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Alba Cardalda: "Las generaciones más jóvenes marcan más límites y se ponen en el centro desde un punto de vista individualista sin tener tan en cuenta a los demás"

Alba Cardalda: "Las generaciones más jóvenes marcan más límites y se ponen en el centro desde un punto de vista individualista sin tener tan en cuenta a los demás"

Entrevistamos a la psicóloga autora del libro 'Cómo mandar a la mierda de forma educada'.

La psicóloga Alba Cardalda es autora de 'Cómo mandar a la mierda de forma educada'
La psicóloga Alba Cardalda es autora de 'Cómo mandar a la mierda de forma educada'Ariadna Arnés | Penguin Random House

¿Es posible mandar a la mierda de forma educada? Parece que sí si atendemos a lo que nos cuenta la psicóloga Alba Cardalda en su libro Cómo mandar a la mierda de forma educada, publicado por Vergara. La también autora de Libera al tigre que llevas dentro y Cómo dejar de ser tu peor enemigo nos propone una serie de pautas para saber marcar límites y priorizarnos, pero sin dejar de lado la empatía y asertividad. De todo ello y más hablamos con Alba Cardalda en esta entrevista.

¿Cómo podemos mandar a la mierda de forma educada a alguien? ¿Es posible hacerlo?

Es el gran quid de la cuestión. Primero con mucho arte, porque también hace falta tener esa destreza, pero sí te diría que no es la primera opción. Para mandar a la mierda a alguien lo ideal es que hayamos pasado ya por otras fases que requieren un poquito más de empatía o de intentos de no mandar a la mierda. Y si todos esos intentos son fallidos, entonces que no nos tiemble la voz para hacerlo y ya con todas las de la ley. 

Pero hay que intentar no llegar a tanto. No se trata de ir mandando la mierda a todo el mundo porque ya hay bastante hostilidad en el planeta y no hace falta sumar más. Pero la idea es que seamos capaces de identificar cuándo realmente el otro nos está faltando al respeto, se está sobrepasando y nos está intentando manipular. Y si llega a esos puntos que no son traspasables, ahí sí debemos sentirnos con el derecho, en pro de respetar nuestra dignidad, de mandar a la mierda.

Comentas que hay mucha hostilidad en el mundo. ¿Tú como psicóloga notas que hay más hostilidad en estos últimos años que antes, hay menos o seguimos como siempre?

Yo lo que veo es que a medida que vamos avanzando o que vamos progresando en según qué aspectos la hostilidad parece que también va progresando. Y esto es porque la sociedad que vamos construyendo en pro de este progreso, muchas veces tecnológico y cosas que son muy positivas, también nos va abocando cada vez más a un individualismo y nos aleja de esa parte más colectiva de estar en comunidad y unidad con otras personas. Y ese individualismo creciente lo que hace es que cada vez seamos un poco más hostiles con el otro.

Entonces por un lado avanzamos, pero por otro lado somos individualistas y además más hostiles con los demás y menos empáticos? 

Eso es. Somos una sociedad menos empática.

"El individualismo creciente de la sociedad hace que cada vez seamos más hostiles y menos empáticos

¿Por qué es tan necesario poner límites?

Para no llegar a esos niveles de hostilidad lo que tenemos que evitar es ir acumulando ese resentimiento y esa rabia que va aumentando dentro de nosotros cuando no sabemos poner unos límites bien establecidos, con asertividad, con amabilidad, desde un primer momento. Lo que hacemos es callar, aguantar faltas de respeto y cosas que no son tolerables, hasta que llega el punto que explotamos. Y cuando lo hacemos explotamos mal.

Todo esto nos lo ahorraríamos si supiéramos desde un principio hablar con asertividad, con empatía y con honestidad. Tenemos primero que validar esas necesidades o esos límites, autovalidárnoslo para poder transmitirlo con tranquilidad. Y a partir de ahí podríamos crear unos vínculos mucho más sanos con esas personas que realmente queremos. Y si después de haber comunicado nuestros límites la otra persona no está de acuerdo o no lo respeta, pues con mucha dignidad y con la cabeza bien alta decimos que no pasa nada y que cada uno por su lado. Sin embargo nos cuesta porque no nos han educado emocionalmente para poder crear este tipo de vínculos.

¿De no llegar a ese acuerdo ya entonces podríamos mandar a alguien educadamente a la mierda?

Correcto.

Alba Cardalda con su libro 'Cómo mandar a la mierda de forma educada'
  Alba Cardalda con su libro 'Cómo mandar a la mierda de forma educada'Ariadna Arnés | Penguin Random House

Creo que todo el mundo tiene más o menos claro lo que es la empatía, pero quizá la asertividad todavía no es un concepto que ha permeado tanto. ¿Cómo explicar qué es la asertividad y cómo podemos ponerla en práctica?

La asertividad es la capacidad para expresar lo que sentimos, lo que pensamos, lo que necesitamos, siendo honestos con nosotros mismos, pero también respetuosos con el otro. Y para eso necesitamos la empatía, es decir, entender cómo funciona la mente del otro, si le puede afectar, si le puede sentar mal, si la otra persona es muy sensible, muy aprensiva o no. Esto ya depende del mapa mental de cada uno. Y escoger las mejores palabras para poder ser sincero sin irnos al extremo del sincericidio, de no atropellar tampoco al otro. Eso sería un poco, resumidamente, la definición de asertividad.

Sincericidio ¿está la sinceridad sobrevalorada?

Depende de cómo se lleve a cabo. Es decir, la sinceridad sin empatía puede ser muy violenta. Es incluso peor que la mentira piadosa. Si nos pasamos al extremo, la sinceridad puede ser muy agresiva. Por eso es importante saber escoger hasta dónde. Hay daños que son evitables y hay daños que son inevitables. A veces vamos a tener que decir algo que puede ser que haga daño, un daño que sea inevitable, pero todo lo que sea evitable, nuestra responsabilidad afectiva es tratar de evitarlo.

Es un poco como las opiniones no solicitadas, ¿no?

Eso es. Ese punto.

Cuando estamos ante relaciones desiguales,  como la que se produce entre jefe y empleado, ¿cómo podemos marcar los límites y decir las cosas sin graves consecuencias?

Las relaciones jerárquicas o donde hay unas dinámicas de poder no se producen en tantas situaciones. Es decir, fuera del entorno laboral, entre adultos, no debería haber esas diferencias y debería existir relaciones horizontales y de igualdad de derecho, de igualdad de respeto y equitativas. ¿Qué pasa cuando existe una relación más jerárquica o de poder como es entre un jefe y un empleado? Las reglas cambian y eso es una realidad.

"El sincericidio o la sinceridad sin empatía es violenta y agresiva. Hay daños que son evitables"

No es aconsejable muchas veces decir lo mismo que diríamos en otro contexto o de la misma manera, pero sí también sigue habiendo unos límites que no son negociables. Por ejemplo, las faltas de respeto, las faltas de educación, la humillación, denigrar a alguien. Por mucho que haya una relación de jefe-empleado, no se debe permitir. 

Eso no significa que no tengamos que tener en cuenta la realidad de cada uno. Si eres una madre de familia de la que de ti dependen tres bocas y una hipoteca, pues no podrás probablemente responder de la misma forma que alguien que quizá no tiene esa realidad y puede tener más libertad para poner límites, y que si eso supone un despido te lo puedes permitir y ya te buscarás otro trabajo. 

Hay que ser consciente también de la realidad de cada uno y si no puedes actuar de esa manera tan rápida si puedes darte cuenta de que ese no es tu lugar porque no toleras que te hablen o te traten así por muy jefe tuyo que sea. Y entonces te das un tiempo para buscar un trabajo con un ambiente laboral más respetuoso, priorizando tu salud mental y tu dignidad como persona.

¿Qué opinas de la gente que dice que habla y actúa de cierta manera porque es así y punto? ¿Cómo marcamos límites con esas personas?

Opino que le pasamos la factura a nuestro psicólogo para que nos lo pague o tenemos derecho a mandar a la mierda más o menos educadamente, porque no es una justificación para tratar mal a alguien. Que tú quieras ser una persona sincera o que seas una persona muy directa, o que te pongas esa medalla de ser una persona que dice todo lo que piensa, no es una justificación para que trates mal a alguien o hagas ese daño que podría ser evitable.

Es esa gente que es muy tajante y que parece que sienta cátedra. Igual no hace falta ser tan sumamente directo...

Efectivamente. Todos estamos en un continuo en el estilo de comunicación y está el extremo de la sumisión, de callar, de aceptar todo, y a medida que nos vamos hacia el otro extremo, pasando por la asertividad, que sería ese centro, si nos vamos al otro extremo encontramos ese estilo más agresivo, que es el de estas personas 'es que yo soy así, yo te lo digo así, yo te lo suelto, y si te cae como una bomba emocional y te dejo destrozada me da igual, porque es que yo soy así'. Aquí estaríamos en el extremo de la agresividad.

¿Cómo aprendemos a decir que no?

Primero poco a poco. Sobre todo esas personas que no están acostumbradas, que nunca lo han hecho, que tienen esas creencias muy interiorizadas de que decir que no está mal, es de mala persona, de persona egoísta, y que las otras se van a enfadar, que te van a dejar de querer. Hay personas que tienen estas creencias muy arraigadas y les supone una barrera importante. Entonces no se puede pretender que de la noche a la mañana estas personas aprendan a decir que no tan fácilmente, pero sí pueden ir poco a poco. 

"Las faltas de respeto y las humillaciones no se deben permitir por mucho que haya una relación desigual como la de jefe-empleado"

Se podría decir que es un entrenamiento progresivo y puedes empezar con romper con el automatismo del sí inmediato y contestar que luego respondes. Después, pasar a, en vez de 'me lo pienso', ir a decir no a pequeñas cosas que no tengan mucha implicación emocional como planes secundarios, pequeños favores o que no tienen mucha implicación. Si te empiezas a atrever con esos nos, poco a poco puedes ir aumentando la dificultad. 

También hay fórmulas de asertividad como por ejemplo agradecer una invitación, rechazarla y ofrecer un plan alternativo para otro día que sí te apetezca. Esto es mucho más amable, no te sientes mal, es una cosa muy suave y es una buena fórmula para ir acostumbrándose a decir no.

Claro, se puede decir no, pero quedando bien...

Eso es, no tiene por qué ser borde, puede ser superamable. Y eso es lo que tenemos que aprender, que nos falta interiorizarlo.

La psicóloga Alba Cardalda nos habla de la importante de establecer límites y aprender a decir que no
  La psicóloga Alba Cardalda nos habla de la importante de establecer límites y aprender a decir que noAriadna Arnés | Penguin Random House

¿El tema de los límites es generacional? ¿Sabe poner más límites una generación que otra? 

Hay como una gráfica un poco curiosa, porque la tendencia general es que las personas que hemos nacido más o menos de los 2000 hacia atrás nos cuesta mucho más poner límites porque no tuvimos esa educación de conocer cuáles son nuestros derechos asertivos, o la asertividad, la empatía. No teníamos ni idea de todo esto y nuestros padres todavía menos, por lo tanto no nos lo pudieron transmitir. Las personas que han nacido de los 2000 hacia adelante cada vez ponen más límites.

Pero hay curiosidades porque la experiencia de la vida también te va llevando a que te importe menos la opinión de los demás, y no es raro que las personas ya muy mayores te suelten lo que quieran y si te gusta bien y si no también. 

Y luego están las generaciones más jóvenes que se han ido al otro extremo, es decir, a marcar límites y a ponerse mucho a ellos mismos en el centro desde un punto de vista muy individualista y no teniendo tanto en cuenta que los demás también tienen esos sentimientos. Entonces es una gráfica muy zigzagueante, tiene esas tendencias, pero dentro de esas tendencias también tiene sus extremos tanto de la gente más joven como de la gente más mayor.

Entonces es más cosa de la generación Zeta...

Exacto.

En ocasiones eludimos los conflictos diciendo que sí a todo y agachando la cabeza, pero esto no está bien. ¿Cómo podemos evitar los conflictos sin que nos afecten negativamente?

Tenemos que aprender a convivir con el conflicto, porque el conflicto en sí no es malo. De hecho nos ayuda muchas veces a crecer, a reflexionar, a cambiar de opinión, a tener perspectivas diferentes. El tema es cómo afrontamos ese conflicto. 

"El conflicto en sí mismo no es malo. Tenemos que aprender a convivir con él"

Si yo tengo cero tolerancia al conflicto porque creo que tener un conflicto con alguien va a hacer que me quiera menos, o estamos rodeados de personas que invalidan cuando tenemos una opinión distinta, y ese conflicto lo que se convierte al final es en un distanciamiento emocional del otro, ese es el problema. Pero el conflicto en sí, un debate, tener percepciones diferentes, no es negativo.

Es decir, que tampoco tenemos que esconder la cabeza como las avestruces y rehuir el conflicto...

No, exacto. El conflicto puede ser muy sano, sanísimo, y de hecho, tú nunca sabes qué tipo de relación tienes con alguien, amistad, pareja, lo que sea, hasta que no tienes un conflicto con esa persona. Porque si un conflicto se puede resolver bien o se puede sostener el tener opiniones distintas sobre algo y que eso no genere distancia, tienes una relación de una calidad buenísima con esa persona. 

Y no porque no haya conflicto, sino porque sabes sostener bien el conflicto y eso no genera distancia. El problema está cuando un conflicto hace que se falte el respeto, que se nos pasen límites, que se ningunee, que se menosprecie, ese es el problema.

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Soy redactor de LIFE en El HuffPost España, esa sección siempre necesaria en la que mostramos otro lado de la vida más amable y los temas que quizás no lo son tanto, pero que deben estar en la agenda.

 

Sobre qué temas escribo

Me encargo de contarte todo sobre los royals, un mundo apasionante en el que hay mucho que explicar, descubrir y analizar. También sobre celebrities, viajes, gastronomía y temas de sociedad. No puedo olvidar mi pasión por la cultura en general y por los libros en particular. Por eso realizo de forma habitual entrevistas a autores, algunos de ellos muy conocidos y mediáticos y otros que no lo son tanto pero que también tienen mucho que contar y que ofrecer. Por supuesto no olvido las redes sociales. Siempre estoy pendiente sobre todo de los stories de Instagram para acercar el contenido del Huff. Y de vez en cuando me pongo delante de la cámara para hablar sobre qué está pasando en el mundo royal, porque ahí siempre ocurre algo que merece la pena contar.

 

Mi trayectoria

Nací en León, me crie en Oviedo y me trasladé a Madrid para estudiar periodismo. Desde niño tuve claro que lo mío era contar historias, que mi vocación y mi pasión era y es el periodismo. Formé parte del periódico de mi colegio, y a los 12 años escribí un pequeño libro que nunca ha visto la luz, así como otras historias detectivescas y cómicas, y tuve claro que nada me gustaba más que formar parte algún día de una redacción, así que cursé periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid. En segundo de carrera debuté en el mundo profesional con unas prácticas en las que aprendí cómo funcionan los medios locales y una radio. Continué en ABC.es, Cuatro y CNN+, Europa Press y después llegó NOXVO, donde me contrataron para llevar desde su nacimiento un medio digital lifestyle llamado Bekia.

 

Durante mis 14 años en Bekia, me encargué de coordinar la web, escribir sobre realeza, hacer entrevistas a personas relevantes tanto nacionales como internacionales, algunas de ellas realizadas en Cuba, París, Berlín o Venecia, redactar temas de viajes y gastronomía y ponerme delante de la cámara no solo para las citadas entrevistas, sino para grabar vídeos sobre realeza en el programa Royals, con el que cosechamos un gran éxito en Youtube. Esa etapa finalizó en agosto de 2025, cuando me incorporé con muchas ganas e ilusión a la sección de LIFE del Huff Post, donde no solo he podido seguir realizando labores similares, sino que me ha permitido conocer otros ámbitos y crecer profesionalmente. Por cierto, coescribí una obra de teatro y no pierdo la esperanza de ponerme de una vez con la novela a la que tantas vueltas sigo dando.

 


 

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