Elvira Mínguez: "Como las cosas se tuerzan, las primeras que vamos a perder somos nosotras"
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Elvira Mínguez: "Como las cosas se tuerzan, las primeras que vamos a perder somos nosotras"

Hablamos con la actriz, directora y escritora sobre su irrupción por todo lo alto en el mundo de la literatura con su segunda novela, 'La educación del monstruo', Premio Primavera de Novela. 

La actriz, directora y escritora Elvira Mínguez.ESPASA

Desde que el pasado 27 de febrero se hiciese público el fallo del Premio Primavera de Novela, la actriz Elvira Mínguez ha vivido auténticas semanas de locura. Primero, porque solo unos días después de que se anunciase que su novela La educación del monstruo (Ed. Espasa) se había alzado con este galardón literario, aparecía radiante en la alfombra roja de los Goya, pues su interpretación de una cocinera republicana en La cena había sido reconocida con la nominación al Goya a la Mejor interpretación femenina de reparto.

Finalmente no se llevó a casa el segundo 'cabezón' —el primero se lo llevó por Tapas en 2005—, pero poca trascendencia tiene el no haberlo ganado para una de las carreras más sólidas del mundo de la interpretación. A sus 60 años, Mínguez encadena un proyecto tras otro como actriz: acaba de estrenar la sitcom Vida perra y está inmersa en el rodaje de Sira, la continuación de El tiempo entre costuras de María Dueñas. Precisamente, la escritora de Puertollano se ha erigido en "hada madrina" de la aventura literaria que ha tenido a la actriz de acá para allá, de presentación en presentación, con su premiado libro.

"Necesito contar historias para narrarme, porque en el fondo lo que hacemos todos es narrarnos, es nuestra forma de construir nuestra propia identidad"

"Con la primera novela me sentía como una actriz que ha escrito una novela, ahora soy una actriz que ha escrito dos novelas. Pero sí que me empiezo a sentir más como una mujer que cuenta historias de diferente manera", explicaba Mínguez en un corrillo con periodistas el día de la presentación de La educación del monstruo en Valencia. "También ha influido en eso haber dirigido La sombra de la tierra. Entonces creo que empiezo a entender, sin ningún tipo de veleidad de nada, que necesito contar historias para narrarme, porque en el fondo lo que hacemos todos es narrarnos, es nuestra forma de construir nuestra propia identidad".

Fue en 2023 cuando Elvira Mínguez debutó en el panorama literario con La sombra de la tierra, que fue finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León y que meses después terminó convertida en serie, en una producción dirigida y guionizada por ella misma. "En general, las críticas de La sombra de la tierra fueron bastante buenas", reconoce la autora. Aunque matiza que las peores que recibió "fueron las de las feministas": "A mí me dijeron que no podía presentar una mujer así, tan dura. Pero me apetecía hablar de dos mujeres que odian profundamente a sus hijos. Sus hijos son sus víctimas y a ellas les importa tres cojones todo y son capaces de lo que sea por ellas mismas. A mí me interesa hablar de esas mujeres. Pero creo que presentar a una mujer de frente, de cara, completa, no es políticamente correcto".

Y con lo que tiene que ver con las mujeres, es contundente: "Estamos siempre en tela de juicio: lo hemos estado y lo vamos a estar, siempre. Hemos avanzado muchísimo, hemos hecho muchísimas cosas, pero se pueden perder. Creo que tenemos que ser muy conscientes de que, como las cosas se tuerzan, las primeras que vamos a perder somos nosotras".

Mujeres, sexo y culpa

La novela ganadora del Premio Primavera de Novela discurre en tres escenarios y tres tiempos diferentes, y son tres mujeres las que conducen el relato. Una de ellas es Águeda, cuya historia nos remonta a los años 60 del pasado siglo, cuando emigró a Alemania con su marido y su hermana y convivió bajo el mismo techo con un hombre y su hijo adolescente al que su padre maltrata.

  Elvira Mínguez posa con su novela 'La educación del monstruo'.ESPASA

"En el libro hay varios temas importantes: el abandono, el maltrato y la sexualidad. Y todo está empapado de sexualidad", explica la autora. "Cuando de repente Águeda se empieza a dar cuenta de que su mirada hacia el niño está cambiando, de que hay una erotización, eso la llena de culpa. Ella se vuelca en el cuidado de ese niño y no solamente porque es un niño que está sufriendo, sino porque de alguna manera tiene que redimirse. Luego la culpa le va retorciendo y es capaz de autodestruirse, desarrolla una enfermedad inmunodepresiva, su cuerpo reacciona y se ataca a sí mismo... Por todo eso ha sido uno de los personajes que más me ha costado montar", señala sobre el personaje.

Pero la historia de Águeda también le ha servido a Elvira Mínguez para recuperar la memoria de los miles de españoles que emigraron buscando un mejor porvenir. Dedicó dos largos años a documentar este periodo reciente de España y, cuenta, que a través de una periodista consiguió hablar con una de las primeras mujeres del movimiento asociativo alemán, la red de apoyo que buscaba la integración, el apoyo laboral y social de los inmigrantes españoles: "Esta mujer emigró por vías legales, pero cuando empiezo a preguntarle sobre la inmigración ilegal, me dice que eso no existió. Yo sabía que sí. Yo llevaba tiempo documentándome, ya había hablado con varios estudiosos del movimiento de inmigración y sí hubo inmigración ilegal". 

El hecho de que negara su existencia fue algo que llamó especialmente la atención de la escritora hasta que una decana de la UNED, especializada en movimientos migratorios, le explicó que lo hace porque si lo reconocen "les estamos equiparando a la inmigración ilegal actual y es una manera de separarse de eso. Lo de ellos es una cosa y lo que está ocurriendo ahora es otra". 

"Los que emigraron a Alemania las pasaron putas. En muchos generó un trauma porque no cumplía las expectativas que ellos tenían cuando lo decidieron"

Fueran legales o no, lo que ha podido corroborar es que esos inmigrantes "las pasaron putas". "El instituto de emigración que creó Franco lo creó acorde con Alemania: Alemania necesitaba mano de obra barata y Franco necesitaba que la gente se fuera porque se le estaba muriendo de hambre. Pero Franco tampoco quería que hubiera manga ancha, ni quería que allí se sentaran las bases para fomentar un movimiento en contra de la dictadura, del régimen franquista. Entonces él fomentó que la gente se fuera, pero con control y con un contrato mínimo de un año, y no podían abandonar el trabajo. En muchos generó un trauma porque no cumplía las expectativas que ellos tenían cuando decidieron emigrar: tenían que mandar dinero a casa y no podían mostrar en  realmente lo que estaban viviendo", relata sobre lo que ha podido investigar de aquella época no tan lejana.

Todos podemos ser monstruos

Además de todo lo anterior y sobre todo lo anterior, La educación del monstruo es una novela sobre cómo se fabrica la violencia, cómo el miedo se transmite de generación en generación y cómo todos participamos, a veces sin saberlo, en la construcción del depredador. 

Mínguez comenzó a construir toda la historia a partir de un episodio que vivió cuando su hijo era pequeño: mientras el niño jugaba a la pelota, dejó de escuchar los botes y reaccionó de forma desmesurada. "Si vuelves a hacer eso puede venir alguien y te puede llevar, porque cuando yo era pequeña en el colegio se llevaron a alguien', le dije. Y me iba dando cuenta de la cara de pavor que él estaba poniendo. Me di cuenta de que, en realidad, yo lo que quería era meterle miedo para que no volviera a hacerlo. Y todo eso lo hablé con José, con mi marido... A mí me dejó un sabor totalmente amargo y dije 'tengo que averiguar de dónde viene esa reacción", cuenta. 

Con ese relato nace otro de los personajes, Matilde, la hija de Águeda y madre entregada y sobreprotectora de un niño de cinco años, que decide regresar a su infancia en Valladolid y a su colegio, sobrecogido y conmocionado por los secuestros y violaciones de algunas niñas, para averiguar qué hay destrás de ese miedo a que le pase algo a su hijo.

"He aprendido a construirme una coraza. Soy actriz. Fíjate que yo creo que una de las cosas que hacemos los actores es aprender a manipular las emociones"

Reconoce Mínguez que, para ella, el peor monstruo es el propio miedo: "El miedo es paralizante y hay que luchar contra el monstruo que crea y que actúa a través de él". No parece una mujer temerosa, pero es que, confiesa, ha aprendido a construirse una coraza. "Soy actriz. Fíjate que yo creo que una de las cosas que hacemos los actores es aprender a manipular las emociones", afirma. "Yo lo hablo muchas veces con mi hijo, por los tiempos en los que vivimos: ‘No puedes pensar que lo que veas en una pantalla es la realidad’. Creo que la clave o el desafío que tenemos como padres es conseguir que levanten la cabeza de la pantalla porque creen que la vida es eso y no es así. Yo le digo: ‘Vives en una casa donde tu madre se dedica a la mentira, nosotros hacemos mentira, mentimos continuamente. Tendrías que saber mejor que nadie que lo que estás viendo aquí, en un tanto por ciento, es mentira. Entonces levanta la cabeza y mira, escucha, lee otras cosas, no creas esto, la mayor parte de las cosas no son verdad", expone con firmeza.

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Mínguez dice que no creó la novela pensando en llevarla al cine —"ni esta ni la anterior la pensé en cine"— , pero no descarta esa posibilidad. Le encantaría dirigirla y le encantaría hacer de Olvido, la tercera de las mujeres protagonistas, la directora del colegio de Valladolid al que iba Matilde. "Pero no, madre mía, eso lo llamo yo 'hacer un Eastwood' y creo que hay que tener mucha experiencia para poder hacerlo bien", concluye.

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Responsable de LIFE. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en Radio España, en la revista de Ana Rosa, dirigió la revista Turismo Rural y ha sido presentadora y moderadora de encuentros relacionados con el turismo, la gastronomía, el medioambiente o la literatura. Además de coordinar LIFE es la editora de branded content de El HuffPost.

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