A nivel literario me parece más interesante la vida antes de la comunicación constante"

A veces quieres una historia en la que dos personas se van a otra ciudad y ya ahí se acababa, o se escribían cartas. Pero claro, como esto en la actualidad ya no es así, hay historias que ya no puedes contar de la misma manera. Entonces sí que cambia al final lo que ocurre en una novela. Y en lo literario, a veces este aire que había antes, esta distancia obligada, me parece que te da pie a cosas interesantes.

¿Qué te inspiró para El Club del Olvido?

No me inspiró nada en concreto. En realidad el club al final es un juego, el título, porque estamos hablando del pasado de los personajes, de esta época de juventud que a veces dejas atrás, que olvidas, pero obviamente no la olvidas porque te ha marcado a lo largo de tu vida y ha sido una experiencia vital relevante. Pero yo quería hablar de estos cinco personajes, de cómo se relacionaban entre ellos. Cada uno tiene sus claroscuros. Si juntaba a dos e introducía a otro, cambiaban las relaciones. 

Esto muestra cómo es un grupo de amigos, lo variable que es. No te comportas igual cuando estás a solas con un amigo, que de pronto entra otro y otro. Es que cambia hasta a veces tu forma de hablar, los temas que se atraviesan, todo este juego a veces silencioso, que es algo que no pones sobre la mesa, que no hablas directamente, pero que está en un grupo.

  Alice Kellen con su libro 'El Club del Olvido'Javier Ocaña

¿Se da a la amistad en la ficción la importancia que merece? ¿Por qué querías hablar tanto de la amistad en tu novela?

La amistad a mí me parece como un tipo de amor, puede que más calmado, puede que sin tantos picos y que probablemente es más fácil mantenerla porque no te exige tanto. Todos entendemos una amistad en la que veas dos veces a una persona, dos comidas al año y sigues considerándolo un amigo. Me parece un caldo de cultivo muy interesante. En este caso, además, en el libro, quería hablar de las amistades que eliges en la infancia, que te vienen un poco dadas, porque en este caso han nacido en el mismo barrio y han ido al mismo colegio, y tú te haces amigo de un grupo con cuatro o cinco años cuando en realidad no sabes quién eres, no tienes unos gustos definidos, no tienes muy clara tu personalidad o puede ir variando, y ¿qué pasa con esas amistades? Esas personas a las que quieres tanto, ahí hay como un afecto.

"La amistad es como un tipo de amor, pero más calmado y más fácil de mantener porque no te exige tanto"

A mí me gusta verlo como una especie de caldo que tiene como un poso muy potente, pero en la actualidad realmente te cuesta encontrar los nexos con esas personas. El anclaje son esas vivencias a lo largo de esos años que ya han pasado. Son un poco como recuerdos, son amistades que se alimentan del pasado, no se alimentan del presente, y todo eso me llama la atención porque creo que es un debate interesante: ¿qué se hace con esas amistades? Mantenerlas durante toda la vida, aunque en realidad a veces vayas a una comida y a las dos horas ya has dicho todo lo que tenías que decir. Me parece muy complicado romperlas, porque son personas con las que has ido por el mismo camino, tanto tiempo cogidos de la mano. Ese tema me gusta.

Son amistades que viven un poco de la nostalgia...

Sí, porque yo creo que en la actualidad, cuando tú conoces a alguien ahora o hace unos años, que ya seleccionas de una manera muy consciente, son amistades que se alimentan del futuro, tú quieres tener a esa persona, te parece interesante, proyectas hacia adelante. Las amistades un poco que vienen desde que eres un niño, al final te tienes que alimentar del pasado, de recordar anécdotas, de volver atrás, de ese afecto que ya sientes por esa persona, pero en realidad es mucho más difícil proyectar hacia el futuro.

¿Conservas amistades de esos años de infancia?

Sí. Tengo una amiga desde los tres años, que era mi vecina, alguna amiga del cole, y luego de la época de los 13-14 años, de amigas del pueblo, y pasa eso, son personas que quiero muchísimo, necesito saber de ellas, que están bien, que la vida les va bien, como los hitos concretos, como 'me caso', 'estoy embarazada', 'me he cambiado de trabajo', como estas cosas, pero es cierto que no siento la necesidad de hablar a diario, semanalmente. Por ejemplo, con las amigas del pueblo hacemos una cena todos los veranos, y en esa cena nos ponemos al día, de todo lo que ha pasado en el último año.

"Hay amistades de la infancia a las que puedes querer incluso más que algunas que han llegado después, pero esa gran conversación no es tan grande"

Es verdad que te sientas y estás como en casa. No sé explicarlo, es como familia, y es sencillo, te sientes cómoda rápido, pero es cierto que de pronto te das cuenta de que no saben mucho de tu yo actual, de quién eres ahora. Es como una mezcla, que en cierto modo es bonito también, porque recuperas partes tuyas que ellas conocen, porque han estado ahí. A alguien que conoces ahora evidentemente lo pones en contexto, pero no es lo mismo que si ha estado viviendo todo esto.

Es gente a la que quizá ves poco, pero con la que te reencuentras y parece que no hubiera pasado tiempo, y eso también es bonito...

Sí, es muy bonito. Es un poco ambiguo el sentimiento, porque al mismo tiempo también ves que de pronto, como que el tema de conversación se te acaba, como que no podrías quedar todas las semanas o todos los meses, como que a lo mejor ya no tendrías mucho que decir. Te cuesta encontrar los temas en común y no hay tantos ya quizá a partir de los 20 años porque te has ido bifurcando hacia lugares distintos. 

Y de pronto hay amistades con gente que conoces hace pocos años, con las que no puedes parar de hablar, quedarías todos los meses y tendrías siempre material. Al final para mí la amistad es como una gran conversación, un poco como el amor, se parece en eso. Y es verdad que hay amistades de la infancia a las que puedes querer incluso más que algunas que han llegado después, pero esa gran conversación no es tan grande y se puede ir estrechando.

¿Cómo has vivido la experiencia de que El mapa de los anhelos se haya convertido en una miniserie y Todo lo que nunca fuimos en una película’?

Bien, la verdad es que lo he vivido con ilusión, no me ha supuesto como un problema. Yo creo que es por el ejercicio previo, que al final eliges y dices 'si te apetece hacer esto, tienes también que ser generosa con las personas que trabajan ahí', que ya ha entrado muchísima gente, que cada uno tiene una perspectiva diferente que va a aportar, y entonces sueltas un poco. 

Hay algo que a lo mejor a ti te importa más y dices 'en esto quieres estar'. Pero en lo demás lo he vivido como un poco desde fuera, como si yo también fuese espectadora y con ilusión. Además me parece un mundo muy interesante, así que con curiosidad, aprender un poco y ver cómo funciona todo. En ese sentido lo he disfrutado mucho.

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Redactor de LIFE en El HuffPost España. Licenciado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. En segundo de carrera debuté en el mundo profesional con unas prácticas en las que aprendí cómo funcionan los medios locales y una radio. Continué en ABC.es, Cuatro y CNN+, Europa Press y después llegó Bekia, medio lifestyle en el que coordiné, escribí y entrevisté hasta que di el salto a El HuffPost.


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