Los científicos no dan crédito, pero las pruebas avalan una de las migraciones más extraordinarias de la historia: 22 años y 14.500 kilómetros
Un trayecto que obliga a replantear todo lo que se sabía sobre este fenómeno.

Cada año, miles de especies recorren el planeta guiadas por un instinto que la ciencia todavía intenta comprender del todo. Algunas atraviesan continentes; y otras, océanos enteros. Pero incluso en un mundo acostumbrado a las grandes migraciones animales, hay todavía trayectos que rompen los límites de lo esperado, desplazamientos que desafían los mapas conocidos y obligan a replantear lo que creíamos saber sobre este fenómeno.
En este contexto, lo que acaban de descubrir varios investigadores ha dejado sin palabras a la comunidad científica: dos ballenas jorobadas fueron capaces de cruzar el Atlántico entre Australia y Brasil en direcciones opuestas. Una huella migratoria que, en uno de los casos, alcanzó unos 14.500 kilómetros. Un recorrido que no solo amplía los límites conocidos de la especie, sino que también obliga a repensar las rutas migratorias del océano.
El hallazgo, publicado en Royal Society Open Science, se basa en el análisis de más de 19.000 fotografías de ballenas acumuladas durante cuatro décadas por investigadores y ciudadanos colaboradores. El caso más llamativo es el de una ballena fotografiada por primera vez en 2003 en la costa de Brasil y redescubierta 22 años después en Hervey Bay, en Queensland, Australia. Esa reaparición permitió a los científicos reconstruir el extraordinario viaje de más de 14.000 kilómetros.
Un intercambio bidireccional
La identificación fue posible gracias a las marcas únicas de la cola, los llamados flukes (aletas caudales), comparadas con ayuda de software de reconocimiento e inteligencia artificial a través de la plataforma Happywhale. Los patrones de pigmentación, la forma irregular de los bordes y las cicatrices actúan como una especie de huella dactilar. Gracias a esta “firma” biológica, los investigadores pudieron conectar imágenes tomadas con décadas de diferencia.
El segundo ejemplar también sorprendió, ya que fue fotografiado en Hervey Bay en 2007, visto de nuevo allí en 2013 y, seis años más tarde, apareció frente a São Paulo. Esa secuencia refleja en realidad un intercambio bidireccional entre dos poblaciones que, hasta ahora, se consideraban mucho más separadas de lo que sugiere este nuevo estudio. No obstante, los investigadores subrayan que aún no se conoce la ruta exacta seguida por las ballenas.
Una de las hipótesis es que estos animales pudieron encontrarse en zonas de alimentación compartidas en el océano Austral y, desde ahí, tomar caminos distintos hacia nuevas áreas de cría. Aunque el estudio también plantea que el calentamiento del océano y los cambios en el hielo marino podrían estar alterando los mapas tradicionales de estas migraciones. En todo caso, el hallazgo redefine lo que sabemos sobre sus desplazamientos y abre nuevas preguntas sobre su futuro.
