"Mayores y sexualidad o deseo y vejez son temas todavía muy tabú": cómo 'Maspalomas' ha roto el armario de la vejez (y la sexualidad) LGTBIQ+
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"Mayores y sexualidad o deseo y vejez son temas todavía muy tabú": cómo 'Maspalomas' ha roto el armario de la vejez (y la sexualidad) LGTBIQ+

La película, dirigida por José Mari Goenaga y Aitor Arregi, está nominada a nueve premios Goya.

Fotograma de 'Maspalomas'.

"Por todos los Vicentes del mundo, os deseo que encontréis vuestro sitio". Con estas palabras recogió el premio Feroz a Mejor actor José Ramón Soroiz, quien encarna a ese Vicente protagonista de Maspalomas, de José Mari Goenaga y Aitor Arregi, una película que ha sido alabada por la crítica y que pone sobre la mesa una realidad invisibilizada: la de las personas mayores LGTBIQ+ que se ven obligadas a renunciar a su identidad al entrar en una residencia.

Vicente, de 76 años, después de una vida prácticamente en el armario y tras la ruptura con su pareja, se traslada a Maspalomas, donde puede llevar la vida que siempre ha querido entre la playa, fiestas LGTBIQ+, zonas cruising y bares de ambiente. Sin embargo, un problema de salud le obliga a volver a su Donosti natal con su hija. Allí, entra a vivir en una residencia, donde se verá obligado a volver a ocultarse en el armario y cuestionarse si está a tiempo de volver a ser libre y poder convivir con su identidad.

La cinta, estrenada el pasado mes de septiembre en el 73º Festival Internacional de Cine de San Sebastián, fue calificada por publicaciones como Fotogramas como "un viaje del héroe en busca del propio perdón", mientras que periodistas como María Guerra la han alzado como "la mejor película española del año". De hecho, le ha valido nueve nominaciones a los premios Goya, incluidas las categorías de Mejor película, Mejor dirección y Mejor actor.

Lo cierto es que, tal y como cuentan a El HuffPost desde la Federación Estatal LGTBI+ (FELGTBI+) y desde la Fundación 26 de Diciembre dedicada a las personas mayores LGTBI+, la cinta era "necesaria" y ha planteado un debate sobre la mesa que muchos pasaban por alto y que quedaba silenciado tanto para la sociedad como dentro del colectivo. 

Las vejez LGTBIQ+, casi inexistente para la sociedad y para el colectivo

La principal virtud de esta película no es otra que plasmar una realidad que muchas veces pasa desapercibida y que, según los datos del Barómetro del CIS de 2025, representan al 2,5% de la población mayor de 65 años, que no se identifica como heterosexual. 

Jesús A. Muñoz, miembro de la Comisión Ejecutiva de la Federación Estatal LGTBI+ (FELGTB), destaca a El HuffPost que Maspalomas "pone encima de la mesa que el colectivo LGTBI, en este caso el colectivo gay, va más allá de los hombres jóvenes de 30 a 40 años que están siempre de fiesta y tienen buenos trabajos". "Al final somos ya muchos los que vamos para mayores y no dejas de pertenecer al colectivo LGTBI al cumplir más de 40", destaca.

Lo mismo piensan en la Fundación 26 de Diciembre, que lleva desde 2010 luchando por ayudar, visibilizar y poner sobre la mesa los derechos de las personas mayores LGTBIQ+, donde Víctor Mora, responsable del área de Formación e Investigación de la Fundación, apunta a que esta invisibilización se da incluso dentro del colectivo.

"Llama la atención sobre un tema que no se habla y que generalmente no se tiene en cuenta a la hora de pensar en los imaginarios del propio colectivo LGTBIQ+, en el que no están los mayores, no se piensa en ellos y en ellas", recuerda Mora, a quien le ha parecido una película "muy bonita", especialmente por los debates que ha planteado.

De hecho, en la propia Fundación 26 de Diciembre pudieron hacer un visionado con los mayores. "Estuvo muy bien porque las películas lo que hacen es plantear preguntas y cuestiones que una sociedad afronta y que tiene que hacerse también otras preguntas nuevas, tiene que forjar opiniones, ver si su historia encaja, si había pensado en eso antes o no", recuerda Mora, quien apunta que no hubo unanimidad entre los espectadores, pero sí generó debate cultural.

"Sé que generó mucho debate y que hubo opiniones de todo tipo, todo tipo de posturas, por lo que cumplió su función de producto cultural que es precisamente generar debate y respuestas", explica. "Eso es maravilloso, que podamos encontrar un objeto cultural que hable de nosotros y de nosotras, y que por lo menos nos posicione y genere un lugar desde el que se pueda hablar. Eso ya en sí mismo es algo bueno", celebra Mora.

Para el miembro de FELGTBI+, la cinta aborda distintas problemáticas que van desde las "familias elegidas" o la "mala aceptación" de su orientación por parte de su entorno. "Esta cinta está contando la historia de una persona que más o menos tuvo que empezar a aceptarse en los años 50-60, que luego se casó, estuvo toda su vida arrastrando unas mochilas de culpabilidad, seguramente de mala aceptación en un inicio, de tener que dejar a la familia, y que seguramente otras personas también mayores que tienen esa soledad no arrastran eso con ellos", explica.

"En el caso del protagonista, tiene a su hija, pero en otros muchos casos la familia no está. Quiero decir, que se encuentran otra vez solos ante una situación complicada como es el volver al armario, tener que estar visibilizándote de entornos que no están muy por la labor de estar a favor de sus derechos", recuerda Muñoz.

"La repercusión que ha tenido va a hacer un trabajo que de otra forma lleva mucho tiempo a base de entrevistas, declaraciones, acciones... Es mucho más lento"
Jesús A. Muñoz, miembro de la Comisión Ejecutiva de la Federación Estatal LGTBI+ (FELGTB)

Sin embargo, ve cómo esta película puede resultar efectiva para visibilizar estas realidades y llegar de forma más rápida a la población. Una labor que lleva décadas haciéndose desde las asociaciones. 

"Al final una película que tiene esta buena crítica va a hacer un trabajo que seguramente llevan haciendo a pico y pala muchas entidades y mucha gente durante mucho tiempo. La repercusión que ha tenido va a hacer un trabajo que de otra forma lleva mucho tiempo a base de entrevistas, declaraciones, acciones... Es mucho más lento", explica Muñoz, quien recuerda que "va a humanizar mucho a las personas mayores LGTB" y "va a ponerlas ponerlas sobre el candelero": "No solamente están aquí, están con deseos y con necesidades que al final tenemos que cubrir".

  Escena de 'Maspalomas'.

La sexualidad en la vejez: el gran tabú que se hace enorme cuando esta no es normativa

A pesar de la buena crítica recibida y de las nueve nominaciones a los premios Goya, Maspalomas no ha estado exenta de comentarios negativos especialmente por su contenido sexual más o menos explícito. A lo largo de la cinta, se muestran escenas que se salen de la norma, como prácticas de cruising, visitas a saunas por parte del protagonista e incluso contratar a trabajadores sexuales, que han despertado todo tipo de comentarios.

Sin embargo, para Mora y para Muñoz estas críticas no serían las mismas si la cinta fuera algo más parecido a 50 sombras de Grey, protagonizada por una pareja heterosexual joven, sino que hay un tabú de edadismo y de LGTBIfobia.

"Mayores y sexualidad o deseo y vejez son temas que todavía son muy tabú. Como si desaparecieran el deseo o las conductas sexuales cuando cumplimos cierta edad", denuncia Mora. "Eso no es así, pero está infrarrepresentado. Por lo tanto, como de lo que no se habla parece que no existe, de pronto cuando lo vemos puede resultar hasta ofensivo", explica el responsable de Formación e Investigación de la Fundación 26 de Diciembre.

De hecho, pone sobre la mesa otros dos personajes secundarios, varón y mujer que, en un momento determinado de la cinta dentro de la residencia, también ven censurados sus deseos. "Simplemente hablar las cosas con naturalidad y sin culpas es lo que hace que todo se viva de una manera más desprejuiciada y más ligera", destaca Mora.

"Si hay cuestiones que nos sacan de una zona de confort, como puede ser una persona mayor teniendo sexo, que es lo que se representa en la película, y además se representa de una manera bastante gráfica, puede ser que haya personas que se hayan sentido incómodas. Lo ignoro. A mí no me ha parecido ningún escándalo ni nada similar", opina y apunta que no debe verse como algo "extraño" que dos personas mayores tengan deseo y relaciones "dentro del consentimiento". 

Por su parte, Muñoz, cree que se trata de una crítica al deseo sexual del colectivo y que estas no serían iguales si se tratase de una pareja hetero. "Si estamos viendo una escena de sexo en el carnaval de Río de Janeiro y es entre un hombre y una mujer, seguramente no se daría ese tipo de comentarios porque está mejor visto o más asumido que las escenas de sexo entre dos hombres", explica. 

Para él estas críticas, aunque respetables, "en el fondo lo que evidencian es una LGTBIfobia latente todavía en esta sociedad, a la que le cuesta todavía asumir y aceptar que estamos otras personas, que vivimos de otra manera, que sentimos de otra manera, que nos acostamos con gente de otra manera a lo que la gran mayoría de la gente hace". "No es ni mejor ni peor, simplemente es distinta. Simplemente llevamos siglos y décadas de invisibilización", destaca.

La vuelta al armario de las residencias: la tarea pendiente

Más allá de la sexualidad o el deseo de las personas mayores, el gran tema y la gran tarea pendiente a nivel social que plasma Maspalomas es la realidad en las residencias de mayores. A pesar de que la Fundación 26 de Diciembre ha tomado la iniciativa de la creación de la primera residencia pensada para personas mayores LGTBIQ+, llamada Josete Massa y que ya cuenta con los espacios y permisos necesarios, no se encuentra todavía en funcionamiento.

"Nos ha servido sobre todo para que se hable del tema y para llamar la atención a otras residencias", explica Mora, quien recuerda que ni la fundación ni la residencia son discriminatorias ni excluyentes para personas que no pertenezcan al colectivo, sino que son "especializadas". 

"A la fundación viene también la señora Piedad, que tiene 90 años, que no es del colectivo, pero es del barrio y viene y ya está aquí tranquilamente porque el recurso es del barrio. Con la residencia, lo mismo. Lo que pasa es que sí se garantiza que no va a haber ninguna discriminación, que vas a poder hablar de quién eres y mostrarte cómo seas y no se te va a discriminar por eso", recuerda.

Lo que sí reciben constantemente son solicitudes de ayuda o formación por parte de otros centros de mayores. "Las peticiones que nosotros recibimos de residencias o centros de mayores es precisamente porque no han tenido una formación y muchas veces no tienen información siquiera. Entonces, se produce una situación, que no tiene por qué ser un conflicto, pero a veces ha ocurrido decir ‘oye, es que tengo personas del colectivo a las que no sé si trato adecuadamente", recuerda y apunta que cuando se han formado, los propios trabajadores y las propias residencias lo han agradecido.

  Fotograma de 'Maspalomas'.

"Cuando se habla de las cosas, se empiezan a terminar los problemas porque se empieza a deconstruir un poco el imaginario general que hay sobre las personas mayores, que es que no son sujetos deseantes, que no tienen sexualidad, que por lo tanto no tienen identidad", explica. "Cuando todo eso se homogeniza, lo que pasa no es que son todos iguales, es que son todos según la norma. Y la norma ya sabemos cuál es: es cis, es heterosexual, es patriarcal", denuncia.

"Cuando todo eso se homogeniza, lo que pasa no es que son todos iguales, es que son todos según la norma. Y la norma ya sabemos cuál es: es cis, es heterosexual, es patriarcal"
Víctor Mora, responsable del área de Formación e Investigación de la Fundación 26 de Diciembre

No obstante, el ejemplo de Josete Massa ha llegado incluso a otras residencias o empresas que se han puesto en contacto con la Fundación 26 de Diciembre. "Se puso en contacto con nosotros una empresa que lleva 200 residencias en España y nos dijo 'qué interesante porque yo en mis 200 residencias no tengo a nadie del colectivo'. Dijimos ‘ya, claro, que tú sepas’. Evidentemente, claro que tienes, pero si se armarizan es porque no perciben los lugares como seguros y ahí es hacia donde hay que ir", relata Mora.

En este sentido, Muñoz cree que las políticas públicas en diversidad fomentadas por el Ministerio de Igualdad para empresas de más 50 trabajadores pueden ser fundamentales también para el personal de residencias. "Lo que hay que enfatizar es que haya políticas públicas donde este tipo de formación sea también una formación integral para personas que están tratando con personas mayores, porque estoy convencido de que muchas residencias mayores tienen personas LGTB. pero muchas veces más o menos visibles y muchas veces las personas que están a cargo de estas personas no están formadas", explica.

Por eso mismo, el miembro de FELGTBI+ cree que el relato de base de la película refleja a la perfección cómo para encontrar un lugar seguro, hay que moverse hacia otro lugar: "Hay un momento que dicen una frase muy bonita: 'Maspalomas es un armario muy grande pero bien amueblado". Al final no nos engañemos, es una huida de su entorno, ha tenido que huir de San Sebastián a Maspalomas para ser feliz".

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Soy redactora de LIFE en El HuffPost España y mi misión es acercarte la última hora del mundo de la cultura, la música y el entretenimiento.

 

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Escribo principalmente de música, cultura, cine, series y entretenimiento porque, aunque sirva para desconectar, bailar o echar un rato entre palomitas, la cultura esconde mucho más. Evitando el elitismo, trato de tender la mano a las nuevas tendencias de la industria musical o del audiovisual a través de entrevistas con artistas emergentes —que pronto dejarán de serlo— y compaginarlo con el análisis de lo más mainstream como Taylor Swift o Bad Bunny.


En estos ocho años he cubierto los Goya, los Oscar, el Benidorm Fest o Eurovisión. Sí, soy la responsable de los memes que han inundado la cuenta de X de El HuffPost en Eurovisión. Siempre buscando un contenido cercano, sin perder el rigor, contando más allá de lo que se pueda ver en la pantalla.
Aunque no siempre haya relación con la industria cultural, también he cubierto temas relacionados con el Feminismo y el colectivo LGTBIQ+.

 

He podido contar en primera persona con supervivientes del “Stonewall español” que es el Pasaje Begoña, denunciar la situación que viven los menores trans o hablar sobre qué significa la manosfera antes de que llegara a Netflix ‘Adolescencia’.

 

Mi trayectoria

Nací en Málaga, donde estudié Periodismo por vocación en la Universidad de Málaga, entre playlists de Spotify, discos y conciertos. Antes de incorporarme a El HuffPost en 2017, colaboré diversas revistas culturales y de entretenimiento. En 2016 trabajé en el departamento de comunicación de UPHO Festival, un festival de fotografía contemporánea urbana parte del proyecto europeo Urban Layers. Y, aunque sigo echando de menos Andalucía, me trasladé a Madrid para estudiar el Máster en Periodismo Cultural en la Universidad CEU San Pablo. En 2018, compaginé mi trabajo en El HuffPost con la coordinación de proyecto de la Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE celebrada en CentroCentro. Desde 2017 trabajo en El HuffPost España, donde he logrado una nominación a los premios GLAAD y ser finalista de los Premios Papageno en 2022.

 


 

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