Marina Seresesky: "Tengo la sensación de que estamos viviendo como turistas y viendo la vida pasar"
Entrevista con la directora de 'Islas', protagonizada por Ana Belén y Manu Vega.
Cualquier tiempo pasado fue mejor. Esa es la premisa de Amparo, la diva en decadencia a la que interpreta Ana Belén, en Islas, la nueva película de Marina Seresesky que ha llegado este fin de semana a los cines.
En la cinta, la directora busca detener el tiempo durante una hora y media para que el espectador reflexione sobre la soledad, la falta de empatía de la sociedad actual o la necesidad de romper con un pasado que no siempre es tan bonito como lo recordamos.
Seresesky recibe a El HuffPost para charlar sobre estos conflictos y emociones que pone sobre la mesa en sus películas o el trabajo con Ana Belén y Manu Vega a pocos días de su estreno.
¿Cómo abordaste un personaje con tantos matices como Amparo y cómo fue el proceso con Ana Belén?
La película surge por la necesidad de hablar de la soledad, o más que de la soledad, de sentirse solo, fuera del mundo, de sentir que no hay un contacto real con el otro y que uno necesita todo el tiempo estar diciendo ‘por favor, escúchame’. En este momento en el que estamos todos tan conectados la conexión real está desapareciendo.
Era un tema del que quería hablar y me apareció este personaje, que es Amparo, que tiene mucha necesidad que alguien la mire y no lo puede lograr. Hasta que sucede con otro personaje que no tiene nada que ver, que en un mundo normal no se hubieran encontrado jamás. Dos generaciones, dos personalidades totalmente diferentes, dos mundos diferentes. Sin embargo, cuando se paran un segundo, hay una conexión. Hay un momento en el que se pueden escuchar siendo tan distintos, y hasta ayudarse.
Por eso apareció este personaje que después se convirtió en esta diva, que está en un momento de decadencia profunda, y cuando terminé de escribir la película y la empezó a leer gente que es muy cercana a mí todo el mundo me dijo 'es que es Ana Belén'. No por la decadencia porque Ana Belén, vamos, está muy muy lejos de la decadencia. Pero sí de esa diva, de ese pasado, que además está tan dentro nuestro que la hemos visto en cine, teatro, música. Para mí era perfecto para contar esto. No sabía si ella se iba a tirar a esta piscina porque es una película que cuenta esta historia de una manera bastante descarnada. Este personaje está muy expuesto, pero sin embargo Ana ha sido muy generosa, muy generosa en dejarme contar a esta Amparo de esta manera tan abierta y necesaria.
Amparo vive constantemente el pasado, tanto el suyo personal como el del hotel en el que se queda, ¿es peligrosa esa nostalgia y esa romantización?
Yo creo que sí. Creo que es cargar una mochila que a veces es muy bonita porque tú tienes unos recuerdos preciosos, pero es cargarla. Además hay que sostenerla. Porque como le pasa al personaje y nos pasa a muchos, tenemos un pasado, volvemos a contar esa historia y después hay que sostenerla. En el caso de Amparo, que tuvo éxito y fue muy feliz en un momento y ya no lo es, eso lo carga como una losa encima. Es muy difícil vivir con eso.
Yo intento por todos los medios, que no me pasa nada de lo que le pasa a Amparo, pero todos tenemos un pasado al que nos aferramos, que le damos un poco de literatura, que lo hemos contado muchas veces... y aferrarse ahí, luego es difícil mirar para delante y estar presente.
Durante toda la película se muestra a un grupo de migrantes a los que nadie presta atención, excepto cuando hay un incidente, ¿se han convertido en un recurso para culpar de los problemas?
Sí. Es absolutamente así, se han convertido en un chivo expiatorio en muchísimas cosas, pero también están puestos ahí en la película porque es la gran realidad. Son seres humanos a los que les están pasando cosas tremendas a nuestro lado, contemporáneos, en el mismo momento en el que estamos viviendo nosotros y sin embargo ni los miramos, ni los escuchamos.
La cantidad de información que hay sobre esto te inmuniza, te hace una coraza y ya no hay un otro. Todo es 'a ver por dónde voy, rápido, a otra cosa'. Y, sin embargo, es una realidad que se nos impone y la falta de empatía es tan tremenda, tan tremenda. Y es una de las cosas que, por lo menos a mí, me duelen y quiero hablar de eso. Este grupo que está ahí y en ningún momento nadie de la película se pregunta qué hacen, por qué están ahí, de dónde vienen, es duro. Hasta que les echan la culpa de algo malo que pasa ahí.
Solo llaman la atención para eso...
Es que están aquí. No podemos no verlos, no preguntar, no acudir y no ayudar. Me parece que... en un punto estamos cometiendo un delito.
Hay un momento en el que muestras a los turistas extranjeros contemplando lo que le pasa a Ana Belén, completamente hipnotizados pero también anestesiados, ¿es una metáfora de la sociedad actual?
Es la sensación de que estamos viviendo como turistas y viendo la vida pasar. Vivimos como turistas con la pulserita de aquí está todo incluido, podemos utilizar todo lo que tenemos a nuestro alcance, ya estamos inmunizados a la verdad, a la realidad, al otro, a lo que le pasa... Es una metáfora del turismo que sucede ahora, porque todos criticamos el turismo, pero todos somos turismo. Decimos 'cómo se está llenando y cómo es ahora el turismo que nadie ve nada', pero todos hacemos exactamente lo mismo.
Me parece una gran metáfora para contar la vida hoy. Llegamos a los lugares sabiendo todo del lugar, pero sin saber nada. Sabiendo dónde hay que ir, dónde hay que comer, pero sin saber nada del lugar. Esto nos pasa con las personas. Esto lo veo en mí y me duele, digo cómo llegamos a esto. Son temas que me revuelven e intento hablar de ello con esta película, que está detenida, está contada de una manera que también para mí era ‘nos podemos tener un poquito y escuchar, no pasa nada, es hora y media”.